educacion

Escuela e implicación subjetiva. Una relación en cuestión.

Si atendemos a las experiencias educativas que ‘salen bien’, el problema hoy no es, en el galpón, instituir algo, sino, en la astitución, implicar a algunos.
Hoy no solo necesitamos ir más allá de supuestos anacrónicos sino también de imágenes actuales.
Para pensar qué es una astitución, debemos pensarla en su medio, que es el Estado posnacional, una forma estatal diferente del Estado técnico-administrativo. En él, arriesgo, no hay galpones (o instituciones destituidas) sino astituciones o interfaces.
La forma astitucional o interfácica favorece la multiplicación inorgánica del sistema educativo. Esta inorganicidad es un vector de la circunstancia en la que debemos hacer –esto es: armar situación, vincularnos.

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Botella agua

Estetización de la vida o vitalización de la estética

•Hay dos “estética”. Por un lado, la de la égida de la imagen, que no se orienta por una ética sino por un formato, una gramática definida por un protocolo de comunicación, por un cálculo (cuánto voy a ganar en dinero, en contactos, en amigos de facebook, en visibilidad, etc.). Por otro, la del encuentro de los cuerpos, la de la continuidad sensible, la capaz de producir una ética del encuentro, una apertura a lo contingente, al proceso.
•Podemos proponer una consigna ética-política: estetización de la vida o vitalización de la estesia.

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Introducción al libro *El bienestar en la cultura*

Una doble tesis general subtiende el trabajo. Primera mitad: el sujeto contemporáneo no es socializado en instituciones sino que se constituye por “autosocialización”, recombinándose como los trabajos, las personas, el capital, los entretenimientos, las viejas instituciones y demás le vayan, histéricamente, requiriendo. La segunda mitad de la tesis es el reverso de la primera: no hay superestructura sino hiperestructura. O, más precisamente: las funciones superestructurales no forman una instancia sino que se despliegan como nube de dispositivos discontinuos, diseminados y no coordinados (sin metaestructura estatal).

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croquis de una superestructura en migajas

La segunda fluidez. Pensarla con Estado.

Si durante la primera fluidez el capital financiero requería destitución, el capital recombinante exige astitución. La segunda fluidez recombina lo que la primera fragmentó.
La superestructura en migajas es tal que, para que una práctica obtenga su representación, no es necesaria (e incluso sería molesta) una institución ni una simbolización y sus trabajosos procesos; un celular o una encuesta son suficientes para darle una imagen (o más). Tampoco es necesario que esos procedimientos ni las imágenes que producen guarden una coordinación entre sí; no es necesario (e incluso sería molesto) un Otro centralizador: una red, e incluso una red de redes, alcanza y sobra. No es una superestructura trascendente, como la estatal nacional de otros tiempos, sino inmanente. Una superestructura, tal vez, rasante, ramplona.

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Adrenalina en la cultura

Encontramos la emoción adrenalínica aquí allá y acullá. Hoy, en general, una vida ‘intensa’ como la que proponen las publicidades es la condición sin la cual no nos sentimos vivos. La onda del bienestar en la cultura es vivir experiencias intensas. Tal vez no las obtengamos, pero sí experimentamos su búsqueda: corridas de un lado al otro, momentos sin laburo, changas que se terminan, entregas a último momento, deadlines. La búsqueda es intensa, estresante, fragmentante, ‘matadora’… nos hace contener la respiración, como decía cierto e-mail.

Hecho constatado: la adrenalina está por doquier. ¿Qué nos dice de la cultura contemporánea?

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