Astituciones y sus más-allás VI y VII

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Viene de Astituciones V: Más-allás de la astitución

 

6. Preguntas.

Todo este texto es una invitación a investigar. Es todo una gran pregunta que, así como quiere abrir un espacio de no-saber en el saber sobre las instituciones, así también explora en él, ensayando con lo que encuentra.

Este breve apartado quiere señalar que, además de las preguntas que se han ido anotando a lo largo de estas hojas, hay más. Por ejemplo: hablo aquí en general de astituciones educativas. ¿Cómo pensar astituciones no educativas?, ¿la familia, o la empresa, o el partido político, por ejemplo?

Anote una más, pues. La lista se ampliará cuando esta invitación se encuentre con sus invitados.

 

7. Aclaraciones y cuestiones.

  • Se habrá notado que, en los gráficos, el eje vertical, el de la astitución, es discontinuo. Casi por definición, la astitución no puede asegurar la continuidad de una institución sólida, y permanece “destituible”. Esto abre a una política posestatal y no a una antiestatal. Si bien la astitución es una respuesta al antiestatal “que se vayan todos”, su más-allá no es un regreso a “que se vayan todos” sino un plus, un exceso, sobre la astitución, a la que tiene –hasta donde alcanzamos a ver– como condición necesaria. Pues a veces sí se trata, para abrir un “más-allá” acá, de que haya astitución como condición de posibilidad de que haya un espacio de entramado colectivo. En este sentido, el CFP 24 reclamó sostenidamente su “el edificio nuevo” donde experimentar con los “reincidentes”[1] modos otros de hacer escuela; o, en el mismo sentido, la escuela 4 de Chubut mantiene un comedor y un edificio donde Frida y la escuela podían accederse mutuamente y descubrir qué podían hacer para hacer escuela, o “la costurera y dos o tres más” del FinEs de Brahma pudieron recibir una conmoción subjetivante, mientras que la reforma del organigrama institucional de la UNComa para incluir una Cuamfs permitió comenzar a pensar la discapacidad más allá de la inclusión y de la misma concepción de discapacidad.

Otras veces, una composición más-allá de la astitución se trama en la lucha que exige al Estado que continúe la inclusión.[2]

 

  • Sobre el pasaje de la astitución a ese más allá de la astitución: no es un paso, en el sentido temporal y espacial, como si dejara de haber astitución y comenzara a haber un más allá. Se trataría de intersticios y de destellos de encuentro enredados entre las conexiones. Me parece que el encuentro, por sus propias características, no puede adoptar una forma estable y mantenerse siempre inventivo. La astitución es muy flexible pero también busca la manera de convertir todo en gestionable, si bien hace mucha gestión ad hoc y siempre está reinventándose, si bien no tiene tanta rutina como la institución sólida  –la astitución busca hacer gestionables las cosas- entonces, en el momento en que crea una nueva ley de salud mental  se pone inventiva, en el momento en que esa ley se convierte en un proceso gestionario, más o menos burocrático, probablemente, deja de estimular los encuentros. De alguna manera el más allá de la astitución es como una apuesta que hay que renovar, no es algo que se pueda garantizar que quede establecido. La idea de que quede establecido es una idea remanente de la solidez, y es una característica de la astitución querer todo el tiempo reponer la imagen de institución sólida, estar todo el tiempo reponiendo que ahora sí va a quedar armado. Ese mismo frenesí restituyente es lo que denuncia que es una astitución, es lo que denuncia que es una institución fluida y no sólida. Así pues, no se puede hablar de un paso (“ahora dejamos de ser astitución y vivimos en el más allá de ella”) sino más bien de una reincidente apuesta, quizá consciente o que se da quizá por deseo inconsciente, o quizá por esa ontología de lo social que según Negri y Badiou es inevitablemente excedente, pero es cuestión de poder captarlo y seguir por la pista que nos brindó. De alguna manera, en la escuela nº 4 de Chubut no sabían cómo iban a hacer para educar a Frida, pero había que abrir el espacio y estar atentos a ver lo que ocurría, captar esos encuentros como potencias de encuentro, entre Frida y la escuela (y entonces sí, organizarlas y planificarlas). No se abandona la astitución al abrirse su más-allá; se extraen consecuencias de lo encontrado en su acá (esa extracción es la experimentación que llamamos “su más-allá”).

Como la relación entre un más-allá y sus astituciones es de plataforma y no de ruptura, como el viaje es hacia acá, el pasaje a un más-allá no barre las condiciones de partida sino que se apoya en ellas una y otra vez para una y otra vez abrirlas –o, mejor, encontrar aperturas.

 

  • El “encuentro”. No he definido encuentro, y encuentro bueno no definirlo del todo. Nunca se termina de saber qué se encuentra en un encuentro. Sí vale aclarar que no es un acople donde dos o más partes se completan y forman un todo. Tampoco es una simple cita, ni un acuerdo. Se parece más a un diálogo donde se intercambian palabras o gestos o acciones o prácticas diversas y en el que a la subjetividad corriente se le presenta un exceso que la obliga a pensar. Ahora bien, como la subjetividad corriente no tiene recursos para pensarlo, requiere más encuentro para transformarse o crearse los recursos para abordar ese exceso. Un encuentro es un desborde de lo corriente (ya subjetivo, ya organizacional), y un pensamiento es un trabajo nuestro sobre las consecuencias del exceso con que nos topamos. Ese pensamiento es, él mismo, una de estas consecuencias. Otra consecuencia es una alegría siempre sorpresiva del encuentro con lo colectivo y con lo que podemos. Pero el proceso no es necesariamente  satisfactorio y fácil como en esos acoples que llaman “amor a primera vista” o esos eslóganes publicitarios que te brindan un disfrute a la medida de tu gusto. Incluso, muchas veces el trabajo sobre el encuentro genera “desencuentros” y desconexiones. Un encuentro con las propias potencias puede significar un gran desconcierto (un naufragio, decían en el cfp 24), una crisis para la subjetividad o la organización, pero es siempre una apertura. Los más-allás comienzan cuando los encontrados se lanzan a explorar ese espacio abierto y a experimentar en él, y también cuando continúan haciéndolo. El encuentro es acontecimental, y sus efectos, también, y la continuación del trabajo con ellos, también. Sin embargo, los últimos lustros muestran que algunos movimientos sociales “pos-leninistas”, liberados a sus propias inteligencias colectivas, son muy capaces de continuar “acontecimentando” muchas veces.

Los más-allás de la astitución no restauran el acople o encastre sólido ni multiplican el contacto fluido, sino que trabajan, o traman, o componen consecuentemente,[3] el encuentro potente.

 

Pablo Hupert

1/4/2015


[1] Stavisky, “Tentativas, cooperación y entramado afectivo”, citado en el apartado 5.

[2] Pregunta hoy, 25 de agosto de 2017, ya en otra fase del Estado posnacional argentino: ¿puede una composición más-allá de la precariedad tramarse independientemente de que continúe la inclusión?, ¿o acaso necesitamos cierto remozado “etapismo” (primero la inclusión precaria, luego su exceso)? Las vías de subjetivación son las que encuentre cada subjetivación. Toda subjetivación procede en ciertas condiciones; eso no significa que esas condiciones sean la premisa necesaria de toda subjetivación. Cuando asumimos que unas condiciones históricas (esto es, contingentes) son necesarias, entonces codificamos la subjetivación, esto es, la objetivamos, la reificamos, la disolvemos como tal; en fin: procedemos estatalmente. En esta nueva fase, en esta nueva forma de presencia del Estado posnacional, ¿cómo procede una composición que crea un más-allá de la precariedad? Otra pregunta para la investigación.

[3] V. nota 66 en el apartado 5.

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