Leer la actualidad a pesar del periodismo (Algunas reflexiones)
Ninguna generación anterior estuvo tan informada acerca de su actualidad como la nuestra. Ninguna generación anterior supo tanto acerca de ‘su tiempo'. Pero, dice Kant, "a menudo el más rico en conocimientos es el menos ilustrado en el uso de los mismos". Ser ricos en información no nos hace ilustrados en el uso de la misma.
Navegamos por internet, hacemos zapping entre canales, hojeamos el diario, miramos una revista: no leemos la actualidad.
Los medios son esa dinámica que, porque actualiza, impide actuar (ampliar).
La propuesta de leer la actualidad en un taller es la propuesta de significar lo que pasa. Este taller busca construir esquemas para significar, para leer lo que pasa.
Y aquí comienzan los problemas, aquí aparecen las preguntas. Pues resulta que los esquemas heredados, los que tenemos a disposición, han quedado agotados en su capacidad de explicación y significación de lo que pasa. No entendemos un corno. ¿Pasará todo por la caja? En este punto aparece nuestra indignación.
Como no entendemos lo que pasa, lo sufrimos, nos indignamos. Como no vemos la lógica que alimenta lo que pasa, nos angustia que siga ocurriendo. En el taller intentaremos justamente forjar algunos esquemas. No es un taller mecánico para arreglar el país, ni para quejarse de sus desperfectos. Es un taller para fabricar herramientas.
¿Y si jugamos a Gran Hermano?
publicado en Campo Grupal 91, julio de 2007
En Gran Hermano se la pasan diciendo que “es un juego, después de todo es un juego” (tanto en la edición 2007 como en la Famosos ). Cada vez que se sospecha de maquiavelismo, de traición, de complot, por parte de alguien se dice “es un juego, y hay gente que sabe jugarlo”, y si tal o cual cometen complot, traición, alianza, táctica y estrategia… es que está jugando y sabrá jugar bien: intenta ganar un juego (“no olvidemos que es un juego”, insisten insistentemente).
Lo que hace ruido es que un juego, en general, consiste en una simulación: jugar es suspender la realidad cotidiana para actuar e interactuar según un ¿dale que...? , según unos supuestos fantasiosos, compartidos y acordados para la ocasión –la ocasión de jugar. Gran Hermano no parece para nada este tipo de juego, es un juego que se juega las veinticuatro horas durante cuatro meses aproximadamente. Y, todo el tiempo, lo angustiante para los participantes parece ser que el “dale que...” no es un supuesto acordado para una ocasión sino para una situación permanente: no termino de jugar cada día y me voy a dormir a mi casa; no hablo con el entrenador y vuelvo al otro día al torneo (a veces un torneo de ping pong, por caso, se extiende por varias jornadas). No cuento con un afuera y un alguien del afuera que por estar afuera me señale prácticamente que el adentro es solo “dale que…” al que me entrego como si me fuera la vida en ello. Es una internación permanente donde pretendo que vivo como si estuviera jugando. Es una inmersión total donde parece que el que el “¿dale que...?” se dice solamente de “¿dale que estamos jugando?”, “¿dale que todo este careteo y todo este acarreo no son angustiantes y es solamente un jueguito?”. “¿Dale que todo esto parte solamente del ‘dale que…'?”
En Gran Hermano famosos , la jugadora Lissa , dice: “nominar es muy duro, nominar a un compañero de habitación, de mesa, de comida y de entretenimiento, es muy duro, pero ‘esto no termina de ser un juego'”. Sin duda, la expresión que acá quiso usar Lissa era “esto no deja de ser un juego”. Debemos entender lo que efectivamente dijo como un lapsus. Y lo que efectivamente dijo es que el “¿dale que…?” no acaba de consentirse. “¿Dale que esto es un juego?” no termina nunca de asumirse.
Es momento para una tesis. El juego llamado Gran Hermano , ese juego llamado reality, es un juego en el que se juega a la realidad. Recuerdo que Žižek decía que hoy la realidad es su propia mejor apariencia . “¿Dale que estamos en la realidad?” “¿Dale que cuando sufrimos, lloramos, nos desengañamos o perdemos después decimos “total era un juego”?
Es como si la realidad cotidiana no tuviera contundencia suficiente. ¿Será porque está en licuación? Es como si la subjetividad en licuación necesitara una cruel inmersión total para sentir la realidad de algo. Jugar a la realidad. Es también como si esa subjetividad no tuviera otro recurso para bancarse tanta contundencia que decir que no era tan contundente. Jugar a que jugaba.