Prácticas posnacionales del Estado argentino

Argentina, Fluidez, Problemas

Los amigos me preguntan por qué digo que los gobiernos de los Kirchner han contribuido a formar un Estado posnacional. Hice una lista de prácticas estatales posnacionales… Quedó larguirucha. Enumero sin jerarquizar.

Acto convocado por Kirchner en el tercer aniversario de su mandato: una Plaza "transversal"

Comienzo aclarando que posnacional no significa nada parecido a ‘una época posterior a la desaparición de la nación’, sino donde la Nación adquiere una forma distinta a la que adquirió con el Estado-nación (compuesta de públicos o gente, y no de clases o pueblo, formada por consumidores y no por ciudadanos, dependiente más del espectáculo que de su historia, más impulsiva-sentimental que épica-patriótica, etc.). En realidad, cómo es una nación posterior a la estatal-nacional es algo que se nos va aclarando a medida que se va desplegando y la vamos leyendo, del mismo modo que se nos va esclareciendo cómo es un Estado posnacional a medida que se va construyendo y lo vamos leyendo. Aclarado esto, paso a la lista, que no tiene por fin tanto caracterizar la Nación de nuestros días sino aportar a pensar el Estado argentino contemporáneo.

  • Desde el mundial ’78 para acá, la Patria se hizo pelota, se pelotizó, o sea, se espectacularizó, o sea, se despolitizó.
  • Priorización del consumo por sobre la producción (Gas, gobierno y gente; Cortes de gas en el Polo Petroquímico). No se convoca a ahorrar patrióticamente energía para engrandecer la Patria (una grandeza que en tiempos industriales pasaba por aumentar la producción).
  • No podía reprimir abiertamente.
    • Dijo Martín López a propósito del asesinato de Mariano Ferreyra: ‎”Así como los empresarios usan la tercerización del trabajo para profundizar la explotación, el gobierno terceriza la represión, para hacerla más eficaz y con menos costo político que cuando directamente manda sus policías y gendarmes”.
    • Dijo el Colectivo Situaciones a propósito de las muertes de los pibes de Bariloche o Fuentealba: “quedan como cosas barriales, locales, que no tienen nada que ver con la dinámica nacional” (fm La Tribu, 22/11/10).
    • M. Grondona, aunque refiriéndose más a temas de represión de la inseguridad que de los movimientos, lo llamó “Un Estado “a-policial”” (LN, 4/11/9).
    • G. Tayara, correntina de visita en las zonas rurales de su provincia y trabajando como docente en el conurbano bonaerense, testimonia que la dominación hoy se da por “impotentización” más que por represión: con el asistencialismo se pasa del represivo ‘vos no podés’ al despotenciante ‘vos dependés’.
  • El kirchnerato no adquiere su fuerza inicial ni la fuerza de las elecciones de 2005 y 2007 de un partido o un movimiento (el peronista) sino de una alianza transversal (el FPV).
  • El transversalismo no es un principio perenne del movimiento kirchnerista, sino que el kirchnerismo se apoya en la transversalidad o el partido según la coyuntura. Cada elección requiere un nuevo ‘armado electoral’. No avanza con pies de plomo sobre suelo sólido. Crea y gestiona interfaces ad hoc según por donde pasen los flujos que más ‘arrastran’ en cada coyuntura.
    • Por lo demás, ya hacia fines de la presidencia de Néstor, muchos movimientos sociales denunciaban la pejotización del gobierno (es decir, de las interfaces que conectaban a gobierno y movimientos).
  • “El ‘cristinismo’ es tan radicalmente moderno -glamoroso hasta la náusea, hipertecnológico (youtube, el twitteo y el titeo son sus formas de intervención más recientes) y tan bien rinde televisivamente” (D. Link, que se autodefine cristinista)
  • Habría que ver si se puede decir que cuando hablo de “irrelevancia social del Estado” (por ejemplo, en “Fantasma de un grito”) estoy hablando de un Estado superfluo y de que el Estado actual lucha contra su superfluidad mostrando su necesariedad a los de arriba y a los de abajo (ver este comentario a “Dominación política posneoliberal”).

[Si ya te cansaste de esta lista, podés perderte el resto y saltar al final.]

  • Kirchner asume habiendo perdido las elecciones. En pocos meses logra un 60% de imagen positiva. Es el primer gobierno democrático que no extrae su legitimidad de las urnas sino de las encuestas. El marketing electoral había comenzado en 1983, pero nadie como Kirchner debió usar el marketing como forma de gobierno. Ver la “Introducción” de Cheresky a Cheresky, Isidoro (comp). (2006) La política después de los partidos. Buenos Aires: Prometeo. P. 14.
  • Su chamuyo recurre a la performación imaginal y no al discurso ideológico.
    • Para dominar no recurre a un programa sino a clichés de antaño. Habla de profundizar el cambio mas no precisa de qué cambio habla. Es un etapismo no programático (!?). “El ‘modelo’, un misterio semántico”, dice Daniel Link.
    • Como hace google al autocompletar tus búsquedas, aun antes de que el conflicto campero de 2008 tuviera forma, Kirchner ya lo había convertido en una batalla más de la secular pelea del ‘pueblo’ contra la ‘oligarquía’.
  • Mantener la iniciativa es un laburo constante. En un Estado nacional, el Estado precede a los actores: siempre detenta la iniciativa, no debe mantenerla. El kirchnerato lo logra recurriendo a la repentización. Es lo que en la literatura managerial se llama proactividad y en algún sentido es lo que Grondona ha llamado “anunciocracia”. Una actividad febril del Estado y de los mismísimos Néstor y Cristina para ‘llegar primero a todos lados’. La presencia del Estado no depende de su aplomo, su solidez, de su eficacia estructurante supuesta en todos los lazos sociales, sino de su velocidad de respuesta, su capacidad de iniciativa, de la visibilidad en las tapas de los diarios, de su eficacia performante predictiva de las determinaciones sociales (en otras palabras, más de formatear visiblemente que de estructurar ciegamente).
  • (Empleo distinción de Ariel Colombo) No usa el intercambio intertemporal hegemónico (‘cálmense ahora que en el futuro viene lo bueno’) sino el chantaje intertemporal del señoreaje (‘cálmense ahora que si no vuelve el pasado’).
    • Como en general en el mundo, usa el miedo como factor aglutinante (miedo al golpe, miedo a la crítica, al menemismo, a la crisis, a la impunidad, a la exclusión social, al golpe, a la exclusión internacional).
  • Usa el subsidio, y no la ideología, como elemento de consenso y articulación intersectorial (desarrollo en La pospolítica…, punto IV, 4.). No tiene política de precios masiva sino de acuerdos de precios puntuales y temporarios.
    • Asistimos a una “economización” del consenso social y político: subsidios, clientelismo, y de la estabilidad político-institucional (reservas, balance fiscal, clientelismo, atm-atp, etc.). (Desde 1983 se desarrollan modos ‘para-políticos’ o directamente económicos de compensar la fragilidad institucional, que la compensan y perpetúan a la vez).
  • Mantiene la cohesión interna de sus representantes más por intercambios materiales (guita, subsidios, cargos)[1] y amedrentamiento (aprietes, espionajes, quitadas de custodia) que por cementación ideológica o moral. Se constata al ver la necesidad de negociar cada voto en el parlamento, no solo con los aliados y ajenos sino con los propios.
    • como no hay disciplina discursiva, lealtad ideológica, cohesión grupal (cosa que Chacho Álvarez y Julio Cobos mostraron sobradamente), entonces hay espionaje y extorsión o amedrentamiento (asunto de Ciro James o denuncia del senador Rached de Santiago del Estero contando[2] que apenas votó contra la 125 en 2008 les sacaron la custodia policial a la casa de sus hijas y la madre de ellas).
  • No se apoya en una clase o alianza de clases ni en el pueblo sino en la gente, a la que, según la ocasión, obviamente, puede llamar pueblo o clase, para performar el conflicto.
  • En lo internacional, recurre al regionalismo. Esto es más propio de cómo se debe mover un Estado en la globalización que de la construcción de la Patria Grande antiimperialista.
  • Su progresismo tiene un programa ochentista, como señala D. Sztulwark: derechos humanos, democracia, mejoras económicas graduales. Es decir, tiene un programa configurado luego de comenzada la era neoliberal y luego de la muerte de la patria en Malvinas.
  • Sobre todo, por surgir en un contexto mundial posnacional y gobalizado. En este sentido, el carácter posnacional del kirchnerismo era independiente de su voluntad. Pasa que el kirchnerato, a diferencia de Alfonsín, asume la condición y condiciona –performa– el modo como la condición lo condiciona. En este sentido, desde el primer momento, se aviva Kirchner de que no puede restaurar la constitución y la democracia.
  • Es el primer Estado, que yo sepa, en la historia de la humanidad, que ¡pide perdón! por sus crímenes (por la amia y el terrorismo de Estado). Aquí no es, como lo ha sido en la mayoría de los Estados-nación, el genocidio y su velamiento la piedra basal de su construcción. Aquí la piedra de toque es el genocidio y la disculpa por haberlo cometido. La disculpa contribuye a performar un recomienzo para el Estado Argentino.
  • La militancia que promueve es, o bien aparateada, o bien espasmódica, inorgánica, eventual (25/5/06, Bicentenario, crisis del campo, muerte de Néstor, etc.).
  • Este Estado es posnacional, sobre todo, por venir a resolver la crisis 2001-2002. Una configuración política no es realización de la voluntad del que la lidera, como una casa lo es del arquitecto que la planeó. Los regímenes políticos se configuran en función del tipo de amenaza que deben conjurar. Declaraba A. Fernández en el caliente verano 2001/2: “si no escuchamos a la gente, nos van a echar a patadas”.
    • A lo que había que hacer ‘lugar’, lo que había que integrar en el régimen político luego de 2001 no era ni a una clase ni a un pueblo sino a masas sociológicamente amorfas pero política y socialmente movilizadas (desocupados, marginales, consumidores, clases medias, trabajadores, clases bajas, etc.). Además, había que hacerlo no por vía representativa sino imaginal. Ese amorfismo de lo ingobernable obligaba a integrarlo tanto bajo la forma populista como con los recursos de la égida de la imagen.
    • Según Foucault (en Seguridad, gobierno, población), puede leerse El príncipe como búsqueda vehemente de mantener el nexo entre un príncipe y su territorio, de superar el carácter trascendente, exterior, del dominio del aquel sobre este. 2001 había terminado de romper, justamente, la liga representativa entre sociedad y Estado, y había que restablecerla. Se podía restablecer la liga, mas no la representación (desde octubre de 2001 hasta junio de 2009, un 30-33% del padrón falta a votar sistemáticamente, por ejemplo, entre otras cosas, incluida la Constitución de 1994; v. La pospolítica. Una lectura de las elecciones argentinas de 2007 como la política actual en general). O sea, no se podía restablecer una liga nacional (representativa) entre Estado y sociedad. La liga debía ser, por la misma fuerza de las cosas, posnacional. Pero esta era una exigencia vacía, indeterminada. El Néstor vino a determinarla y usar a su favor.
      • lo hizo con un movimientismo a la vez militante y quietista, orgánico e inorgánico, transversal y pejotista, reticular y verticalista, corajudo y temeroso, audaz y conservador, efusivo y gradualista, aparatero y espontaneísta, definido e indefinido, coherente y contradictorio, etc. Tal vez habría que decir que ese “enigma político reciente llamado kirchnerismo” (Link) es un movimiento político recombinante, y que es la única manera de ser imaginal –esto es, de poder dar imagen a la hormigueante y neomonadológica sociedad contemporánea).
  • Además, una sociedad posindustrial y globalizada como dejaron la Dictadura y Menem requiere un Estado adecuado, es decir, posnacional. Otra exigencia vacía, indeterminada que el Néstor vino a determinar y usar a su favor. Por ejemplo, como el régimen de acumulación ya no es el dual del siglo XX, el Estado no transfiere recursos tanto de la producción agraria a la producción industrial sino más de la producción agroindustrial a los subsidios (que en general han sido más para favorecer el consumo que la industrialización).
  • Muchos agentes no estatales desempeñan un arco de funciones tan amplio como el estatal sin ser Estado: Mineras con aduana, fuerzas de seguridad o aeropuerto internacional propio en zonas de seguridad, que además pueden ‘alquilar’ legisladores o investigadores a voluntad, movimientos sociales más dependientes del gobierno nacional que manejan un plan integral de obras públicas con su propia fuerza represiva y partida presupuestaria (la Túpac en Jujuy) o desempeñan funciones mutuales, sanitarias, asistenciales, educativas a nivel municipal más independientes (la Unión de Trabajadores Desocupados de Catamarca).
  • Algunas formas en que el Estado se reconvierte a posnacional:
    • Retomando la gestión de algunos servicios públicos no con la ley de sociedades del Estado sino con la de sociedades comerciales.
    • Con el ‘multiproyectismo’. Es decir, sin programas orgánicos integrales, sino otorgando descentralizadamente subsidios a agentes (ong’s, reparticiones públicas, personas, entes privados, cooperativas, empresas, movimientos sociales, etc.) que proponen programas puntuales dispersos y descoordinados pero factibles. Por ejemplo, en lo educativo, en lo social, en lo económico, en lo securitario, etc.
    • Con la “tercerización” de la ejecución en esos agentes. Con la delegación de ciertas funciones asistenciales en organizaciones territoriales/movimientos.
    • Con la financiación por fideicomisos. “Un instituto que tiene sus raíces en el derecho privado inicia, positiva pero inorgánicamente, a tener influencia y aprovechamiento en la comunidad local, sin ser tipificado como “fideicomiso público”, utilizando como sustento jurídico una ley que fue pensada principalmente para desarrollar un sector de la economía privada: la construcción.” (Gómez de la Lastra, Estado y Fideicomiso). Es en todo caso un “instituto” financiero, privado, muy diferente del empréstito garantido por el Estado o de la inversión directa en infraestructura.
    • Un Ministerio de Educación que no tiene escuelas.
    • Financiación directa de organismos internacionales de proyectos (y no a través de empréstitos tomados por el Estado).
    • Asociaciones transfronterizas directas y no mediadas por cancillería (por ejemplo, la federación latinoamericana de intendentes, IIRSA[3], etc.).
    • El poder de un cuadro o funcionario no se mide en ‘la gente que mueve’ sino en ‘la caja que maneja’.
    • Segmentando los planes sociales. La asignación universal por hijo tal vez cambie esto, pero no promete la fuerza (inhumana, por lo demás) necesaria para ‘renacionalizar’ el Estado. Veremos veremos.
    • Generando información sobre la población y vendiéndola a empresas.
  • La industrialización pos-convertibilidad es diferente a la del período iniciado en 1958. No produce nación (ni siquiera nación dependiente).

Por ejemplo, D. Rubinzal, “Luces y sombras”, en Página/12, 28/3/10, http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/cash/17-4235-2010-03-29.html:

“Ese sector sigue teniendo un bajo impacto en el empleo, ahorro de divisas y desarrollo tecnológico local… ‘Durante 1974, el sector de terminales ocupaba a unas 57 mil personas [produciendo 290.000 vehículos] e incluso en años de fuertes turbulencias macro, como 1981 y 1990, el sector llegó a contar con un piso mínimo de 18 mil ocupados. En cambio, para 2006, los datos disponibles indican que el sector cuenta con un plantel total de 19 mil puestos de trabajo [produciendo medio millón de vehículos aproximadamente (512000 en 2009)]”, se señala en “El complejo automotor argentino: las terminales a la promoción y el desarrollo industrial al descenso”, documento elaborado por el Centro de Estudios para el Desarrollo Argentino (Cenda).’”

por ejemplo, J. E. Santarcángelo y G. Pinazo, “La reindustrialización en la posconvertibilidad: una mirada desde el sector automotriz”, en Realidad Económica 247, octubre de 2009, www.iade.org.ar/modules/noticias/article.php?storyid=3013):

“Los sujetos y dinámicas que componen hoy la industria argentina, tienen poco que ver con aquellos que lo hicieron 40 años antes [en el período inaugurado con el decreto de Frondizi de 1958]; fundamentalmente porque los modos de producción y los sujetos industriales en la escala mundial se han modificado radicalmente y porque en el nivel local, el sector ha consolidado un patrón de concentración del capital cada vez más extranjerizado y dependiente del sector externo.

“En este contexto, el cambio en “la división internacional” del trabajo en la industria automotriz, no sólo ha modificado las escalas óptimas de producción en el nivel regional, sino que ha reconfigurado los agentes que intervienen y la organización de la fuerza de trabajo al interior de las distintas fronteras nacionales. Por eso, de manera muy esquemática, una mayor producción local de automóviles no necesariamente implica una mejora directa en los indicadores de empleo y de salario como sí lo hizo antaño. Resulta evidente que el sector industrial actual no reactiva el círculo virtuoso valor agregado-empleo-mercado interno que sí generaba durante la ISI [industrialización por sustitución de importaciones].

“[…] Mientras las ventas de automóviles vienen creciendo exponencialmente desde la década de los ´90, el personal ocupado y la remuneración total a dicho personal se encuentran en los pisos históricos del negocio. En este sentido, si a fines de la segunda etapa del desarrollo sustitutivo, el costo laboral total representaba alrededor del 20% de las ventas de automóviles, hoy ese valor ha descendido a cerca del 5%, en un contexto donde el personal ocupado es casi una tercera parte menor […] Además la participación del personal asalariado en el negocio ha descendido a su piso histórico en 2007 ubicándose por debajo del 10% del valor agregado.

“A modo de síntesis, entendemos que la idea que vincula el crecimiento industrial con incrementos sustantivos y sostenibles en el nivel de empleo, tiene como sustento la imagen de un sector industrial del cual hoy queda muy poco. El sector automotriz es paradigmático de lo anterior. Si antaño su crecimiento era la base de un proceso de desarrollo con inclusión social nunca visto en nuestro país, eso no sólo se debió al interés del Estado por sostenerlo, sino fundamentalmente a una lógica productiva y de acumulación empresaria compatible con políticas dirigidas casi exclusivamente desde ámbitos nacionales. Si bien las empresas transnacionales eran los pilares sobre los cuales se articulaba el negocio, su crecimiento estuvo ligado con el desarrollo de una pequeña burguesía local que se insertó en los espacios a los que el mismo daba lugar.

“Hoy la situación es radicalmente diferente. Si bien son las empresas transnacionales las que dirigen el negocio (en la medida en que el sector terminal está hoy absolutamente extranjerizado), éste no sólo produce pocos efectos sobre el entramado industrial, sino que además tiene escasísimo impacto sobre el empleo asalariado y su remuneración. La información presentada en este trabajo permite observar que el crecimiento de la industria automotriz obtiene como resultado casi excluyente el aumento de rentabilidades de un pequeño grupo de actores que dominan el negocio terminal. Por ende, si el objetivo de la política económica es lograr el desarrollo de un modelo productivo de “valor agregado e inclusión social”, quizá lo conveniente sería repensar el rol de los actores extranjeros que dominan los distintos resortes del entramado industrial, y si éste es compatible con objetivos de esta naturaleza. En la medida en que nuestro país sea visto exclusivamente como un oferente de mano de obra barata y un proveedor de nichos de alto consumo donde valorizar modelos viejos, difícilmente el éxito de dichos sujetos traiga aparejada una realidad sustancialmente distinta de la que estamos acostumbrados.”(http://www.iade.org.ar/uploads/c87bbfe5-7808-cb8c.pdf; consultado 10.11.08)

  • Es decir, esta etapa de la industrialización argentina puede llamarse ‘igi’ o ‘industrialización por globalización de inversiones’ o, mejor ‘igic’ (industrialización por globalización de las inversiones y el consumo’), una etapa caracterizada por producir un bajo nivel de eslabonamientos económicos (o integración intersectorial que se corresponde con una baja integración social).
    • El petróleo deja de ser recurso estratégico para ser valor económico. (Mansilla, Diego, “Hidrocarburos y política energética”, Industrializar Argentina n°6, julio de 2007, pp. 30 y ss.; (resume su libro Hidrocarburos: de importancia estratégica a valor económico)).
    • En general, la fragmentación, la superposición de funciones, la vacancia de funciones, las políticas focalizadas, etc. La tendencia a la caída de la organicidad y exhaustividad del Estado que llamo multiproyectismo.
    • La necesidad de diseñar un modo de gestión complejo y ad hoc para cada problema que va emergiendo (inseguridad, hambre, evasión, desempleo, inflación, recuperadas, retenciones, ley de medios, etc.). El gobierno debió generar interfaces complejas más que mediaciones institucionales. Interfaces ad hoc más que liga representativa constituida y generalizada. v. Interfaz y desligazón – pensar un Estado desligado.
    • Ley de medios como reforzamiento del sistema de dominación, un recurso ultra-actual de dominación.  Lo que se presenta como garantía de la libertad de expresión es en la práctica una garantía a la égida de la imagen sobre lo social.
      • Desde robar a mano armada para salir en la tele hasta subir mis fotos a facebook o lucir unas ojotas, no soy libre de expresarme libremente sino que debo expresarme libremente. ‘Si no te exhibís, no existís.’ He aquí, pues, el sentido profundo, el sentido hondamente cultural y contemporáneo de la “progresista y democrática” Ley de Medios: ya que el Estado se haya imposibilitado de representar patrióticamente a todos y cada uno, al menos habilita a cada uno los medios para tener una imagen para exhibir.
      • O sea: en lugar de un órgano centralizado y ‘autorizante’ de representación (el Sujeto con mayúsculas de la ideología althusseriana), proliferación de rizomas y rizomas de provisión de imagen.
  • Cualquier oposición es “destituyente”. Esto denuncia la debilidad de la institucionalidad constitucional y los pies de barro de la “vocación hegemónica” kirchnerista.
  • Según Laclau, el líder populista “traza una línea de separación y se funda un sujeto popular. Perón viene a la mente como el líder histórico que realizó esta paradigmática construcción de hegemonía, encontrando el nombre que desde entonces designa al enemigo del pueblo: la oligarquía, los vendepatria, etcétera. Perón, Chávez o cualquier líder populista están autorizados por el carácter de su operación hegemónica a limitar la república parlamentaria que distorsiona la política, ya que difiere o impide el trazado de una línea nítida y la definición del conflicto. Una “frontera interna”, que divida claramente al pueblo de sus enemigos, requiere una “invocación política”. Invocar quiere decir llamar y dar nombre: socialismo bolivariano frente al imperio, kirchnerismo frente a las corporaciones. Sin embargo, a diferencia de lo que muchos pensamos y eventualmente tememos, Laclau sostiene que la conflictividad kirchnerista es incompleta. Por un lado no ha profundizado la frontera con los enemigos de todas las reivindicaciones populares; por el otro, no le ha dado un discurso a esa identidad que, de todos modos, ha contribuido a fundar.” (Sarlo) Parece que el kirchnerismo es un populismo posmoderno.
    • A Kirchner se lo podrá llamar populista, pero reparemos mejor en el carácter bien contemporáneo de su accionar. Ante la desligazón representativa entre Estado y gente, encendió una conexión con ella no solo a través de la contraprestación material sino también a través del afecto y la mística. Es un estadista contemporáneo porque advirtió que debía dar un carácter populista al Estado, un carácter mercantil a las concesiones materiales y un carácter imaginal a la argamasa mística.
  • La subjetividad ciudadano existe muy débilmente entre otras más fuertes, entre las que predomina la de consumidor. Las de patriota o la de descamisado son prácticamente inexistentes. La de obrero, no sé. Lo seguro es que ninguna de las subjetividades modernas que sostenían (y eran producidas por) el estado nacional y sus movimientos políticos predomina hoy en los cuerpos ni ordena las restantes. La reticencia de la gente a abrirles a los censista el 27/10 muestra la debilidad del sentido de integración nacional. Hay algo así como una multiplicidad inorgánica de ciudadanías. Desarrollo en La ciudadanía posnacional creada durante el kirchnerato.
  • Desarticulación entre poderes. La división de poderes no era solo eso: también era articulación entre ellos –algo así como un trabajo en equipo para la regulación y conducción de la república. No es precisamente lo que estuvimos viendo los últimos tiempos, sobre todo entre el Ejecutivo y el Judicial, pero también entre el Ejecutivo y el Legislativo (¡un Ejecutivo que dice que puede gobernar sin la “ley de leyes”!).
  • Marco legal que aliena las zonas de seguridad (impuesto por Menem y prolongado por Néstor y Cristina). Hoy hay 4 millones de has. de zonas militarmente estratégicas en manos de capitales transnacionales. (Cutrona en Le monde de noviembre de 2010: Fronteras multinacionales S.A., también http://angelacaceresquintero.blogspot.com/2010/11/asignatura-muy-pendiente.html)
  • Territorialización e imaginalización del poder. Cuando hay clase obrera estable, la relación entre el Estado y la clase, o entre el líder populista y la clase, se da a través de los sindicatos. Cuando hay clase obrera precaria o con poco peso propio en el entramado social, esa relación se da a través del poder territorial (punteros e intendentes) y el poder mediático o imaginal. Son distintas interfaces necesarias cuando no hay liga. La territorial permite una conexión tangible, localizada, con una población socioeconómicamente desencuadrada, des-adscripta (o encuadrada precariamente). La imaginal permite una conexión difusa con una población socioeconómicamente desencuadrada, des-adscripta. En lugar del tándem instituciones – discursos nacionales, encontramos el tándem punteros territoriales – medios globales.
  • La corrupción pasa, creo, de ser recurso para sortear leyes o funcionarios inconvenientes a recurso para obtener leyes, funcionarios o informes convenientes.
  • La ley pasa, me parece, de ser previa y prescriptiva (precedente, soberana) a ad hoc y modulatoria (procedente, securitaria).
  • Se ha naturalizado que el trámite político no es un “debate”, como se creía en tiempos ideológicos, sino una “negociación”.

Todas estas y otras tendencias que se me escapan ahora no siempre son un plan deliberado de Kirchner ni comienzan con él. Algunas las aprovecha al mango, otras simplemente son indetenibles. Otras son innegables condiciones de época. Sería un golazo pensar cómo todas estas tendencias de hecho se articulan o con-figuran o qué. Por lo pronto, el kirchnerato no luchó contra todas estas tendencias sino que se hizo fuerte en y con ellas, haciendo así que estas pervivieran, se fortalecieran y probablemente se sinergizaran, dándole más maniobrabilidad durabilidad y por lo tanto gobernabilidad a su gobierno, que así las retroalimentaba.

pablohupert@yahoo.com.ar

www.pablohupert.com.ar


[1] “El senador Emilio Rached (Frente Cívico – Santiago del Estero) admitió que, durante el tratamiento de la resolución 125 en la Cámara alta, recibió un mensaje anónimo con una oferta para que apoye la postura oficial. “Recibí un mensaje anónimo que decía pedí lo que quieras”, dijo Rached” (http://audioblogs.cienradios.com.ar/nelson/2010/08/03/rached_recibi_un_mensaje_anonimo_que_decia_pedi_lo_que_quieras/).

[2] En un programa de Nelson Castro en Mitre contó que “cinco minutos después de la votación [donde voté contra la resolución 125] quitaron la custodia del domicilio donde viven mis tres hijas con su madre… En provincias como la nuestra, ser vigilado o concurrir a un bar y encontrarse con alguien que depende de la policía ha comenzado a ser un hecho común, especialmente desde esa histórica votación.” Agosto 3 de 2010. (http://audioblogs.cienradios.com.ar/nelson/2010/08/03/rached_recibi_un_mensaje_anonimo_que_decia_pedi_lo_que_quieras/)

[3] “La Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional Suramericana (IIRSA) es un mecanismo institucional de coordinación de acciones intergubernamentales de los doce países suramericanos, con el objetivo de construir una agenda común para impulsar proyectos de integración de infraestructura de transportes, energía y comunicaciones.” (http://www.iirsa.org). Es financiada por organismos multilaterales de crédito.

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