La memoria: ¿dispositivo de dominación o insumo de imaginación?

publicado en Libro Vivo compilación de escritos 
generados por la muestra Espejos en el C.C. Haroldo Conti 
por )El Asunto( y Milena Caserola

La memoria es un arma de doble filo. Puede encorsetar o puede liberar.

Quééé boluudo, elés tadó desitio selomé tenenelculo. 2001.

Desde ese día, y hasta el momento, el estado de sitio dejó de ser una herramienta a la que el Estado pueda recurrir. Desde entonces, el Estado pidió perdón por las atrocidades cometidas y abrió juicios a sus atroces ex agentes y repartió memoria por doquiera.

Ya sabemos que un átomo de ausencia pesa más que un pelotón de soldados. Nuestros hombros lo saben. Diego Skliar*

El peso de las generaciones muertas pesa como una loza sobre la conciencia de los vivos. Kart Marx

Lo contrario de olvido no es memoria sino justicia. Asociación de ex Detenidos Desaparecidos

La reivindicación es solamente  una parte. Alberto Spagnolo†

Presencié una vez una discusión entre un kirchnerista entrado en años y un kirchnerista jovencito. El jovencito temía al predominio electoral rotundo obtenido en 2011 pues temía que el movimiento se estableciera y aquietara, que fortaleciera –así dijo– su costado evitador de sufrimiento y que abandonara su costado hacedor de felicidad. El mayor le contestaba (o, más bien, le aconsejaba): el kirchnerismo no tiende al genocidio como la derecha argentina en general y por lo tanto, aunque el kirchnerismo no fuera emancipador, había que cuidarlo… era difícil explicarle a un joven que, por joven, no conoce la muerte, como sí la conoce este señor (que sabe de Auschwitz y de la Dictadura), que la gente muere y sufre, que la violencia es atroz.

¿Qué orienta a un proceso subjetivo o político? ¿Evitar el mal o producir el bien? ¿La política es perseverancia en el ser-víctima? ¿O es afirmación inmortal? No es defensa de los débiles sino afirmación de lo que se puede, de invención y experimentación de posibles. Por eso, dije al kirchnerista añoso, la política la hacen los jóvenes, que no conocen la muerte y no le temen a ella.

En este sentido, en general, no me siento joven, pero probablemente, en este punto, la mayoría de los jóvenes tampoco se sientan jóvenes, puesto que luego de Auschwitz y Esma el sistema se encarga muy bien de que todos conozcamos la muerte y el sufrimiento. En otras palabras, de que todos seamos concientes de que las apuestas emancipatorias reciben por respuesta la violencia y la muerte. “El genocida se va pero la lógica genocida queda instalada”, dijo Daniel Feierstein.

Porque el discurso memorial no se limita a lo explícito (que es: “recordemos lo que les hicieron a otros”) sino que blande sotto voce un costado amedrentador: “fijate lo que te podemos hacer a vos” (un sotto voce reforzado con Jorge Julio, con Luciano, con Corcovado).[1] La memoria no es solo recuerdo de un pasado sino también experiencia presente de un dolor que vuelve a sentirse y puede por lo tanto paralizarnos, o al menos amansarnos.

Por supuesto, la memoria no es siempre recurso de dominación y hay que pensar el punto en que es recurso de subjetivación, en que no es incitación al horror cerril sino punto de politización. Pero por lo pronto me parece estratégico subrayar el hecho de que que disuade, a los biempensantes y al sujeto social promedio ­–e incluso a muchos militantes–, de la política.

Muchas veces la memoria entra a jugar como operador de subjetivación, como elemento de agenciamiento político afirmativo y no se limita a la mera judicialización del horror (ni mera denuncia ni mero juicio ni mero castigo). Creo que ha sido en general el caso de las Madres, sobre todo con “Aparición con vida” o con la construcción de cooperativas de construcción o del ECuNHi. O el caso de los Hijos cuando se proponen hacer justicia con sus escraches y no a través de un tribunal del Estado; también, cuando dicen “los juzga un tribunal, los condenamos todos”.[2] Es decir, no cuando se ponen realistas y sensatos sino cuando plantean un irrepresentable imposible y lo posibilitan. Probablemente también sea el caso de muchos movimientos, tal vez más fugaces, alrededor de casos de gatillo fácil o tal vez el movimiento Teresa Rodríguez o el Darío Santillán o de las Madres de Ituzaingó; habría que ver las prácticas en cada caso, pero hay que distinguir entre la memoria como recurso de dominación y la memoria como ingrediente de un agenciamiento colectivo.

Son las cosas que no conocéis las que cambiarán vuestra vida. Vostell*

Hay dos “memoria” entonces: memoria-repetición y memoria-pensamiento. La primera es memoria que rumia, duele y resiente, paraliza, encierra, amansa; la memoria-pensamiento es la que crea e imagina. En realidad, si hay pensamiento, es la imaginación la que manda, y toma los recuerdos como chispas de lo que podemos, como inspiración.

Pero atenti: la memoria-repetición y la memoria-pensamiento no tienen el mismo recuerdo: la repetidora recuerda dolor, vulnerabilidad, victimización, mientras que la imaginadora recuerda pasión, potencia, acto.

“Mi papá se negaba a comprarme armas de juguete, pero me compraba soldaditos que tuvieran entre sus accesorios y detalles banderas rojas. Yo situaba todos los de bandera roja de un lado y los otros (cerdos capitalistas) del contrario y comenzaba la batalla. Hice muchas revoluciones, ahí en el patio de la casa de mis abuelos. Muchas revoluciones de las que mis padres jamás se enteraron porque estaban haciendo La Revolución, pero a ellos no les salía tan bien como a mí […] Ahora cada vez que vuelvo al patio de mi abuela, recuerdo todas las revoluciones ganadas, y ya no desordeno los frascos, ella y yo nos acompañamos con un té, unas tostadas y después regamos juntos las plantas de ese patio gigante y con tantas revoluciones en su memoria.” (Esteban Dipaola*)

Es la acción la que manda aquí, y no el sufrimiento. El sujeto no se somete al recuerdo sino que dialoga con él y se dispone a la pura suerte, a la contingencia del encuentro con lo que la acción imagina y la imaginación actúa. Imaginar es transitivo y no pronominal: no te imaginás algo sino que lo crea una acción que puede (o, lo que es lo mismo, lo imagina una potencia que actúa). Potencia e imaginación son inseparables, pues –reunidos– nos reúnen con lo que podemos.  “Las imágenes son importantes cuando te conectan con lo que uno puede vivir” (Neka Jara).

¡¿Meter un estado de sitio en un culo?! Cantarlo lo imagina al hacerlo; hacerlo lo canta al imaginarlo; imaginarlo lo hace al cantarlo. La condición de esta performatividad es un movimiento colectivo sujeto del canto, la imaginación y el hacer. La acción manda.

Vengo a olvidar como ellos olvidaron. / ¿O acaso no hay que olvidar la física, la química, las mitocondrias, el derecho, el dolor, la historia y hasta tu propio nombre / Para ir con toda tu carne contra los tanques? Diego Skliar*

Como repetición, la memoria es dispositivo de dominación, ya por fijación ya por disuasión; como pensamiento, es insumo de justicia autónoma. Como dispositivo, justicia heterónoma. Como pensamiento, algo propio yendo contra los tanques: un olvido de todo que recuerda muy bien qué es un tanque (o un estado de sitio) y que lo único que repite es que antes otros también olvidaron todo, incluso lo que recordaban, para afirmar su presente. Allá, el peso del horror sobre mí y el poder de castigo delegado en el Estado; acá, el peso de nuestra prepotencia contra los tanques y la potencia de justicia en nuestra performación.

Como repetición, la memoria es una loza que hace que la fuerza denominada pasado oprima a la fuerza situacional. Como pensamiento, la memoria es una fuerza presente que expande la fuerza situacional, crea posibles, imagina.

El deseo no implica nunca la mera posesión de algo, sino la transformación de ese algo. John Berger.[*]

Jamás voy a recordar a Darío Santillán como el héroe que dio la vida; lo voy a recordar porque tenía mucho amor, mucha alegría y porque podíamos pensar juntos muchos sueños y construir algunos. El piquete era un espacio de vitalidad, de vida, de sentimiento de transformación… Neka Jara[†]


[1] Huelga aclarar que no hablamos de un gobierno en particular sino de una tendencia, iniciada antes ya de 1983, después de Malvinas. Cada proceso subjetivo ponderará si el actual no puede o no sabe o no quiere contrarrestar la tendencia.

[2] Aparte de la justicia estatal puede existir la justicia subjetiva autónoma (www.pablohupert.com.ar/2007/11/el-genocidio-despues-del-genocidio-de-la-memoria-heteronoma-a-la-justicia-autonoma/).


[*] Textos presentes en Espejos

[†] En FM La Tribu, el 26/6/12, a propósito del décimo aniversario de la masacre de Avellaneda.

Share

Comments

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.