La Ley de Medios, el sistema de dominación y nosotros

Actualidad, Argentina, Fluidez

La Ley de Medios no viene a cambiar nada sustancial, pero sí reconoce un cambio sustancial de nuestros tiempos. Me refiero a una mutación social apoteótica: la égida del Estado cedió paso a la égida del mercado y las imágenes. La Ley de Medios viene a actuar en al menos tres esferas: la coyuntural, la estatal y la de la dominación. A mantener y reforzar la gobernabilidad, el aparato estatal y la dominación social.

Para empezar, cuando uno habla del kirchnerismo, debe tener en cuenta que es un gobierno que nace condicionado por un hito en la historia argentina, que es diciembre de 2001. 2001 significaba un condicionamiento a cualquier gobierno que viniera, un condicionamiento que Duhalde no pudo resolver. Entonces, aunque entre diciembre de 2001 y Kirchner estuvo Duhalde, hay que recordar que Duhalde se tuvo que ir por haber reprimido en Puente Pueyrredón. Y esto quiere decir que aparece por primera vez un gobierno -esto es una cosa inaudita en la historia, que yo sepa, de la humanidad- que no puede reprimir, porque, si reprime, cae. Toda dominación necesita la violencia en algún momento. Está fundada en la violencia, y necesita recurrir a la violencia cada tanto (siempre hay un punto en que el chamullo que crea consenso no alcanza). Así, pues, los Kirchner tienen que basarse casi solamente en la persuasión (a veces vía chamullo, a veces vía caja) y convertirse en un gobierno muy complejo y contradictorio.[1]

Así, pues, cuando hablamos de la Ley de Medios tenemos que tener en cuenta esta madeja de tensiones y de condicionamientos del gobierno kirchnerista. La Ley de Medios actúa en tres esferas; estas tres esferas son concéntricas, o al menos superpuestas. La primera esfera consiste en el mero mantenimiento en el cargo, no caer, la mera conservación de poder. Actúa luego en una segunda esfera, que contiene a la primera pero es más amplia, que consiste en la necesidad de mantener el poder y la relevancia del Estado en la sociedad. Se trata de un Estado que desde la Dictadura en adelante se había visto cada vez más reducido y había visto cada vez más menguadas sus facultades y su capacidad de influir en el trámite social. De algún modo, los límites que los Kirchner ponen al capital financiero, los grandes grupos económicos, y también a los grandes grupos mediáticos pueden verse como una forma de lograr que el Estado recupere poder de gobernar la cosa social. Cuando los Kirchner dicen que van a defender a rajatabla los superávits gemelos (el fiscal y el comercial), lo que están diciendo es ‘no vamos a aplicar las políticas keynesianas de déficit para subvencionar los vínculos sociales y el desarrollo nacional. Vamos a aplicar la política neo-liberal de tener superávit, pero mientras el superávit sea más o menos grande vamos a poder hacer un poquito de demagogia, redistribuyendo el ingreso’. En este punto hay un cuidado del aparato de poder del Estado. Por supuesto, ese cuidado se solapa con la mera conservación del propio cargo: si tiran del cargo a un presidente, el Estado es menos poderoso. Pero el Estado tiene una cantidad de poderes que van más allá del mero presidente como por ejemplo la potestad de recaudar, o la de tomar préstamos y hacer obra pública con sobreprecios, o la de hacer leyes que duren más que un período de gobierno, etc. En este sentido, se puede decir que la Ley de Medios tiene como objetivo que disminuya el poder de los monopolios capaces de limitar las potestades estatales más de lo que la salud del aparataje estatal admite (no creamos que solo se propone disminuir el poder del Grupo Clarín: eso sería considerar solo la primera esfera, la cuestión de finalizar el mandato). Debemos percibir que la Ley actúa a la vez sobre las distintas esferas mencionadas. No decimos que ambas esferas sean iguales, pero sí que, al estar una dentro de otra, actuar sobre una es actuar sobre las tres.

Por último, hay una tercera esfera que es más amplia que las primeras dos y las abarca: el sistema de dominación social.

– ¿Hupert dice que disolviendo los monopolios mediáticos se genera una dominación?

– Exactamente. Pero más precisamente: se regenera el sistema de dominación y se lo adecua a los tiempos que corren. Esto es lo más difícil de ver, pero esta es la tesis que busco afirmar y explorar.

Las primeras dos esferas, sobre todo la primera (la más chiquita, la más coyuntural, la más anecdótica, la más visible) son las que analizan todos los periodistas, la que denuncian creyéndose muy críticos. Pero el punto serio, me parece, sobre todo después de 2001 y en general después del ’83, o sea después de que Dictadura empezó a destruir el Estado Nación argentino, es cómo hacer que el sistema de dominación funcione, y que funcione en condiciones que ya no son las de antes del ’76 (digo: condiciones mundiales de globalización y con grupos que pueden poner en jaque a los gobiernos y derribarlos aunque no tengan poder político formal ni den un golpe).

Me apropio de una hipótesis del pensador italiano Franco Berardi, que en su libro Generación post alfa compila un artículo que se llama “Patologías de la hiperexpresión” y en resumidas cuentas dice que hoy la dominación del capital no pasa por la represión, sino por la expresión; hoy no se trata de oprimir sino de exprimir (en francés, de hecho, exprimer es expresar, lo que nos da una pista). En la página 222 dice: “Estamos pasando de una forma de poder autoritario de tipo persuasivo como lo fueron los regímenes totalitarios del siglo XX a una forma de poder político penetrante e invasivo como la infocracia contemporánea. Los primeros (los autoritarios) se fundan en el consenso. Los ciudadanos deben entender bien las razones del Presidente, del General, del Führer, del Secretario General, del Caudillo o del Duce. Sólo hay una única fuente de información autorizada. Las voces disidentes están sometidas a la censura. El régimen infocrático del semiocapital, en cambio, funda su poder en la sobrecarga, en la aceleración de los flujos semióticos, y hace proliferar las fuentes de información hasta alcanzar el rumor blanco de lo indistinguible, de lo irrelevante y de lo indescifrable.” La tendencia contemporánea es a una dominación que no se da por censura sino por liberalidad, que no se da por restricción informativa sino por sobrecarga informativa. A veces, lo que está claro es la confusión.

La diferencia es sutil pero a la vez es bien palpable. La vivimos, me parece: Berardi agrega que “si en la sociedad moderna la patología prevaleciente a escala epidémica era la neurosis producida por la represión, hoy las patologías de alcance epidémico son de carácter psicótico-pánico. La hiperestimulación de la atención reduce la capacidad de interpretación crítica y el tiempo disponible para la elaboración emocional del otro, del cuerpo propio y del discurso del otro, que trata de ser comprendido sin lograrlo” (p. 223); estas patologías son producidas por expresión. Así que: atenti muchachi con la siempre bien ponderada libertad de expresión.

– ¿Hoy en día tenemos poca capacidad de interpretar? Exacto, él cita un estudio sobre la velocidad de emisión en países que entraron hace poco al capitalismo como China y la ex Unión Soviética, que midió que en esos países la cantidad de sílabas emitidas por segundo se duplicó, de tres a casi seis. Esto hace que el receptor no tenga tiempo de decodificar secuencialmente el mensaje.

Para los historiadores, aclarémoslo, una legislación no logra diseñar una sociedad a gusto del legislador; muchas veces las leyes son racionalización de cosas que ya están ocurriendo en el terreno de lo social. Lo que me parece que hizo la ley de radiodifusión de la Dictadura, grosso modo, fue pasar de un sistema centralizado estatal a un sistema centralizado comercial. Lo que está haciendo esta ley es pasar de un sistema centralizado a un sistema descentrado. Y no digo a un sistema descentralizado, sino sistema descentrado, sistema descabezado. Pasamos de una legislación de oferta monopolizada a una de oferta atomizada; pero la sociedad actual ya es así: atomizada. Hoy los aparatos de dominación no son centralizados, no son piramidales. Son reticulares, tienen forma de red. La sociedad tiene forma de red, la economía, las amistades, las familias (ya prácticamente no hay clanes con cacique). Brevemente, pues: la ley de medios que se acaba de aprobar logra hacer que todos podamos expresarnos, que se descentre la expresión, y de esa manera asegura que haya sobrecarga.

– ¿Pero Hupert cree que viene habiendo suficiente libertad de expresión o no?

– Hupert no pregunta si hay suficiente expresión o no, porque ¿cuál es el nivel de expresión suficiente? Pero si usted insiste, seguramente él responderá que hoy hay demasiada expresión.

Hoy todo puede ser dicho. Durante el gobierno de Alfonsín, cuando yo era adolescente y activaba políticamente y me enteraba de represiones a huelgas en fábricas que no salían en los medios. Hoy, por ejemplo vimos por TV a los obreros de la ex Terrabusi contando que algunos policías amagaron quebrarles las piernas y salieron en la tele. Digo, hoy decís cualquier cosa. Moria Casán puede decir ‘me hago una anoscopía en la pantalla sin problemas, y los demás son maricones’, y Diego puede decir “me la chupan”, y Susana puede decir “Bancamos la pena de muerte”, y las revistas pueden poner chicas desnudas en sus tapas sin ocultar sus pezones, y los quioscos pueden colgarlas, y así sucesivamente: lo que se te ocurra, y también lo que no se te había ocurrido, todo eso puede mostrarse. No digo que se diga absolutamente todo y no digo que lo que se dice es la realidad verdadera. Digo que al exhibir tantas cosas se logra que la realidad quede formateada a imagen y semejanza del semiocapital, a imagen y semejanza de la imagen. Un amigo dice que esto es como los celulares en que vos escribís dos letras y el celular ya te tiró la palabra. Todavía no sabías qué ibas a decir pero el celular ya te tiró la palabra. Precisamente, la hiperexpresión hace que aunque todavía no sepas cómo es la realidad ya tengas una imagen para eso. El Photoshop viene antes de la realidad. Todo está retocado. La realidad no es lo que se ve en los medios, pero la expresión de la realidad está ahí antes que la realidad tome forma. No es que la realidad esté camuflada sino que está simulada. Es tan sutil que funciona perfectamente. Es como en la película Matrix: si no hay imagen, la realidad es tinieblas, desolación, desierto.

Por ejemplo, podés tener la radio de un movimiento campesino indígena, la radio de una cooperativa de cartoneros, la radio Mitre, la radio Nacional, la radio de la UBA, la radio de un barrio y así… miles y miles radios de baja o media o alta potencia. Con o sin licencia, con o sin ley de medios, cualquiera puede armar una radio de aire o por internet,[2] tener un blog, comentar en cualquier sitio, subir un video, etc., y en este sentido la Ley de Medios no libera una expresión ya liberada sino que racionaliza algo que ya está ocurriendo.

Como sea, a nivel agregado, esa expresión liberada crea un flujo de información, un flujo de imágenes, vengan de dónde vengan (de monopolios o de movimientos sociales, con licencia o sin ella) que hace que la realidad venga siempre formateada, que nunca podamos pensar la realidad con un criterio independiente.

Es lo que pasa de hecho. Existen los filtros y los seteos de agenda, es cierto, y estos varían, al menos parcialmente, a voluntad del dueño del medio, según sea su interés.[3] Pero hay además una dinámica propia de los medios[4] que en principio no cambia cuando nos vamos a un medio barrial o a un blog o a los comentarios vía web de los lectores de un diario o revista. Hay muchas voces hablando, y entonces todos tenemos que competir por obtener atención. ¿Cómo se compite para obtener atención? Decir barrabasadas es un recurso posible: “chupala”, por ejemplo. También los comentarios de lectores y oyentes tienen sus recursos: competir a ver cuál felicita mejor al autor de la nota, o lucir cuál se indigna más elegantemente o putea más ocurrentemente, amén de comentar “sin comentarios”, etc. Dice Héctor Thompson que solo las malas noticias llegan a noticia (a lo que deberíamos agregar los escándalos, las confesiones íntimas y los espectáculos en general): de modo general, solo lo espectacular tiene aire. También se obtiene y retiene atención hablando muy rápido, no dejando pensar a nadie. Porque, si hacés una pausa para respirar, te cambian de canal o dial o blog. ¿Cuáles son los blogs más visitados? No los más profundos, sino los que más renuevan su contenido. Esta dinámica alocada y vertiginosa no depende de quién es el dueño de los medios sino del hecho de que todas las voces pugnan por obtener atención; todos y cada uno de nosotros nos desesperamos por tener los 15 segundos de pantalla (15 minutos sería demasiado pedir). Para resumir esta idea, cito al filósofo español López Petit: “Hoy no hay intelectuales críticos sino gestores del flujo de obviedad.” ¿Qué es el flujo de obviedad? El flujo de imágenes (icónicas o verbales, lo mismo da) adecuadas para pasar por una pantalla y para llegar a las retinas de los espectadores.

Esta dinámica se da de hecho, automáticamente, independientemente de la voluntad del emisor. Así es la cultura de nuestro tiempo, tal vez por el tipo de tecnología de comunicación disponible, y esto es independiente de tal o cual ley. Al haber cada vez más periodistas, más medios, más lectores y oyentes emitiendo sus mensajes, así como más historiadores, economistas, politólogos o lo que fuere, va a haber más voces, más criterios, más opiniones. Y una persona que está mirando, por ejemplo, frente a un noticiero va a encontrar una voz, después otra voz, después otra y otra más, y otras tantas al mismo tiempo, y esa persona (es decir, cualquiera de nosotros) que no tiene el tiempo ni la omnisciencia necesarios para elaborar la información que le llega (porque el flujo de información es infinito, caótico y sin pausa), no va a poder discernir qué es lo mejor y lo peor de lo que está pasando (si es que llega a discernir qué está pasando). A mayor sobrecarga, mayor dificultad de discernimiento. Y a mayor dificultad de discernimiento, mejor pervive la dominación. ¿Qué dominación? La dominación del capital globalizado, que Berardi llama semiocapital (un capital que produce y hace circular signos).

Recurramos por un momento a conceptos aun más abstractos para percibir una mutación concreta de nuestra existencia. Dicen los sicoanalistas que el cachorro humano llega a sujeto al verse reflejado en la mirada de Otro (la madre es el primer Otro, pero no el único). Decía Althusser que infinidad de sujetos se constituían por la interpelación de un Sujeto (que podía ser el Padre, Dios, la Patria, el Líder, el Ministerio, etc.). En tiempos de égida del Estado-nación, cada uno llegaba a ciudadano al verse reflejado en la mirada de ese Estado. En esos tiempos, la Patria funcionaba como una madre: sus cuidados y sus vigilancias hacían que sus hijos llegaran a ser alguien, a constituirse como sujetos. En estos tiempos, la cosa cambió: el Estado se retiró de su tarea de cuidar (siquiera ficticiamente) a sus vástagos. Es tiempo de crisis de Otros; por lo tanto, está en crisis nuestra constitución como sujetos. En estas condiciones, en que no hay un “papá” que lo mire, ¿qué puede hacer cada bicho humano para lograr ser? Puede hacerse ver. Una forma de hacerse ver es salir en la pantalla. Ahora bien, por mucha visibilidad que uno obtenga y retenga, uno no encuentra que Uno lo mire. Cada uno se ve en la pantalla, pero no en la mirada de Otro; la pantalla te visibiliza, pero no te mira; a cada uno lo ven muchos unos (espectadores, oyentes, lectores, contactos) pero ningún Uno. Ahora que no llegamos a existir en y por una Mirada, intentamos existir en y por muchas miraditas (vistas y visitas las llaman en la web). En estas condiciones, la hiperexpresión de que habla Berardi no es una opción sino una necesidad existencial. Desde robar a mano armada para salir en la tele hasta subir mis fotos a facebook o lucir unas ojotas, no soy libre de expresarme libremente sino que debo expresarme libremente. ‘Si no te exhibís, no existís.’ He aquí, pues, el sentido profundo, el sentido hondamente cultural y contemporáneo de la “progresista y democrática” Ley de Medios: ya que el Estado se haya imposibilitado de representar patrióticamente a todos y cada uno, al menos habilita a cada uno los medios para tener una imagen para exhibir.

Podemos ahora comprender que el Ejecutivo, a través de lo que hace en la primera esfera, está a la vez actuando sobre la segunda y tercera. Resumo mi tesis, pues. Lo que se presenta como garantía de la libertad de expresión es en la práctica una garantía a la égida de la imagen sobre lo social; por lo tanto, la ley de medios es, por un lado, una adecuación de las formas legales de la radiodifusión a las prácticas efectivas de la comunicación contemporánea, y, por otro, un estímulo legal al desarrollo de las prácticas efectivas de la constitución subjetiva contemporánea (que se da vía tecnología comunicacional).

-¿Y entonces?, ¿qué hacemos?

El desafío que tenemos es ver cómo logramos encauzar los flujos de obviedad para pensar una realidad según un sentido adecuado para nosotros y no según un sentido adecuado para el capital. No una realidad a imagen y semejanza del capital como la matriz de Matrix. Diego Sztulwark dice que es lo que hace Capusotto. También lo hace, de otro modo, un tal Villarino, que tiene el blog “Acróbata del camino”. Villarino dice, más o menos, ‘lo que sé de Afganistán viene fraccionado, envasado y redistribuido por la CNN: se cuenta de una manera que es la de la pantalla; lo que yo sé de Afganistán y del llamado Eje del Mal es lo que para la CNN es transmisible y es redituable trasmitir’ (redituable no solo en términos económicos sino también en términos de la atención que puede llegar a obtener). Villarino decidió viajar por el mundo y blogueando su periplo con la única consigna de no gastar más de cinco dólares por día. Eso quiere decir que se tiene que relacionar con la gente del lugar donde está. Así, en vez de saber de Afganistán a través de una imagen, sabe de Afganistán (o de Haití o de París) a través de una relación: hacer dedo, convivir con campesinos nepalíes o pastores afganos: los que lo invitan a dormir, lo llevan en el camión, le comparten leche de su cabra… diga el lector si no es conmovedor lo que hace Villarino.

A algo así me refiero con crear realidades según nosotros. El nosotros puede ser Villarino y un pastor afgano, Villarino y un camionero peruano, Villarino y una familia asturiana, etcétera.

Pero no hace falta ser un mochilero vagamundo para configurar la realidad según nosotros; sí hace falta habitarla colectivamente y no como individuo. Es un desafío que tenemos planteado, y la Ley de Medios aprobada no garantiza nada al respecto (ninguna ley podría hacerlo): solamente un nosotros puede hacerlo.

En breve: expresión libre ya hay; lo que no hay es sentido vital. Tal vez la Ley de Medios nos facilite algunos medios para producir una existencia con sentido, pero si solo facilita la libre expresión estamos sonados. Depende de los nosotros que se constituyan alrededor de esa cuestión.

Pablo Hupert



[1] Algunos ejemplos. Los K Deben maquillar la encuestas del Indec; decir que están por los derechos humanos pero a la vez no desmontar los aparatos represivos que pueden hacer desaparecer a Julio López o matar a Fuentealba; apoyar a los movimientos sociales y a la vez aparatearlos; apoyar a las empresas recuperadas y a la vez domesticarlas convirtiéndolas en cooperativas o directamente dejando que caigan, hacer pactos con empresas extranjeras y a la vez quitar concesiones a privatizadas; poner retenciones a la exportación de soja a la vez que proteger a las grandes cerealeras que se llevan la parte del león del negocio agroexportador; ponerles retenciones a las petroleras a la vez que mantener las leyes menemistas de explotación del subsuelo, al igual que con las mineras, al igual que con la siembra directa y la soja transgénica, el uso de agrotóxicos, etcétera, y así sucesivamente. Si bien derogó la ley de flexibilización laboral, que fue una ley clave en el desguace del Estado y de la regulaciones económico-sociales, se mantiene la precariedad laboral, el trabajo en negro, etcétera. Digamos: el gobierno kirchnerista es un gobierno que se las tiene que ver con exigencias muy complejas, que de una punta consisten en los grandes grupos financieros que derribaron a Alfonsín en el ’89 y de la otra en los grupos populares que derribaron a De La Rua y a Duhalde en 2001 y 2002. Tenembaum lo caracterizó lúcidamente una vez en Veintitrés: “En definitiva: ¿este es un gobierno que llegó para reformar seriamente la Argentina, para hacerlo parcialmente, sólo para disciplinar a los poderosos de siempre en un proyecto político, o qué? La respuesta, a todas las preguntas, es más que obvia. O qué… a veces, lo que está claro, es la confusión.”[2] Por ejemplo, hace un par de años oí de la existencia de al menos dos radios ‘truchas’ en el Bajo Flores, una de una cooperativa de cartoneros y otra de un grupo de docentes; este año supe de una en un barrio del Gran Rosario. Relevos asistemáticos aparte, sabemos que las radios truchas e internéticas vienen floreciendo como hongos y que últimamente se están agregando canales de tv internéticos.

[3] El seteo de agenda a antojo del dueño no es omnímodo. Por ejemplo, un medio no puede no cubrir un anuncio presidencial hecho en la Quinta de Olivos o la agonía de Mercedes Sosa o un partido de la Selección pues eso bajaría sus ventas.

[4] En otra parte llamamos actualización a esa dinámica automática: “Leer la actualidad a pesar del periodismo”, en http://www.pablohupert.com.ar/.

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Comments

5 comments

  • tres comentarios breves:

    1. Tal convenga aclarar que para el capital es adecuado cualquier sentido, en tanto y en cuanto pueda ser traducido en valor de cambio. Según esta lógica, el capital puede funcionar modulando los sentidos “adecuados para nosotros”. La cuestión, me parece, es si podemos inscribir esa producción colectiva de sentido en una ecología de prácticas no-mercantil.

    La Vaca con su idea de “medios sociales de comunicación” (en oposición a los “medios de comunicación social”) tal vez aporte un elemento en esa dirección.

    2. Enuncio brevemente una hipótesis: en las condiciones contemporáneas la unidad comunicacional básica no es el mensaje sino la interferencia. Toda emisión interfiere con una emisión previa y es amenazada por emisiones paralelas. El campo comunicativo es un campo de interferencias incesantes. La relación comunicacional fundamental no es con el emisor sino la relación de fuerzas que las interferencias establecen entre sí.

    3. Habría que ver si la palabra “dominación” sigue resultando útil. Tal vez convenga utilizar el término “neutralización” en tanto lo que está en juego no es tanto el control de lo social sino su precarización. Una fragilización que lo mantenga siempre como una instancia dependiente del mercado para constituirse. Tiqqun y su oposición entre neutralización y elaboración de las formas de vida pueden ser una punta para pensar esto…

  • Hola Pablo:

    cuando terminé este texto tuyo sobre ley de medios me puse a pensar ¿en qué aporta específicamente, más allá de que para mucha gente puede ser novedoso el enfoque o no?

    No se me ocurría en principio, pero dialogando con amigos fui asociando y se me vino a la cabeza que el texto nombra el síntoma que nos genera este gobierno: que medidas como estas nos parece positivas pero no sabemos de qué modo se puede extraer una potencia de ahi. Creo que en el texto sobrevuela la ambigüedad que implica que a) se instituya “desde arriba”, b) de que difícilmente se pueda pensar como potente el “agregar” más expresividad a la que ya hay.

    El eje central -creo- es la posibilidad de que la comunicación no quede abrochada al régimen de la imagen compulsiva -y su régimen mercantil-, y ahí tenemos un desafío más en el terreno de las prácticas que en el de las leyes, desde ahí podemos decir si la ley abre el juego a lo potente o no. Mientras no se tenga en claro eso… tampoco se puede caer en la ilusión “participacionista” (los movimientos sociales están contemplados en la participación y ellos creen que la sola posibilidad de difundir los sacará del aislamiento, etc.)

    Hasta donde yo sé la experiencia venezolana es interesante por dos cosas: las radios sirven de aglutinadoras en cada territorio donde hay un movimiento social, desde ahí anuncian sus actividades, programas, informes, analisis, y el Estado las financia o simplemente las deja existir tratando de no cooptarlas (lo cual tambien es una estrategia inteligente del chavismo, que si bien tiene sus estalinismos y clientelismos no se reduce a éstos). En este sentido, más que la “participación” de los movimientos en entes regulatorios, es interesante un marco legal para no reprimir y dejar existir a medios de comunicación no ligados a la logica del mercado y las grandes corporaciones.

    En fin… espero que te sirva

    jorge

  • Hola Pablo: este post nos sirve para ver qué camino tenemos que seguir en lo individual y lo formativo. Considero y practico como necesario no hipertrofiar las ramas comunicativas (por uso el celu como un email adicional y no he adherido ni a facebook ni a twitter,y eso que la mejor presidente de la democracia se ha sumado, como tuerta en el pais de los ciegos), de otro modo estimulo mi pensamiento critico, que mi mente no sea un depósito de la información que “está en el paisaje”. Para eso se necesita un contexto ético, que puede expresarse por la posibilidad de reducir en el espacio las fuentes únicas, ya que la democracia se encarga de reducirlas en el tiempo.
    La mirada del otro aparece cuando voy desde el centro de mi esencia humana a la periferia, invirtiendo el recorrido planteado por la modernidad (desde la periferia multimedial a mi persona para sujetar al sujeto)
    Leyendo la parte final creo hay cierta coincidencia en la apreciación con lo planteado en el párrafo anterior.
    Solo leo en los cuatro diarios que visito diariamente las cosas concretas que suceden obviando todos los “se dice”, “se proyecta”.
    etc
    abrazo

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