Breve historia de la infrapolítica I

Adelantos del libro El Estado posnacional, Argentina, Política
[adelanto del libro de historización de Argentina]

I. Los precursores de 2001

“Cada escritor crea sus precursores. Su labor modifica nuestra concepción del pasado, como ha de modificar el futuro. En esta correlación nada importa la identidad o la pluralidad de los hombres”

Borges, “Kafka y sus precursores”

somos nosotros
obra del Taller Popular de Serigrafía

Busco con esta breve historia comprender el avatar micropolítico en que derivó la infrapolítica luego de 2001.

Es el sinuoso y discontinuo camino que va desde el eclipse de la política estatal como lugar de pensamiento de lo común (como lugar natural de lo político) a la formación de un campo de autonomía donde pensar lo común. El camino que va de lo que llaman “crisis de representación” (y yo llamo, más bien, cesación de la representación) al estallido de presentación. El camino que, en lugar de ir del sujeto ciudadano al sujeto consumidor (un camino de desubjetivación), va hacia un sujeto colectivo bien contemporáneo pero que crea y autogestiona nuevos valores y modos de vida (un camino de subjetivación). El camino que va de la impotencia en que nos sumieron Dictadura y Neoliberalismo a la potencia que nos dan las Madres, los piquetes, 2001. Lo repasaré a trazos gruesos, obviando las interacciones e influencias de movimientos internacionales como la caída del Muro de Berlín, la emergencia del zapatismo, la globalifobia o el Movimiento de los Sin Tierra en Brasil, entre muchos otros, como el Caracazo y la movida boliviana.

Desde la Dictadura comenzó 4a construirse una esfera que no conocíamos, que no habíamos visto antes y que se hizo visible recién en 2001, que es la esfera de la infrapolítica.[1] Tomo la palabra y noción que propone Diego Sztulwark, aunque le voy a dar un cariz un poco diferente ya que para él infrapolítica y micropolítica son, según entiendo, la misma cosa, y en esta nota, o la siguiente, yo quiero diferenciarlas. La esfera infrapolítica es, como sugiere su nombre, una esfera política (o, más bien, de politización), pero a la vez, una esfera como si dijésemos ‘sub-política’. Es un campo que no llega a ser, por derecho propio, de la gran política, pero que tampoco –esto es fundamental– busca serlo, pues lo suyo no es la política sino lo político: el pensamiento de las cuestiones relativas a lo común.[2] Mientras la política es una instancia que tramita el “poder sobre” los demás (sobre ‘los ellos’), lo político es el campo difuso de los problemas del “poder hacer” nosotros. En criollo: la infrapolítica no busca la toma del Estado. Lo político atiende a su construcción, a sus problemas, y no a los de la agenda mediática o estatal, que es la agenda corrientemente llamada política.

La infrapolítica es entonces una actividad que problematiza lo colectivo y grupaliza los problemas. Y, justamente porque no es una instancia de tramitación, sino un agenciamiento del común, es también una actividad creativa y productiva que, más que tramitar lo que encuentra, inventa realizaciones para los posibles que encuentra en lo que encuentra. Mas que gestionar o representar a los ellos, construye su nosotros. La infrapolítica, en otras palabras, desarrolla unos lazos sociales singulares para explorar y configurar los vacíos (las indeterminaciones) con los que se encuentra –pero se encuentra con ellos porque, como sucintamente veremos a continuación, los produce con los problemas que plantea.

El campo infrapolítico es el campo donde algunos problemas de la vida en común que no son, como digo, ítems de la agenda política, ítems de la agenda de la vida común tratados como problemas de la vida en común y así son politizados: por el simple y grande hecho de que su tratamiento es colectivo: así con los colectivos de alfabetización o los que organizan comedores o administran comunitariamente planes sociales o los que realizan acciones jurídicas o tratan problemas de paco. No son problemas naturalmente estatales, no son puntos habituales de la agenda mediático-política, pero son problemas que uno que otro grupo toma como problemas de la polis, de la ciudad, de la vida en común, y en este sentido, son problemas que el colectivo politiza. Tratar juntos una cuestión, a la vez que politiza a los que nos juntamos para tratarla, politiza la cuestión; no hay temas y problemas a priori de la infrapolítica. Pero a la vez –y tal vez este sea su costado más temible desde el punto de vista de la política– tampoco hay límites territoriales o sociales a priori para la infrapolítica (un corte en Tartagal puede expandirse hasta un que se vayan todos en todo el país).

La primera politización infrapolítica fue la de las Madres de Plaza de Mayo, una politización que no se dejaba tratar según el trámite estatal acostumbrado, esto es, ni la representación, ni la represión militar. Aunque todavía en el movimiento de las Madres el interlocutor principal seguía siendo el Estado, cuando la consigna de las Madres se convierte en “Aparición con vida”, lo que las Madres presentan es un irrepresentable: un problema político (del común para tratar en común) e intramitable por la política. Como decía Raúl Cerdeiras en 1997, “Lo que exaspera al encuadre político establecido es que lo que declaran las Madres no se puede gestionar, negociar, consensuar […] ¿A quién representan? Es lo que desvela al estado y a todos las políticas que giran a su alrededor. En esto reside su potencia política,”[3] o –en los términos que aquí empleo– su potencia politizadora.

Ya en la década del ’90 aparecen más movimientos infrapolíticos, especialmente los movimientos piqueteros y el de los hijos de los desaparecidos. Los piqueteros que se agruparon como movimientos de trabajadores desocupados planteaban también un oxímoron irrepresentable: ‘somos trabajadores –y en este sentido los sindicatos podrían representarnos– y somos desocupados –y en este sentido los sindicatos no pueden representarnos– y no queremos que nos represente nadie, vamos a la ruta’.

“El movimiento de trabajadores desocupados o movimiento piquetero fue un emergente de la destrucción de puestos de trabajo por las privatizaciones de las empresas del Estado y por la «reconversión» de las empresas privadas. […] Surgió de la crisis de la denominada «sociedad salarial» […] El movimiento piquetero instituyó una esperanza y una posibilidad concreta para evitar un destino terrible. Lo que asombró de este movimiento es que haya planteado desde tales abismos sociales una respuesta organizada. Las clases dominantes y la mayoría de los intelectuales argentinos suponían que desde la desintegración social […] no podía surgir ningún tipo de respuesta organizada que recurriera además a consignas potencialmente universalizables. Había un prejuicio arraigado […] Los desocupados eran una figura no histórica (lumpenproletariado), […] un fenómeno carente de capacidad transformadora […] El cuerpo «comunitarizado», en la ruta y en el barrio […] y las subjetividades que contiene, es el cuerpo mismo en el que se inscribe la historia .”[4]

“No son víctimas, realizan actos de emancipación. Más allá de los cortes de rutas, el otro corte, del que poco y nada se habla, es del circuito de la vieja política. Por eso es que estos movimientos se realizan fuera de los partidos políticos y las organizaciones sindicales (que son ambas instituciones del estado), no se proponen acceder a ningún puesto del estado y obligan al poder a ir al lugar mismo que ellos ocupan para discutir en asamblea pública la situación lo que potencia a la presentación en desmedro de la representación.”[5] “Esas luchas se inician al margen de los partidos políticos, de las organizaciones sindicales o cualquier otra institución estatal”[6]

No buscaban gobernar sino construir comunidad y resolver problemas:

“En eso seguimos el camino que han hecho los compañeros de Mosconi [Salta] de reconstruir el tejido de la comunidad, en función del bien común, el medio ambiente, la salud, los pibes, y otros problemas que todavía en los barrios están sin resolverse.”[7]

Los H.I.J.O.S. por su parte inventan los escraches con la consigna “Como no hay justicia, hay escrache”. De tal modo, la infrapolítica se convirtió en los ’90, con los piqueteros y los H.I.J.O.S., en lo que hacemos cuando la política ha perdido los instrumentos para tratar ciertos problemas de la vida en común –cuando la política ha perdido, especialmente, el instrumento representativo. Si el Estado se retira, nosotros nos juntamos en su ausencia y pensamos-hacemos.

También en los ’90, como frutillita que coronaba el postre, apareció otro movimiento infrapolítico, el llamado 501, cuya movida podría resumirse parafraseando a los H.I.J.O.S.: como el Estado no nos representa, vayamos allí donde la representación le es explícitamente indiferente e intentemos habitar ese espacio. 501 viajó a más de 500 km de su lugar de residencia para no participar en las elecciones de ese año y realizar allí una asamblea. La siguiente era su declaración:

“Querrán acaso acusarnos de antidemocráticos, de boicotear el único momento de la vida cívica donde se ejercen los derechos ciudadanos. Sin embargo, es exactamente por lo contrario que decidimos levantarnos: para recuperar el poder de decisión que se halla en el fundamento de la idea de democracia. Es porque el sentido profundo de la democracia se ha extraviado que rediscutirla se ha tornado imperioso. Sería mucho más simple quedarnos en casa a no votar una vez más […] Es necesario reencontrarse con la pasión política, darle brillo a palabras hoy gastadas, abandonar la inercia y el lamento ante lo que nos sucede. Intentar trazar el recorrido de una hipótesis política, comprometernos, juntarnos. 5ø1 es esa apuesta. […] 5ø1 es el nombre de todos aquellos que están hartos de estar hartos. Ellos somos nosotros”.

Como abriendo un cauce por el que fluiría 2001, 5ø1 estaba convirtiendo en problema común, vía declaración y asamblea, algo que hasta el momento solo se planteaba como malestar individual, esa sensación de que nada te representaba (‘no me siento representado por nadie’), así como convertía en común el modo de trabajar ese problema.

Profe: De todos modos, 2001 tuvo un alcance mucho mayor.

Alumno: ¿En qué sentido lo decís?

Profe: Lo de 501 fue hecho por cuatro gatos locos que se fueron de camping al medio de la pampa. Lo de 2001 fue masivo al punto de poner en jaque al poder y encontrar resonancia internacional.

PH: Yo diría que lo de 2001 no solamente fue cuantitativamente más grande. 2001 tuvo además una potencia cualitativamente distinta. Podríamos decir que mientras 501 dijo nos vamos, 2001 dijo que se vayan todos. Para hacer su asamblea, aquellos debieron irse hasta el lugar donde resultaban electoralmente indiferentes, mientras que la asamblea dosmilunera abrió, a machetazos, el espacio vacío donde reunirse. Váyanse, que aquí venimos nosotros.

Breve historia de la infrapolítica II

De la infra a la micro. Breve historia de la infrapolítica III

[ver otros adelantos del libro]
pablohupert@yahoo.com.ar

www.pablohupert.com.ar

[1] “Llamaría infra-política (o aún micropolítica) a lo real de las experiencias que (con relaciones oscilantes y variables en relación con los ‘políticos’ de los que desconfían) hacen sus cosas (es decir hacen colectivo, hacen social) sin saber del todo qué cosa es la política. Ampliando y cuestionando las definiciones que, no por casualidad, nos dan quienes ‘saben-de-política’. La descofianza de que hablan los pibes [que se autodenominan “hijos de 2001”] no me parece un dato secundario o contingente, sino inherente a la infrapolítica. Un dato que habla de lo irreversible de la experiencia […] que hizo síntesis durante la crisis del 2001.” (Sztulwark, D., “infrapolítica”, escrito en octubre de 2010, Buenos Aires; disponible en www.pablohupert.com.ar/index.php/infrapolitica/; en línea, visitado el 26/4/11)

[2] “Digamos que ‘lo político’ nombra aquí un tipo de actividad cuya orientación es la de cuestionar e instituir los lazos sociales. De revisar y crear los enlaces y las relaciones que conciernen a lo que podríamos llamar el cuerpo colectivo, la ciudad, la potencia común. Aclaro desde el inicio que lo político, así definido, no tiene una relación pacífica o armónica con la política, entendida como una instancia o conjunto de instituciones encargadas de gestionar y representar los avatares de una colectividad” (D. Sztulwark, “Suspensión de lo político”, conferencia en el Estudio de Pablo Hupert, Buenos Aires, 18/08/09).

[3] “20 tesis acerca de Madres de Plaza de Mayo y algo más”, en revista Acontecimiento Nº 13 , Buenos Aires, 1997.

[4] Miguel Mazzeo, “La respuesta impensada”, revista Acción, noviembre de 2010; www.acciondigital.com.ar/15-11-10/pais.html#bicentenario, en línea, visitado el 26/4/11.

[5] Cerdeiras, ob. cit.

[6] Cerdeiras, “La política que viene”, en Acontecimiento n° 23, abril de 2002.

[7] MTD-S en diálogo con el Colectivo Situaciones, en La hipótesis 891. Más allá de los piquetes, Buenos Aires, De mano en mano, 2002, p. 149.

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