Tinder no genera mundo común (posdatas)

[Dos posdatas a este posteo: «Ayer un mundo sin Tinder y hoy un Tinder sin mundo. Una vuelta sobre la vincularidad sólida y la vincularidad fluida.»]

  • La sologamia es una deriva posible de la dispersión contactual, pero no la única. Otra deriva es la formación recurrente de coitos. Otra deriva posible es la combinación de una relación estable con varios encuentros fugaces. Otras derivas hay que aquí no mencionamos o no conocemos aun. Como sea, no podemos hablar de arrasamiento en el sentido de ausencia de relaciones sociales, porque el contacteo, justamente, crea contactos. No se trata de “catástrofe” en el sentido que le dio Ignacio Lewkowicz (destitución generalizada del lazo), sino de precariedad (relaciones sin Tercero que anude los lugares).
  • Hoy, la solidez no es una alternativa viable a la fluidez. El vínculo sólido no es una alternativa al contacto fluido. No podemos restaurar la solidez. Ya estamos en el capitalismo financiero. Ya estamos en las redes. Ya somos contactos de nuestros contactos; ya nos relacionamos con nuestras relaciones como con contactos. Ya tenemos más conexiones que las que podemos sostener y cuidar; los efectos de las relaciones en que estamos se dispersan en la inconsecuencia –o como nuevos contactos… que a su vez vuelven a proliferar en efectos que no llegaremos a recoger–. El contacteo es nuestro medio. No es posible volver a un estado anterior, sustrayéndonos de la dispersión de conexiones que llaman a nuestra puerta o estabilizando trabajo, morada, gustos y paisajes. Para ir más allá del contacteo podemos pasar de la red a la trama. La trama se produce en tensión con la tendencia del contacteo a dispersarse en la inconsecuencia (a veces disolviéndose en el correr de los tiempos, otras veces aislándose narcisísticamente, otras debilitando la presencia, otras recombinándose en nuevos contactos). Hay trama cuando los efectos del contacto en red vuelven sobre la relación o la red de relaciones y ésta produce consecuencias.

Un viernes cualquiera, un match de Tinder o un chat de Facebook dio lugar a un coito, pero también a una conversación, y después a unas cosquillas en la panza. El viernes siguiente, ¿qué hacen esos contactos que coincidieron?, ¿buscan nuevos matches o llaman al anterior para producir consecuencias? El segundo camino requeriría intensificar la presencia, desviarse del flujo recombinante y experimentar qué pasa si el efecto “cosquillas en la panza” es recogido en un tejido relacional. Este camino no está en googlemaps y requiere abrirse a lo incalculable de la experimentación. Si les dos que se conocieron ese viernes se lanzan a experimentar, la trama ha comenzado. Pero las condiciones fluidas no aseguran que vuelvan a verse (pues la proximidad geográfica que detectó Tinder ese día suele ser ocasional y no permanente), y esa relación no tendrá garantías de perdurarni por su localización ni por las condiciones culturales y económicas en que se da; no cuenta con ninguna inercia a su favor. En fin, la trama ha comenzado, pero para seguir tejiéndose debe ocurrir nuevamente. Este camino tampoco está en googlemaps y requiere abrirse a lo incalculable de la experimentación. Si les dos que se volvieron a ver ese viernes se lanzan a experimentar, la trama ha comenzado a continuar. Una y otra vez, la trama debe producirse como consecuencia de lo que va urdiendo. Les dos de aquél viernes comienzan a afectarse mutuamente y comienzan a producir un mundo común. No producen un vínculo sólido. Traman consecuencias; la consecuencia principal es ese mundo común. Las consecuencias les tejen y su relacionamiento teje consecuencias.

  • Conviene relacionar todas estas caracterizaciones también con el artículo publicado en Entreveros… 2 sobre la dinámica imaginal.[1] La dinámica imaginal es una dinámica donde los signos, aun si no son imágenes, funcionan como tales (las palabras resultan imágenes, y las personas también). Pero son imágenes sin un sentido-eje y sin un orden estructural: son una dispersión de emisiones que fluyen conectándose a y desconectándose de otra dispersión de emisiones –algunos lo llaman “caída del orden simbólico”; nosotros lo especificamos como agotamiento del Tercero con mayúsculas.

La dinámica imaginal de los signos es una donde un signo y su referente no son parte de una estructura de representaciones y por lo tanto su conexión es montable y desmontable, y recombinante. Muy prontamente dicho: la conexión entre una foto de mí en mi perfil de una app de citas y su referente no es necesariamente, ni mucho menos, de adecuación, como tampoco es de adecuación lo que cuento de mí en mi “biografía” de Facebook y mi vida, ni es de deducción ni progresión la relación entre lo que conté ayer y lo que cuento hoy, pero tampoco se somete a comprobación ni a coherencia la opinión “política” que emito en la cola del supermercado ni lo hacen los dichos del gobernante y del candidato. Tampoco se ata a su referente lo que le digo a una pareja o a un equipo de trabajo.

De tal forma, la precariedad vincular propia de los contactos sin vínculo es también semiótica y lingüística. Y viceversa: la precariedad semiótica propia de la dinámica imaginal es también vincular. Les otres son imágenes dispersas y precarias a contactar con mis imágenes dispersas y precarias.

  • ¿Dónde está la cuestión clave, estratégica, para nosotros? El obstáculo con que nos encontramos en el relacionamiento contemporáneo no nos parece, como dice Bifo, una insensibilización que generarían “las máquinas de funcionamiento binario”, sino una sensibilización específica, prolífica en contactos inconsecuentes (una sensibilidad especial se requiere para percibir, en la persona que me acaban de presentar, un recurso útil, aprovecharlo y eventualmente desechar la relación, así como se requiere una sensibilidad específica para “no engancharse” con alguien que “no te sirve”, pero también para “seguir” a un tuitero o un youtuber que “me divierte” o “tiene muy buena data” u otro “semiobeneficio”, como atraer suscriptores a mi canal, pero también para competir con les integrantes de mi equipo de trabajo o estudiosin importarme las chances de estallido del equipo, como asimismo para correr a alguien de mi camino con un mero swipe).

Esta sensibilización específica, prolífica generadora de contacteo fluido y de aislamiento contactado, es efecto, también, de la dinámica imaginal, de sus sentidos precarios y recombinantes, y no solo de la compatibilización binaria y sintáctica. Esta misma “reducción binaria” de que habla Bifo, sus algoritmos, por lo demás, facilita mucho la circulación de sentidos variados (la microsegmentación de la publicidad es un buen ejemplo), en otras palabras facilita la dinámica imaginal, y genera contacteo que, por un lado, como él dice, no tiene necesidad de ajuste de signos no verbales y no desarrolla esta capacidad en la subjetividad, pero que, a la vez, ofrece la satisfacción del reconocimiento a quienes se contactan (por ejemplo, una app como Samsung Health me dice “Felicitaciones Pablo, caminaste sesenta y dos minutos hoy!”; esta congratulación es un sentido logarítmicamente generado, pero que vía código binario produce/configura/captura mi afectividad, más que reducirla hasta cancelarla). Se ve, en breve, que estos tiempos más linkeadores que vinculadores generan una sensibilidad específica, histórica –diferente por supuesto a la sensibilidad de tiempos sólidos– más que una desensibilización.

La estrategia de un nosotros, en fin, no es la propuesta por Bifo en Fenomenología del fin y tantos otros lugares: la recomposición de una clase explotada definida a priori como clase.[2]Nosotros sucedemos allí donde una subjetividad colectiva, común, singular, una malla de sostén afectivo, pueda ser producida y se convierta en un agenciamiento alterador, un singular espacio común de devenires otros. Esto puede pasar en un aula escolar, en un grupo terapéutico, en un equipo de un hospital, en un bachillerato popular, en un equipo de co-visión, en una residencia, en un colectivo de madres de menores en problemas con la ley o las sustancias, en una compañía teatral, etc.

Donde haya composición, trama, devenir otros en común, allí hay una tarea, allí hay una consecuencia en proceso de producción. La tarea será, allí, para esa trama, producir las consecuencias que la tejan y la mantengan deviniendo mundo común –y por lo mismo, singularidad.

 

[1] “Lo imaginal y la expresión: entre la conexión y el encuentro”.

[2] A propósito de la vincularidad fluida, hacemos un contrapunto entre la dupla de Bifo (conjunción-conexión) y los tres momentos históricos que proponemos nosotros (vínculo-desligazón-contacto) en “Un contrapunto con Franco BifoBerardi: ¿Dos o tres modos de relacionamiento?”.

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