Funes el memorioso

La memoria: ¿dispositivo de dominación o insumo de imaginación?

La memoria es un arma de doble filo. Puede encorsetar o puede liberar.
“Quééé boluudo, elés tadó desitio selomé tenenelculo”, dijo 2001. Desde ese día, y hasta el momento, el estado de sitio dejó de ser una herramienta a la que el Estado pueda recurrir. Desde entonces, el Estado pidió perdón por las atrocidades cometidas y abrió juicios a sus atroces ex agentes y repartió memoria por doquiera.

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Del reclamo de justicia al acto de justicia

Cuando cursé mi secundaria, en la década de 1980, mis congéneres y yo éramos memoriosos de un sufrimiento y esa memoria nos hacía sufrir: la memoria de un sufrimiento hace sufrir. Y, al mismo tiempo, no dice qué hacer con eso, y paraliza. Dos fugas posibles hay: una es evitar volver al tema; muchísimos judíos, en algún momento, hemos dicho “ya vi suficiente”; otra fuga, socialmente más prestigiosa, es el reclamo de justicia. Reclamo por justicia para la victimización que estamos recordando. Ese reclamo invita a esperar que el reclamo sea satisfecho. Invita a esperar: o sea que es también una forma de parálisis.

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