Vivo Néstor, surgen más preguntas
• Como me hizo notar Wata, el movimiento kirchnerista no es tanto Kirchner y el Pueblo sino más bien Kirchner y la gente. La labilidad vuelve a colarse por aquí. ¿Hay una subjetividad capaz de sostener un movimiento nación y popular duradero? ¿Hay una capacidad de inventarla?
• El tipo de relación entre el Néstor y los que lo despidieron, ¿es de lealtad, de moda, de contraprestación?
Como me hizo notar un amigo kirchnerista, la adhesión al líder no se da solo por su carisma sino por donaciones concretas, materiales o no, pero siempre palpables. A los jubilados les mejoró (o dio por primera vez) la jubilación, a los sectores medios le dio posibilidades de emprendimiento y consumo, a los jóvenes les dio (a veces por primera vez) esperanza (o visión de futuro colectivo) y posibilidades de militar (o trabajar con otros). Se trata de ‘dádivas’ que, materiales o simbólicas, dan al que las recibe un sentido de pertenencia a la sociedad en que vive, y por lo tanto lo hacen ser.
Muy bien. Por un lado, la cuestión es que, si la pertenencia pasa por una inclusión social, teniendo en cuenta la labilidad de las relaciones sociales de hoy, no se sabe bien a qué se pertenece (¿a una clase, a una Nación?), y, si la pertenencia pasa por una participación o militancia política, teniendo en cuenta la labilidad de las aglutinaciones políticas de hoy, tampoco se sabe a qué se pertenece ni por cuánto tiempo.
Por otra parte, dicho así, no habría diferencia entre el líder Perón y el líder Kirchner –una confusión muy cara a los kirchneristas, carísima. Las diferencias son muchas, y no solo de fechas. Aquí resalto la diferente relación que se produce en un caso y en otro. No es lo mismo un obrero diciendo ‘Perón me dio vacaciones pagas y le voy a estar eternamente agradecido’ que un desocupado diciendo ‘Kirchner me da cupones y voy a donde me pida’. En el primer caso, el de antaño, había un intercambio que generaba lealtad; en el segundo, el actual, hay un intercambio que genera contraprestación. Allí, relación incondicional, permanente; aquí, contacto condicional. Es cierto, un contacto condicional sostenido a lo largo de los años y revestido de una imagen confrontativa en defensa de lo nacional y popular termina sobreimprimiéndole una mística a la contraprestación. Pero, mientras la lealtad peronista apoyaba en relaciones sociales bien estructuradas, permanentes, el “amor” kirchnerista apoya en intercambios intermitentes.
Vivo Néstor, surgen preguntas
“Historia que entera nunca se va a mostrar” Juani FavrePreguntas tras la muerte de Kirchner que habrá que ir viendo. Es decir, preguntas tras la conversión del kirchnerismo en ‘movimiento histórico’, indeterminaciones que solo las prácticas irán determinando.
Muerto Néstor, vive Néstor (en su pueblo y en su Estado)
Notas de un antiantikirchnerista no kirchnerista
Néstor Kirchner fue un peronista de pura cepa: llegó a lo subterráneo del país, a ese que estaba solo y esperaba –allí donde los medios nunca llegan. La muerte de Néstor nos hace ver que Kirchner logró ‘kirchnerizar’ los efectos de 2001, así como Perón logró peronizar a la clase obrera que irrumpió en el ’45.
Néstor, el estadista posnacional
La muerte de Néstor fue sorpresiva. Más sorpresivo ha sido el afecto que provocó. Un amigo no deja de llorar en toda la mañana del 27. Veinticinco cuadras hacen cola ocho horas para despedirlo. Para un no kirchnerista como yo, aunque también sea antiantikirchnerista es una sorpresa. Un grito se expande: fuerza Cristina. ¿Qué fuerza se ha presentado entre nosotros? ¿Qué fuerza es la que se encomienda a sí misma a la presidenta?
Muchos proponen temer por la nueva situación. Qué temer luego de esta muerte no es pregunta