Tradiciones goies – a propósito de la Pascua judía

lo judío

Palabras de Pablo en una cena de Péisaj

Voy a hablar desde la mesa de los jóvenes.[1]

Nosotros –estos judíos reos que somos–, parece, nos caracterizamos por no saber, por ignorar el sentido doctrinario de Péisaj. Siempre que voy a un Péisaj me pregunto qué sentido tiene, por qué lo celebro, qué es lo que me gusta. Y bueno, lo que me gusta, aunque no lo sé bien, es que entro a recordar qué me pasaba cuando era chico, cómo empezó la historia de Péisaj. Estaban los zeides, los abuelos haciendo los rezos, pero en un idioma que no entendíamos y que nos causaba mucha gracia, y estaba también la familia en pleno, los primos en pleno de los dos lados, los tíos de los dos lados… Y no entendíamos; de lo único que podíamos darnos cuenta era de quiénes estaban ahí y qué comíamos.

Estos judíos reos, parece, nos caracterizamos por no saber. Ante este no-saber habría dos caminos, y acá empieza lo que quiero decir. Un camino puede ser el de sentirse en falta, sentirse un ignorante, sentir que otro sabe más que uno y que hay que hacer lo que otros ya saben que hay que hacer y uno aprender. Y el otro camino es, me parece, tomar esta ignorancia nuestra, este no-saber, como nuestro saber. Por ejemplo, no saber las reglas dietéticas de la religión judía, como que no se puede mezclar crema con carne, cosa de la que me enteré hace poco, de adulto.

Les cuento un chiste[2] que está bueno para esto. Un joven judío le dice al padre:

–Papá, conocí a María. No es judía, pero se va a convertir; yo la amo y quiero que se case conmigo.

–No, mirá, aunque se convierta no va a ser judía; no es lo mismo.

–No, pero ella se va a convertir, y yo la quiero mucho y ella me quiere.

El muchacho se casa con María. Pasa el tiempo y un día el padre llama al hijo:

–Hijo, necesito que me ayudes con unos papeles en el negocio, ¿podés venir esta tarde?

–Mirá papá, yo iría con mucho gusto, pero María dice que hoy es sábado y no me deja trabajar el sábado.

–¿Viste hijo? Yo te dije: una goie es una goie.

Parece mentira, ¿no?: María sabía bien las reglas judías, pero desde el punto de vista del viejo judío eso era antisemitismo.

Lo que quiero decir es que hay un saber judío distinto al proclamado oficialmente. María aprendió lo que está escrito, pero hay otro saber, uno que no sé si llamar ‘saber de la trampa’ o, mejor, un ‘saber ser judío mundano’.

Entonces, esta ignorancia nuestra –la de los reos– es un saber. ¿Saber qué? Bueno, trabajar un sábado para terminar unos papeles puede ser un saber. Pero, además, estas reuniones plenarias de la familia eran un saber. También, saber que había algo que no sabíamos. También, que cada vez había algo nuevo (esto lo empezó mi vieja hace poco, que cada año venía escribiendo algo fuera del ritual, algo agregado), y hasta comer una comida que nunca habíamos comido en la cena de Péisaj, que también es algo nuevo que pasó hoy.

Lo digo con otras palabras. Los que íbamos a esas cenas no conocíamos el contenido de esta festividad. Al menos hasta los catorce o quince años yo no lo conocí, pues el relato de Péisaj lo hacía mi zeide Samuel en hebreo. Es decir, no conocíamos el relato del Éxodo, el relato de la liberación de la esclavitud y la promesa de una Tierra.

¿Qué quiere decir esto? ¿Que como no conocíamos todo eso no era un Péisaj auténtico?, ¿o que en el fondo –y solo en el fondo– seguía siendo el Péisaj auténtico de la religión judía? Creo que esto quiere decir que el saber –el saber que esa ignorancia oficial muestra– es que la fiesta tiene el fin de la reunión, y no es el fin su contenido oficial. Este saber, este saber ignorante, se ha convertido en una tradición judía.

Redondeo. Es como que este no-saber es un saber de unas costumbres de nuestra familia, y yo diría que estas costumbres se resumen en algo así como que en vez de reunirnos para celebrar Péisaj celebramos Péisaj para reunirnos. Y para comer guefilte fish también. Mi zeide Bernardo, con esa ere de los gringos, hubiera dicho: “Estamos aquí reunidos para celebrar que estamos aquí reunidos”.

[Risas]

pablohupert@yahoo.com.ar

www.pablohupert.com.ar


[1] En la cena había dos mesas, una para los mayores, otra para los jóvenes.

[2] Compilado por Rudy y Eliahu Toker, El pueblo elegido y otros chistes judíos, Grijalbo, Buenos Aires, 2003.

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Comments

4 comments

  • Querido pablo
    La Hagada de Pesaj hace alusion a cuatro hijos
    El hijo sabio. Que se compromete. Pregunta y responde
    El hijo malo. Que se excluye y elude responsabilidades
    El hijo simple. Que desconoce y pretende ignorar.
    El mas pequeño. Que aun no sabe preguntar.
    Cada uno de ellos representa el lugar en el que cada uno de nosotros nos podemos ubicar, según nuestra propia actitud y decisión.
    En mi opinión el “saber” y el sentido del Seder de Pesaj (que, de hecho, significa orden, haciendo alusion al “orden establecido” para la celebración), aun para aquellos que no respetamos el orden estricto impuesto no deja de ser una historia (a manera de cuento) que, de alguna manera, nos lleva a recordar e incorporar valores trascendentes para nuestra condición humana. Es un viaje por las brumas del pasado, en busca de memorias del pueblo judío, sus costumbres y su plena vigencia en nuestros días. Salir de Egipto hoy, es atravesar el desierto de la hostilidad, de las agresiones, de la alineación. Es extender la mano, es tomar y motivar a tomar, el riesgo de ser y sentir con las reservas morales del judaísmo. La lucha contra los opresores y la llegada a Israel no son actos simbólicos. Son los desafíos. Es el producto de haber deambulado por el desierto, de recorrer, de canjear olvido por memoria, de ir de lo individual a lo colectivo, de poder transmitir los valores en los que queremos y debemos creer para aplicar en nuestra vida cotidiana.
    Celebrar Pesaj es la medida de nuestra propia libertad, sumando nuestras propias acciones a los hechos ya sucedidos. Y aceptar que esa libertad que nos conduzca a ser mejores como pareja, como padres, como hijos, como amigos, como seres humanos solidarios.
    Así que, con el espíritu dispuesto para una noche diferente, al igual que miles de familias en el mundo, celebremos Pesaj, no solo como legado, sino como reflexión y esperanza. JAG SAMEAJ!!!!!!!
    PD: Nosotros tenemos nuestra propia hagada, en español, por supuesto, a la que todos los años incorporamos cosas, cambiamos, etc. Supongo que el desafio estará en traducir ese “saber” que fuiste acumulando en una hagada propia.

  • Gente, me pueden traducir que significa JAG SAMEAJ!!!!!!! Entiendo que Pesaj significa Pascua, no? y zeide es abuelo.
    Disculpen pero soy goi educada en colegio de monjas pero, atea.

    Gracias Pablo por permitirme acceder y participar en tu blog
    Ale
    PD: no puedo opinar sobre lo publicado en esta nota, nunca festejé Pesaj; pero para mí, criada en una cultura católica, comer bacalao el viernes santo y escuchar música sacra, durante jueves y viernes santo, me generaba una tristeza y aburrimiento infinito. No tengo buenos recuerdos de la pascua católica, no sólo por el bacalao del viernes, sino que el domingo de pascua hacian puchero de gallina y tampoco me gustaba, jeje

  • La verdad es que siendo ortodoxo, tengo pena por la gente como vos que viven esa realidad la cual escribes, una realidad basada en los abuelos venidos de la guerra y que no supieron modernizarse y transmitir nuestra historia viviente y no como vemos en los museos a lo que suelen ir las personas para ver historia muerta o desaparecida. A traves de miles de anos seguimos aqui vivos y festejando, gracias a Hashem.
    Felicito a las demas opiniones que me parecieron estupemdas.

  • CAMINANTE NO HAY CAMINO
    SE HACE CAMINO AL ANDAR
    AL ANDAR SE HACE CAMINO
    Y AL VOLVER LA VISTA ATRAS
    SE VE LA SENDA
    QUE NO SE HA DE VOLVER A PISAR
    CAMINANTE NO HAY CAMINO
    SALVO EL CAMINO ESPIRITUAL
    JA, TE GUSTO EL FINAL
    CARIÑOS UNIVERSALES LIBRES DE IDENTIFICACIONES PARCIALES

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