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Comunidades fluidas: de desolación y de subjetivación

Adelantos del libro Judaísmo Líquido, Fluidez, Sin categoría

Veníamos definiendo a la comunidad–percha o perchero como la que terminaba cuando terminaba el espectáculo. Veníamos definiéndola por su duración y no por su eficacia; por lo que pasaba después y no por lo que pasaba en su interioridad. Probablemente caímos en esto siguiendo a Bauman.

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Tomemos ahora un texto de Diego Sztulwark para bosquejar un poco mejor el tipo de individuo que la comunidad-percha, la propia de la fluidez, produce. Este individuo no se soporta, y busca la ‘agregación’ (o, más bien, el rejunte) para sortear la insoportabilidad de sí, la desolación vital, más que para atravesarlas, más que para forjar vínculos.

Primero, Diego describe la soledad padecida (la corriente, la de todos los días), que distingue de la soledad como sustracción (la creadora); a la primera la llama desolación y reserva soledad para la segunda.

Según entiendo –y creo que es así-, habría una soledad inicial que se presentaría bajo la forma de un yo y una vida insoportables, un yo y una vida como límite, como identidad fallida, desesperada, siempre al borde de la disolución, en la repetición angustiada. Una soledad así sería desolación, una inversión exacta de la soledad poblada: un yo que pretende ligar con una población sin abrirse, de algún modo, una soledad creativa. Desolación, entonces, como una de las formas habituales de la individuación de nuestra contemporaneidad. Desolación que suele ser captada por ciertas organizaciones de las mentes desoladas (como las empresas postfordistas de servicios: call center, Burger King, etc., o ciertas organizaciones religiosas: evangelismos, mormones, etc.). Ser al borde de la disolución, cercano a la nada…[1]

 

Hoy Mariana está sola. No es un estado normal de soledad, sino algo más parecido a la desolación […] Mariana tiene gente muy cerca, geográficamente cerca, pero no la ve, casi nunca. Hoy Mariana se siente especialmente sola. La máquina siempre prendida. El perro que la mira. Los peces en su mundo de agua y piedritas.[2]

Luego, según Diego, la condición desolada impulsa a la búsqueda de comunidades-percha. Retomemos primero el fresco de Lindman, para después volver al de Sztulwark:

El MSN, eufemismo de acompañamiento, la mayoría de las veces se transforma en dos diálogos acoplados, no uno, dos, y cada uno solo en su discurso desquiciado […] Empieza a escribir para sentir que están ella -la que escribe- y ella  -la que piensa qué va a escribir-; dos. Al mismo tiempo tiene abiertas varias ventanas, conversaciones del MSN, cosas. De pronto la soledad, la desolación, se diluye por segundos, por segundos nomás.[3]

 

…Ser cercano a la nada, impulso meramente agregativo: búsqueda de una plenitud y de una ficción a la altura de esa vulnerabilidad constitutiva (como dice en sus textos Suely Rolnik). Estado de riesgo extremo, y por lo mismo insumo básico para la organización elemental de la tristeza a cargo de la coordinación mercantil, el aparataje de la comunicación.[4]

La desolación impulsa a colgarse de comunidades imaginales; estas se ofrecen como percheros que ‘bancan’ al fallidamente identificado. Eso, por un lado; a su vez, por otro, la comunidad-percha –mera imagen de lo comunitario– perpetúa la desolación. Digámoslo de otro modo. El impulso “meramente agregativo” no produce subjetividad gregaria o social sino que reproduce la desolación del chabón. Por un lado, la desolación individual incita a la mera agregación; esta, por su parte, no individúa socializando sino desolando. De otro modo aun. Si, por un lado, los mercados ‘organizan la tristeza’ del desolado, a su vez, “los mercados espacializan segmentando: cada vez más tienden a ocuparse de cada uno” (ibíd.), aislándolo. Si, por un lado, el mercado agrega, por otro, disgrega.

 

Podemos ahora intuir un poco mejor cómo es un colectivo en condiciones fluidas, un colectivo que produzca una individuación que Diego llamaría solitaria-creativa en oposición a la desolada. Digo: podemos intuir cómo es una subjetivación en condiciones fluidas. Como toda subjetivación, es colectiva, es comunitaria; ¿cómo sería esta comunidad? Podemos ahora discernir entre comunidad fluida de subjetivación y comunidad fluida de desolación.

La comunidad fluida de subjetivación es una comunidad propia de la fluidez, pero no, una comunidad-percha; es una en la que se da una forma de individuación no desolada, una forma de agrupamiento que no es la agregación impulsiva de desolados irresponsables de su propia situación. En el estado actual de mis conocimientos, ignoramos cómo se efectúa la comunidad fluida de subjetivación (o sea, cómo se realiza semejante forma de agrupamiento e individuación). Lo que esta nota busca asentar, empero, es que la subjetivación contemporánea, tercero excluido entre opresión y dispersión, no eludirá la modalidad fluida de su época.

Tal vez esa mancomunión fluida sea efímera como la de las comunidades-perchero, pero requiere, de parte de sus efímeros miembros, un vínculo con la situación (con los otros), una responsabilidad por la situación de grupo que el desolado evita (y que la comunidad imaginal promete no reclamarle). Al responsabilizarlos de su agruparse, los produce como solitarios-creadores.


[1] “Crítica de la poética de la intemperie”, leído en el encuentro de lecturas Ensayos en Vivo, Centro Cultural Pachamama, Buenos Aires, 19 de julio de 2007 (itálicas y subrayados en el original).

[2] De “Mariana”, cuento inédito de Alejandra Lindman.

[3] De “Mariana”.

[4] Sztulwark, ob. cit.; itálicas mías.

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