Sin título

Cultura fluida: la cultura recombinante

En el mundo de hoy ser coherente es considerado inauténtico, e incluso una cárcel. Entonces la libertad contemporánea consiste en recombinar. Sí, yo voy y escucho al rabino en el Día del Perdón, pero vengo de comer sushi. De ahí puedo irme a comer una costillitas de cerdo a la riojana en una parrilla de La Boca… No me caso con nadie. Al otro día, me bajo un disco de música celta, voy a un recital de rock chabón y al sábado siguiente estoy en la cancha alentando a Chacarita… esto vale tanto si uno quiere ser judío como si quiere ser argentino o peronista o lo que sea…

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Introducción al libro *El bienestar en la cultura*

Una doble tesis general subtiende el trabajo. Primera mitad: el sujeto contemporáneo no es socializado en instituciones sino que se constituye por “autosocialización”, recombinándose como los trabajos, las personas, el capital, los entretenimientos, las viejas instituciones y demás le vayan, histéricamente, requiriendo. La segunda mitad de la tesis es el reverso de la primera: no hay superestructura sino hiperestructura. O, más precisamente: las funciones superestructurales no forman una instancia sino que se despliegan como nube de dispositivos discontinuos, diseminados y no coordinados (sin metaestructura estatal).

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Astituciones. El tiempo, el sujeto y la cultura en la fluidez posneoliberal: ni instituidos ni destituidos.

En la cultura como “economía de la atención”, en la intensidad subjetiva y en la temporalidad proyectual, encontramos modos análogos de superar tanto las limitaciones de la solidez como los de la pura fluidez que resumo como astitución. En las prácticas culturales, temporales y subjetivas, la astitución se dibuja como una dinámica que, fragmentando y recombinando fragmentos, produce elementos recombinables (aptos para entrar en la red semiocapitalista), esto es, elementos o prácticas con mayor consistencia que un destituido y menor consistencia que un instituido. Ni totalmente licuados ni, mucho menos, solidificados, los elementos astituidos permiten al capital contemporáneo no solo circular velozmente (como necesitaba el de la primera fluidez) sino también producir duraciones maleables y orientaciones pragmáticas que aseguran una subjetividad valorizable económica y socialmente.

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croquis de una superestructura en migajas

La segunda fluidez. Pensarla con Estado.

Si durante la primera fluidez el capital financiero requería destitución, el capital recombinante exige astitución. La segunda fluidez recombina lo que la primera fragmentó.
La superestructura en migajas es tal que, para que una práctica obtenga su representación, no es necesaria (e incluso sería molesta) una institución ni una simbolización y sus trabajosos procesos; un celular o una encuesta son suficientes para darle una imagen (o más). Tampoco es necesario que esos procedimientos ni las imágenes que producen guarden una coordinación entre sí; no es necesario (e incluso sería molesto) un Otro centralizador: una red, e incluso una red de redes, alcanza y sobra. No es una superestructura trascendente, como la estatal nacional de otros tiempos, sino inmanente. Una superestructura, tal vez, rasante, ramplona.

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El elemento astituido

La astitución es ese procedimiento por el cual el capital recombinante logra crear elementos que recombinar. Los elementos recombinables son tales que, por un lado, son lo suficientemente consistententes como para poder entrar en conexión con otros si algún proceso de maximización de ganancia (económica o de otro tipo) así lo requiere, y, por otro, son lo suficientemente inconsistentes como para desconfigurarse y reconfigurarse para poder entrar en conexión con otros si algún proceso de maximización de ganancia así lo requiere.

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Postal de un Rosh Hashana Urbano de Yok - gaucho judio

Qué es una imagen si no es representación

Me parece más activo, sin embargo, no suponer que los textos se postulan como representación de lo que se hace, sino como algunas de las tantas imágenes de sí mismo que el consumidor judío puede adoptar. Uno más de los tantos motivos identificatorios que Yok -pero deberíamos hablar del mundo imaginal de hoy en general- esparce por ahí.
Una parte fundamental de la operación imaginalizadora de lo judío (digo: la que lo torna imagen, o imaginería) consiste en fragmentarlo, en celularizarlo. Desarticular sus elementos para que cada uno sea tomable aisladamente a gusto del consumidor y combinados con otros, también a gusto del consumidor, para que cada judío haga judaísmo a su manera, para que cada uno haga su propio cóctel.

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