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Lo imaginal y la expresión: entre la conexión y el encuentro

El pasaje de la modernidad sólida a la “modernidad líquida” (Bauman, 1999) o del pensamiento con Estado-nación al pensamiento “sin Estado” (Lewkowicz, 2004) tiene profusos efectos que obligan a la teoría social a repensarse. Algunos de esos efectos son semióticos y subjetivos. Proponemos pensar lo imaginal como un dispositivo de conexión y recombinación celulares e introducción en la red del “semiocapital” (Berardi, 2007) más que de imágenes en sentido icónico o visual. Lo imaginal no puede pensarse como solía pensarse lo ideológico o lo imaginario: como una instancia separada y más o menos ilusoria del relacionamiento social efectivo, sino en sus “intersticios” (Dipaola, 2011).

La pregunta que queremos compartir es por la producción de sentido y subjetividad líquidos, distinguiendo entre una producción líquida prevaleciente, que podría llamarse mainstream, y unas subjetivaciones en mayor tensión con la época. Abordaremos la pregunta atendiendo las prácticas de las pintoras Celina Capello y Lula Mari (“veo-luego-existo” y “recital de pintura”) y el fotógrafo García-Alix (“el autorretrato no es una selfie”). Las leeremos, de nuevo, como dispositivos prácticos de producción de sentido y subjetividad, pero ya no por conexión líquida ni por acople sólido sino por encuentro o pensamiento.

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Ver y existir

La imagen imaginal tergiversa, pero no miente. La “égida de la imagen” es flujo de obviedad. ¿Cuál es el mecanismo de esta obviedad? Es algo que se nos aclara cuando una práctica subjetiva logra que ver sea acto. Un ver activo y no reactivo.
A veces distinguimos entre ver y mirar diciendo que mirar es ver atentamente. Aquí propongo que distingamos entre ver como atención (mucha o poca, tanto da) y ver como acción.

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atarraya

Apuntes de la reunión del Grupo Imagen del 15/3/14

Desde el punto de vista del progresismo de los ’60 y ’70, la dominación se definía por el sometimiento del trabajador a la rutina, el oprimido a la ignorancia, los de abajo a los de arriba, los sentimientos a las razones, los pueblos a las fronteras, la multiplicidad de voces y colores al gris del monólogo dominante, por la reducción al silencio y a la pasividad, etc. etc. En más de un sentido, las redes han realizado los ideales de esa generación: libre opinión, exhibición de la intimidad y los sentimientos, conexión por doquier, vida hiperactiva autogestionada y casi sin rutinas, mucha más igualdad entre géneros, etc. Desde el punto de vista del progresismo de los ’60 y ’70.
Ahora bien, los hippies lograron muchos de sus sueños, mas no el fin del materialismo y el egoísmo y el gobierno del amor y la flor. ¿Cómo pensar esta dominación reticular?
No se trata de pensar si la égida de la imagen es mejor que la hegemonía de la representación, sino de pensar esta forma de producción de sociedad, esta forma de semiosis social, en su especificidad.

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La imagen actual como dispositivo – Programa del taller

Hay una vulgata muy crítica de la imagen. Solemos creer que la imagen es falsedad, manipulación, bajada de línea. Damos por hecho que la imagen contemporánea (la imagen imaginal) funciona como la imagen moderna (la imagen representacional). No es así.
Imagen indisciplinada, la contemporánea. Aun así, vamos con una tesis: las imágenes imaginales forman un dispositivo que determina el mundo y la vida, las cosas y los hombres, lo social y la experiencia subjetiva.
¿Podemos pensar la proliferación imaginal contemporánea como práctica de engarce entre lo social y lo individual? Esta es la invitación.

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IL en su estudio, 22/10/2003

Ignacio Lewkowicz: estrategia de pensamiento, estrategia vital

Irnos de la representación de lo que hay para llegar a lo que hay. Como dice Pancho Ferrara, no se trata de irnos de acá, sino de irnos acá. Si a algún viaje nos invitaba Nacho, era al viaje a la situación: vamos hacia acá. Vivamos acá, y no en la representación de acá. Para esta operación, Nacho tenía un verbo claro y oscuro: la llamaba pensar.

¿Cómo aprehender eso no representado que se presenta? Pensándolo, claro. Laburo cuando menos doble: una percepción atenta a lo no-representado, por un lado. Lo buscaba con maestría, Nacho: en una desatención[5] o en una incoherencia[6] en el nivel de la representación; o en el nivel de la presentación en una mutación inadvertida[7] o en un acontecimiento[8] o en un exceso[9], o incluso en una falta.[10] Esta enumeración no agota los caminos que podíamos tomar para alcanzar la presentación, pero ilustra la disponibilidad, la apertura, la atención que Ignacio empeñaba en ese viaje a que nos invitaba, ese viaje que necesitaba hacer para habitar la situación, para ir acá. Y por otro lado, aunque en un mismo movimiento (e incluso antes), el laburo de pensar eso que se presenta y que las representaciones obstaculizan percibir y aprehender.

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Producción de sujeto: ¿identificación o imitación?

Cuando las condiciones socioculturales cambian, la noción de identificación resulta inapropiada. Distingamos pues entre identificación, que ocurría en tiempos de representación, sólidos, e imitación, que ocurre en tiempos de égida de la imagen, fluidos. A la vez, debemos pensar cómo distinguir la subjetivación dominada (la “conducida a distancia”) de la subjetivación en plus.

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El 7D como relato monopólico

“Indagar en el buen vivir. Estallando jerarquías, tendiendo a la horizontalidad. Con autonomía, a distancia del mercado y el Estado, estableciendo vínculos que no nos quiten nuestra forma, la forma que elegimos para nuestras organizaciones. Construyendo en red ese universo que puede impulsar y celebrar leyes, pero nunca considerarlas punto de llegada, porque la noción intuitiva de nuestro querer vivir no se puede legislar, ya que cualquier fijación de norma estaría, por definición, corrompiéndola.

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