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Astituciones y sus más-allás III – Cambio de las condiciones en las que apoyan

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III. Cambio de las condiciones en las que apoyan

Todas estas rarezas tienen que ver con un cambio en las condiciones en las que apoyan las instituciones, cuando lo que predomina es el capitalismo industrial y el Estado Nacional lo que predomina como forma de producción de social es la institución, con sus rigideces y sus repeticiones o rutinas; en cambio cuando lo que predomina es el capitalismo financiero y el Estado deja de ser un Estado-Nación y pasa a tener formas de gobernanza y formas post-nacionales, necesariamente las instituciones mutan o aparecen nuevas, con formas que no son las de la antigua institución de los siglos XIX y XX. Podríamos decir, como dijimos al comienzo con nuestro esquemático cuadro, que si el Estado ha cambiado tienen que haber cambiado o estar cambiando las instituciones –tanto las formalmente estatales como las formalmente privadas. ¿Y cómo son las nuevas instituciones?, se apresura a preguntar el que no está tan seguro del cambio y habla de una vuelta del Estado. Pues bien, no lo sabemos; presumimos que cambiaron, pero no sabemos hacia qué formas. Las nombramos entonces astituciones, les ponemos una “x” y preguntamos qué quiere decir eso.

Esto como presupuesto general es correcto: si cambian las condiciones cambian las instituciones pero, nos da solamente un pre-supuesto general y a lo sumo una definición externa de lo que es una institución en las nuevas condiciones, con un nombre también externo como “astitución”. Se trata de alguna manera aquí de empezar a encontrar las prácticas, la actividad que una institución fluida despliega para poder llegar a una caracterización más interna, menos presupuesta y más nativa, más inmanente. La pregunta por cómo es la convertimos en una pregunta por su actividad y sus efectos –por las prácticas, en suma.

Lo que podemos decir es que el cambio en las condiciones sociales necesariamente ha producido un cambio en las formas del funcionamiento del Estado, que necesariamente a su vez moldea de otra manera  las condiciones sociales, y el Estado deja de ser un concierto pan-institucional y el suelo sobre el que apoyan todas las instituciones. Esto es palpable a nivel de las vidas, por el agotamiento de las trayectorias sociales tradicionales, que se componían “alrededor del mundo del trabajo estable, la familia tradicional, la escuela y el compromiso del Estado.”[1] Esto significa que una institución no sabe qué sujeto va a ingresar a ella o más bien significa que ingresa a ella un sujeto distinto del que se imagina y de ella egresa, también, un sujeto distinto del que se supone, o más, muchas veces no se trata de un sujeto que entra, permanece y finalmente sale, ni de un sujeto que entra y se queda para siempre sino de sujetos que no terminan de estar adentro ni terminan de estar afuera y mantienen un contacto difuso, sea con la escuela, sea con los trabajos, sea con la cárcel o el centro de rehabilitación de las adicciones.

Ahora bien, que las trayectorias sociales tradicionales no se corroboren, aun si permanecen en el imaginario social (esto lo indica Esteban Rodríguez Alzueta) significa que las ligaduras inter-institucionales también están en crisis, porque esas trayectorias eran trayectorias de una institución a otra, de la escuela primaria a la secundaria, de esta a la universidad y/o al trabajo, y/o a la familia, a veces pasando por el hospital, para llegar finalmente al cementerio. Podemos decir que las trayectorias efectivas de las personas daban la articulación efectiva entre instituciones y conformaban el cemento que hacía que las instituciones concertaran como Estado-nación y que encontraran en este el suelo y elemento que las hacía análogas, compatibles, sistemáticas, y sobre todo homogéneas. Con sujetos homogéneos, siempre ciudadanos –o clasificados según su relativa incapacidad para ejercer la ciudadanía: el loco en el manicomio, el niño en la escuela, el militar en el cuartel, el delincuente en la cárcel. En nuestro país, con la llegada del neoliberalismo, a partir de la Dictadura pero sobre todo en los noventa, las instituciones comenzaron a desconcertarse, tanto en el sentido de que entra en crisis su articulación sistemática, como en el sentido de que entraron en crisis las orientaciones instituidas y los sentidos instituidos de las instituciones.

En la segunda mitad de los noventa Ignacio Lewkowicz comenzó a hablar de destitución y de las instituciones devenidas galpón. “Galpón” como metáfora de un lugar que dejaba de tener ordenados sus elementos y los empezaba a tener arrumbados sin orden ni concierto ni funcionalidad; se trataba de una institución que dejaba de ser parte y comenzaba a ser fragmento, si hasta poco antes había sido parte, lo había sido de ese todo llamado Estado-nación, o parte, desde otro punto de vista, de la sociedad, y comenzaba a ser un fragmento sin ligadura instituida con otros elementos sociales que también habían devenido fragmento y también habían dejado de ser parte.[2]

En esta lectura, lo que en los noventas se llamaba retiro del Estado resultaba ser disminución abrupta de la capacidad o del vigor del Estado, para regular las relaciones sociales y convertirlas en lazos instituidos, en ligaduras propiamente dichas. Disminución de la capacidad del Estado para instituirse como práctica dominante del resto de las prácticas. Sin embargo –y esto es crucial–, no por la aparición de una nueva práctica dominante que reemplazara aquella, sino por radicalización del mercado; no se trataba de otra forma de instituir lugares sociales sino de “una” práctica que licuaba las demás, destituyendo los lugares sociales, los sentidos, la subjetividad. De tal manera, decía Ignacio Lewkowicz, el Estado había dejado de ser nacional para mutar en técnico-administrativo.

He allí la fluidez que las derivas siguientes nos obligan a considerar la primera, una fluidez en la que primaba la destitución por sobre la institución. Por la fuerza de la globalización, el Estado debía necesariamente seguir cambiando. Hubo sin embargo un acontecimiento, llamado2001, que resultó un punto de inflexión en el curso de la transformación del Estado y que abriría paso a un emplazamiento “posestatal” del Estado[3] y a una forma que nombramos posnacional,[4] siempre en el trance de retrabajar su relación con el mercado, y abriendo paso a una fluidez que nombramos segunda, en la que no priman ni la destitución ni la institución sino la apariencia de restitución, que en la práctica eficaz es generación fluida de social fluido y no producción y reproducción de social instituido. En la segunda fluidez prima la astitución de lo social –prima la producción precaria de social precario.

El movimiento subjetivo 2001 y la consigna que se vayan todos fueron ocasión y condicionamiento a la reproducción del Estado, ocasión para que el Estado pudiera y debiera revivir, o tomar nuevo vigor y protagonismo, o nueva relevancia social. Fue un condicionamiento a la forma en que lo haría. No podemos dejar de pensar que cuando a las instituciones les dicen “que se vayan todos”, éstas deben salir de sí mismas e ir a los territorios a buscar a los candidatos a recibir sus servicios. En este sentido, es elocuente el nombre “Ahí” de un plan del Ministerio de Desarrollo Social de la Nación. El folleto del Plan lo presentaba con igual elocuencia:

“Plan nacional que a través de la organización y participación comunitaria apunta a fortalecer el desarrollo local y el proceso de inclusión social de pequeños pueblos y barrios históricamente aislados, tanto geográfica como socialmente.”[5]

El Estado ya no parece estar allá en las ciudades cabecera para que vayamos a solicitarle representación. Ahora parece venir aquí a des-aislarnos. El des-aislar, en las condiciones contemporáneas, no puede ser, como en tiempos sólidos, un ligar. La astitución se sale de su sede y viene aquí a conectarnos.

Sigue en Astituciones IV:
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[1]Esteban Rodríguez Alzueta, Temor y control. La gestión de la inseguridad como forma de gobierno, Futuro anterior, Buenos Aires, pág. 70.

[2] Ver Grupo 12,Del fragmento a la situación, edición de autor, buenos aires, 2001.

[3] Ignacio Lewkowicz, Pensar sin Estado, Paidós, Buenos Aires, 2004.

[4] Pablo Hupert, El Estado posnacional. Más allá de kirchnerismo y antikirchnerismo, Pie de los hechos, Buenos Aires, 2011. En la conformación de esa forma –nunca acabada– juega, por supuesto, un lugar determinante su emplazamiento posestatal, como un actor más de la escena. Ver http://www.pablohupert.com.ar/index.php/no-hay-dos-sin-tres-el-estado-en-la-fluidez.

[5]http://www.desarrollosocial.gob.ar/Uploads/i1/Folleto%20Plan%20Ah%C3%AD%202011.pdf

 
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