{"id":238,"date":"2010-11-08T08:45:39","date_gmt":"2010-11-08T11:45:39","guid":{"rendered":"http:\/\/www.pablohupert.com.ar\/?p=238"},"modified":"2010-11-08T08:45:39","modified_gmt":"2010-11-08T11:45:39","slug":"el-ensayista","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.pablohupert.com.ar\/index.php\/el-ensayista\/","title":{"rendered":"El ensayista"},"content":{"rendered":"<pre style=\"text-align: right;\">por Ariel Pennisi<\/pre>\n<p><strong>1. <\/strong><span style=\"font-size: 13.3333px;\">\u00bfQu\u00e9 es un ensayo? Esa no es, seguramente, una pregunta ensay\u00edstica. Por otra parte, preguntarse \u201cqu\u00e9 no es un ensayo\u201d, podr\u00eda significar una insistencia solapada en la misma pregunta, esa bonachona b\u00fasqueda de lo esencial que anida en la f\u00f3rmula \u201cqu\u00e9 es\u201d. Aunque pens\u00e1ndolo nuevamente, un abordaje posible del ensayo bien podr\u00eda pasar por ejercitar series negativas, contrapuntos capaces de definir una y otra vez el \u201cno ser\u201d del ensayo, renunciando al mismo tiempo a admitir su ser. Escritura inadmisible, el ensayo est\u00e1 sin embargo ah\u00ed, es estando y, qui\u00e9n sabe, est\u00e9 no siendo.<\/span><\/p>\n<p>La escritura, desde ni\u00f1os, se suele <!--more-->esquematizar por la escuela mediante cierta voluntad de compartimentaci\u00f3n transferida por la instituci\u00f3n y sus manuales literarios, y sostenida en las repeticiones exigidas por los profesores. El cuentito escolar dice que hay un desarrollo, entre un comienzo y un desenlace; estructura que vuelve bajo las formas del cine o las historias televisivas. Pero seccionando tan tempranamente la escritura, la posibilidad del ensayo parece vedada. Como sostiene Mart\u00ednez Estrada a cuenta de sus propias traducciones de Montaigne, \u201cLo m\u00e1s com\u00fan es que el ensayo se desarrolle desarroll\u00e1ndose, viviendo, que ande ora por un sendero ora por otro, veloz o parsimonioso, a vuelo de p\u00e1jaro o a paso de tortuga.\u201d<a href=\"file:\/\/\/C:\/Documents%20and%20Settings\/Pablo\/Mis%20documentos\/Downloads\/El%20ensayista.doc#_ftn1\">[1]<\/a> El ensayo, puro desarrollo, desarrollo impuro, puesta en juego de unas velocidades, seg\u00fan unas l\u00edneas de cruce, no cruza al modo interdisciplinario, no vive entre las disciplinas, sino fuera de ellas. El ensayista mantiene una erudici\u00f3n gustativa y carnal en su relaci\u00f3n con el mundo; unas veces embelesado, otras extasiado, escribe al borde de la alergia, con la alegr\u00eda del borde, piensa como digiere, opera por contagio y hasta se contagia del mundo que le toca vivir, como le ocurri\u00f3 justamente al propio Mart\u00ednez Estrada: \u201cUna piel arrugada antes de tiempo, estriada y acartonada por la enfermedad, es un papel carb\u00f3nico perforado por el relieve argentino (&#8230;), Mart\u00ednez Estrada declar\u00f3 haberse contagiado de un mal llamado Argentina.\u201d<a href=\"file:\/\/\/C:\/Documents%20and%20Settings\/Pablo\/Mis%20documentos\/Downloads\/El%20ensayista.doc#_ftn2\">[2]<\/a><\/p>\n<p>Especie de ciudadano universal, disc\u00edpulo de las situaciones, viajero de las lecturas, el ensayista se mide con su tiempo desde una suerte de extemporaneidad que le permite despegarse de los estados de cosas y disparar desde \u00e1ngulos inesperados; pero al mismo tiempo la distancia lo expone a pensamientos fulminantes por cercan\u00eda in\u00e9dita con su contemporaneidad. Sin dudas que una naci\u00f3n es demasiado para un cuerpo, y el ensayista es, al mismo tiempo, bicho de su tierra y radicalmente extranjero, tan heredero de su tiempo como hijo no reconocido. Y la relaci\u00f3n que los pa\u00edses mantienen con sus voces m\u00e1s agudas nunca deja de resultar ambigua, ya que una vez menguadas las tempestades\u00a0 evidentes, las autoridades vuelven sobre sus nombres singulares, demasiado tarde, desde un reconocimiento culposo. El ensayista, el taladro parlante, el escritor lacerante, est\u00e1 destinado a volverse hijo adoptado de su propia tierra; debe primero aprender a vivir en la orfandad, para luego resistir la readaptaci\u00f3n. Deleuze elogi\u00f3 a Sartre, su enemigo filos\u00f3fico, y lo llam\u00f3 maestro: \u201cNo hay genio sin parodia de s\u00ed mismo, pero \u00bfcu\u00e1l es la mejor parodia? \u00bfConvertirse en un anciano adaptado, en una autoridad espiritual coqueta? \u00bfO permanecer fiel a la Liberaci\u00f3n? \u00bfSo\u00f1arse como un acad\u00e9mico o como guerrillero venezolano?\u201d<a href=\"file:\/\/\/C:\/Documents%20and%20Settings\/Pablo\/Mis%20documentos\/Downloads\/El%20ensayista.doc#_ftn3\">[3]<\/a><\/p>\n<p>El ensayista es un dandy que \u201casiste a la vida como un invitado de honor\u201d (M.E. p. XX), vive las situaciones sociales, las lecturas e incluso los acontecimientos pol\u00edticos, como an\u00e9cdotas a compartir; va de aqu\u00ed para all\u00e1 desliz\u00e1ndose entre c\u00f3ctels, aulas o callejuelas \u2013en alg\u00fan punto da igual\u2013; etn\u00f3logo disfrazado de diplom\u00e1tico, profesor o relacionista p\u00fablico, se disfraza de ensayista para testimoniar la extra\u00f1eza de cada ritual humano. Mezcla de caballero y francotirador, no se parece a un militante, pero no por falta de humanismo, sino por exceso de escepticismo. No es un hombre de acci\u00f3n, ni un vanguardista, ni mucho menos un revolucionario. Si hubiera nacido en la antigua Grecia habr\u00eda pertenecido al cinismo, en Roma se hubiera bautizado S\u00e9neca (o pseudo S\u00e9neca); pero moderno como su nombre, le toca una rara posici\u00f3n entre aristocr\u00e1tica y burguesa. Revelador de las miserias de su clase, capaz de orinar fuera del tarro y no culpabilizarse por las contradicciones internas, su humanismo de superficie neutraliza, al mismo tiempo, la pesada moral de izquierdas, y el hip\u00f3crita inter\u00e9s de clase. El ensayista, a pesar de su aparente condici\u00f3n burguesa, es un desclasado, como a pesar de su apariencia apol\u00edtica, es un anarquista.<\/p>\n<p>Siempre de paso, su ir y venir lo salvaguarda de esperanzas, su desapego le habilita un nihilismo potente que transforma la desconfianza a toda ilusi\u00f3n (aun aquella de los cr\u00edticos de la ilusi\u00f3n), en actitud pagada de s\u00ed misma, confiada en el poder fabulador de la escritura. Desconfianza en los valores universales y en las morales de \u00e9poca, y confianza en lo particular, en el m\u00ednimo rinc\u00f3n del universo sin m\u00e1s. Vive con ligereza aun en la desesperaci\u00f3n que es su principal nutriente, y su est\u00e9tica corporal como sus posturas lo muestran a veces camuflado como un guerrillero y otras retirado como un eremita. Su rechazo de toda hondura supuestamente existencial y su posici\u00f3n inmoralista no lo vuelven ap\u00e1tico. Su ligereza coincide con su intensidad.<\/p>\n<p>La relaci\u00f3n con las cosas, el contacto carnal con el mundo, lo mantienen a distancia de la lumbre de su propia inteligencia, interrumpen un vicio muy corriente en quienes se encandilan con sus propias ideas o se empalagan con su supuesto buen gusto. Para el ensayista, un movimiento de interiorizaci\u00f3n no lleva a ning\u00fan escondite, m\u00e1s bien se trata de un ejercicio de recogimiento que le permite escuchar. Pero no escucha desde adentro, se vuelve \u00e9l mismo escucha, capacidad de resonancia, entrevista con los otros. De la conversaci\u00f3n (aun aquella monologal) a la escritura, reporta cierta vibraci\u00f3n con las cosas y nos permite concebirnos como efectos de esa vibraci\u00f3n. El cuerpo del ensayista es una tierra inc\u00f3gnita, un campo de experimentaci\u00f3n, un laboratorio para su f\u00edsica literaria. Por ello mismo es dif\u00edcil referirse al ensayo sin forjar al mismo tiempo un retrato del ensayista.<\/p>\n<p>El ensayo, escritura contaminada por la cultura que, blanco de sus dardos, no deja de atravesarlo, funciona como anticuerpo a la ilusi\u00f3n de espontaneidad sin alcanzar la profesi\u00f3n del cr\u00edtico, cuya materia prima es la sospecha. El ensayista duda de las sospechas que no logran inscribirse en la cultura y a su vez, de los sobreentendidos que tejen entre gui\u00f1os la ilustraci\u00f3n aceptada. Es un ilustrado que est\u00e1 del lado de los brutos, un arist\u00f3crata que convive con los m\u00e1s reos, pero no pretende convencer ni gobernar a nadie, s\u00f3lo permanecer al lado, cerca. Pulsi\u00f3n de cercan\u00eda, arte de las proximidades, el ensayista es un trabajador de las afinidades, escribe sus ensayos como un anfitri\u00f3n, en lugar de escritorio\u00a0 usa los contornos de la mesa. Invita, provoca, modera, dialoga. Inocula malicia en el discurso bienpensante y convoca al m\u00e1s torpe a escribir su testimonio. Ironiza saberes rancios y no se ruboriza ante los enunciados m\u00e1s escandalosos. Porque nunca comenz\u00f3, el ensayo debe continuar.<\/p>\n<p>2.<\/p>\n<p>\u201cDefinir el ensayo es una tarea superior a la ambici\u00f3n de escribirlo; siempre las palabras son m\u00e1s dif\u00edciles que los hechos. Fascinante magia de la realidad. Las cosas carecen de misterio, porque ellas ya son todo el misterio\u201d<\/p>\n<p>(Jos\u00e9 Edmundo Clemente)<\/p>\n<p>Estilo directo del ensayo. El ensayista no cree en la met\u00e1fora. Como si el lenguaje corriente no fuese lo suficientemente metaf\u00f3rico. Frente a tanta sobreactuaci\u00f3n de la escritura, el ensayista se esfuerza por hacer tambalear un lenguaje desgastado y hasta desganado. Libra una batalla sin eufemismos, a punta de l\u00e1piz, contra el decir domesticado, justo all\u00ed donde menos da\u00f1o parece hacer.\u00a0 En todo caso, el ensayista recurre a la met\u00e1fora para no abusar de su agudeza, ya que pretende ser como todo el mundo; pero la enunciaci\u00f3n no lo deja mentir y el enunciado \u201cpretender ser como todo el mundo\u201d delata la distancia que mantiene con toda forma de domesticidad.<\/p>\n<p>Su unidad de medida no es la frase metaf\u00f3rica, sino la ocurrencia, es decir la forma m\u00ednima que es capaz de darle a una impresi\u00f3n sobre lo que ocurre. El ensayo es casi siempre impresionista. Su naturaleza fragmentaria provoca angustia a la hora de articular p\u00e1rrafos. Por holgazaner\u00eda arquitect\u00f3nica o por irresponsabilidad sint\u00e1ctica el ensayista preferir\u00eda escribir de corrido, producir con sus letras un\u00a0 \u00fanico p\u00e1rrafo, un amasijo dispuesto a la mirada at\u00f3nita y atenta. En su voluntad de mezclarse con la cultura, es decir, en alg\u00fan punto con el lector, el ensayista deja abierta su obra, inconclusa por esencia para que la lectura pragm\u00e1tica se sirva de frases o invente recortes de ese v\u00f3mito un\u00edvoco que es el ensayo.<\/p>\n<p>El ensayo no es una pedagog\u00eda. No instruye ni pretende completar tiernas almas infantiles. Por el contrario, su cometido parece consistir en reinventar una ni\u00f1ez. En alg\u00fan punto, el ensayista es como un ni\u00f1o, puesto que algo desconoce, pero ello no lo define ni mucho menos lo invalida, mientras que su potencia no la da su saber efectivo, sino en el modo de habitar su no saber. M\u00e1s all\u00e1 del ensayo pol\u00edtico o de recursos eruditos o disciplinarios, nunca un ensayo se parece a la transmisi\u00f3n de conocimiento, ni a la imposici\u00f3n ideol\u00f3gica. Por el contrario, el ensayo es el esfuerzo por medirse con el propio costado ciego, s\u00f3lo dialoga con sus espaldas. La antipedagog\u00eda del ensayista es un llamado al deseo del otro, un reproche socarr\u00f3n a la pereza confortable. La \u00fanica pedagog\u00eda del ensayista se parece al cometido del anfitri\u00f3n: despertar el apetito.<\/p>\n<pre> [Ser\u00e1 publicado en diciembre en una compilaci\u00f3n aun sin nombre por Ensayos en Libro]<\/pre>\n<hr size=\"1\" \/><a href=\"file:\/\/\/C:\/Documents%20and%20Settings\/Pablo\/Mis%20documentos\/Downloads\/El%20ensayista.doc#_ftnref1\">[1]<\/a> Ezequiel Mart\u00ednez estrada, \u201cEstudio preliminar\u201d en <em>Montaigne, Ensayos<\/em>; Jackson Inc. Editores, M\u00e9xico, D. F., 1966.<\/p>\n<p><a href=\"file:\/\/\/C:\/Documents%20and%20Settings\/Pablo\/Mis%20documentos\/Downloads\/El%20ensayista.doc#_ftnref2\">[2]<\/a> Christian Ferrer, <em>Soriasis y naci\u00f3n<\/em> en Revista Artefacto N\u00ba3, Buenos Aires, 1999.<\/p>\n<p><a href=\"file:\/\/\/C:\/Documents%20and%20Settings\/Pablo\/Mis%20documentos\/Downloads\/El%20ensayista.doc#_ftnref3\">[3]<\/a> Gilles Deleuze, \u201cEl fue mi maestro\u201d en <em>La isla desierta y otros textos<\/em>; Pre-Textos; Valencia, 2005.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El ensayo no es una pedagog\u00eda. No instruye ni pretende completar tiernas almas infantiles. Por el contrario, su cometido parece consistir en reinventar una ni\u00f1ez. En alg\u00fan punto, el ensayista es como un ni\u00f1o, puesto que algo desconoce, pero ello no lo define ni mucho menos lo invalida, mientras que su potencia no la da su saber efectivo, sino en el modo de habitar su no saber. M\u00e1s all\u00e1 del ensayo pol\u00edtico o de recursos eruditos o disciplinarios, nunca un ensayo se parece a la transmisi\u00f3n de conocimiento, ni a la imposici\u00f3n ideol\u00f3gica. Por el contrario, el ensayo es el esfuerzo por medirse con el propio costado ciego, s\u00f3lo dialoga con sus espaldas. La antipedagog\u00eda del ensayista es un llamado al deseo del otro, un reproche socarr\u00f3n a la pereza confortable. La \u00fanica pedagog\u00eda del ensayista se parece al cometido del anfitri\u00f3n: despertar el apetito.    <\/p>\n<a href=\"https:\/\/www.pablohupert.com.ar\/index.php\/el-ensayista\/\" class=\"read-more-link\">Continua leyendo <span class=\"screen-reader-text\">\"El ensayista\"<\/span> <span class=\"meta-nav\">&rarr;<\/span><\/a>","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[23],"tags":[57,152,156,214,256,269,474],"class_list":["post-238","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-pensamiento","tag-ariel-penissi","tag-ensayo","tag-escritura","tag-intervencion","tag-martinez-estrada","tag-montaigne","tag-pensamiento","penguin-post","penguin-post-not-sticky"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.pablohupert.com.ar\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/238","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.pablohupert.com.ar\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.pablohupert.com.ar\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.pablohupert.com.ar\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.pablohupert.com.ar\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=238"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.pablohupert.com.ar\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/238\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.pablohupert.com.ar\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=238"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.pablohupert.com.ar\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=238"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.pablohupert.com.ar\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=238"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}