Lo asfixiante judío y la afirmación posible

Cuarta tesis: aquí se presenta la asfixia del judaísmo contemporáneo: aceptar el Estado israelí como elemento ineludible de mi conexión con lo judío es aceptar una disyuntiva israelí como elemento ineludible, y pesado como una loza, de mi conexión judía: o me pliego a un Estado criminal o soy cómplice de las amenazas antisemitas que acechan por doquier (la islámica, la europea, la nazi pasada y la nazi futura, incluidas también ¡la chavista, la zurda y, si te descuidas, la peronista y hasta la de los judíos que “se autoodian”!).
Zafar de esta heteronomía en la disposición de las opciones, zafar de esta disyuntiva asfixiante es imposible sin una mancomunión que posibilite otro mundo judío. A la vez, una judeidad afirmativa es imposible sin una reformulación del problema.

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Postal de un Rosh Hashana Urbano de Yok - gaucho judio

Qué es una imagen si no es representación

Me parece más activo, sin embargo, no suponer que los textos se postulan como representación de lo que se hace, sino como algunas de las tantas imágenes de sí mismo que el consumidor judío puede adoptar. Uno más de los tantos motivos identificatorios que Yok -pero deberíamos hablar del mundo imaginal de hoy en general- esparce por ahí.
Una parte fundamental de la operación imaginalizadora de lo judío (digo: la que lo torna imagen, o imaginería) consiste en fragmentarlo, en celularizarlo. Desarticular sus elementos para que cada uno sea tomable aisladamente a gusto del consumidor y combinados con otros, también a gusto del consumidor, para que cada judío haga judaísmo a su manera, para que cada uno haga su propio cóctel.

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¿Política judía? Los judíos, la subjetivación y la humanidad

Transcribo un chiste judío para escenificar el estado actual de las tratativas maritales entre lo judío y la política.
El casamentero propuso a Aarón presentarle una mujer muy hermosa con fines matrimoniales.
–Dígale que soy un comerciante –respondió Aarón– y antes de adquirir una mercadería acostumbro pedir una muestra.
–Respóndale –dijo ella– que yo también entiendo de negocios. Muestras no doy, pero puedo ofrecerle muchísimas referencias.

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Menájem-Mendl, el asfixiado liberado

Vemos el conservadurismo del Shtetl, que a juzgar por el hecho de que Menakhem-Mendl tuvo que irse a la ciudad, no puede seguir como hasta entonces, pero se esfuerza por seguir como hasta entonces. No se trata aquí de una lucha entre conservadurismo paterno y la búsqueda juvenil de nuevos horizontes, sino entre dos miembros de más o menos la misma edad. Digo, estamos viendo la lucha entre la modernización secular y urbana, por un lado, y la tradición cuasi rural y religiosa por el otro, en el seno de la comunidad judía centroeuropea a fines del siglo XIX.

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