educacion

Escuela e implicación subjetiva. Una relación en cuestión.

Si atendemos a las experiencias educativas que ‘salen bien’, el problema hoy no es, en el galpón, instituir algo, sino, en la astitución, implicar a algunos.
Hoy no solo necesitamos ir más allá de supuestos anacrónicos sino también de imágenes actuales.
Para pensar qué es una astitución, debemos pensarla en su medio, que es el Estado posnacional, una forma estatal diferente del Estado técnico-administrativo. En él, arriesgo, no hay galpones (o instituciones destituidas) sino astituciones o interfaces.
La forma astitucional o interfácica favorece la multiplicación inorgánica del sistema educativo. Esta inorganicidad es un vector de la circunstancia en la que debemos hacer –esto es: armar situación, vincularnos.

El tiempo en la educación y en la capacitación

Tal vez es por esto que la idea de educación cada vez circula menos en el mercado, en los medios, en el espacio público, y circula cada vez más la idea de capacitación. La educación supone un tiempo progresivo, constructivo, un tiempo en el que cada momento contiene al anterior. Supone formación, supone constitución subjetiva, supone un tiempo constructivo. En cambio, la capacitación supone un tiempo discreto en el que cada instante es pleno, en el que cada instante no deja nada del anterior. Aquí, en vez de construcción hay sustitución; en lugar de sedimento hay escurrimiento.

La escuela contra yo

Con el bienestar en la cultura, el superyó pierde vigor y el chabón no necesita posponer sus apetencias en pos del futuro, en pos de la sociedad y en pos de los otros. Es más, debe ser, todas las veces, él mismo, y ya mismo. Para ser él mismo, ¿puede acaso esperar a terminar su educación formal y casarse?