Pablo Hupert Historiador Elaboración de experiencias

7sep/110

Indice de “El Estado Posnacional”

Entrada de elestadoposnacionallibro.blogspot.com

17jul/110

Abstract de Astituciones. El tiempo, el sujeto y la cultura en la fluidez posneoliberal: ni instituidos ni destituidos.

[abstract de la exposición en el Congreso latinoamericano de la FLAPAG que se hizo hace un par de semanas en la Fac. de Derecho]
Se dice –desde fines de los ‘90– que la subjetividad ya no es lo que era. De una sociedad instituida por el Estado habíamos pasado a una arrasada por el mercado. Entonces entrábamos, según Lewkowicz, en la era de la fluidez y, según Bauman, en la modernidad líquida. Bien, pero el mercado ya tampoco es lo que era. A principios de los ’10 asistimos a una fluidez recompuesta.

Este trabajo intenta correlacionar las grandes mutaciones económico-políticas llamadas corrientemente globalización y las mutaciones cultural-subjetivas que no tienen nombres corrientes. Pensaremos las prácticas contemporáneas con algunas nociones clásicamente centrales: el tiempo, la subjetividad, la cultura. Buscaremos luego describir conceptualmente sus configuraciones actuales: temporalidad fluida, subjetividad egoica, cultura imaginal o de bienestar. Finalmente propondremos que sus modos de configuración son isomórficos. Llamaremos a este modo de configuración, a falta de mejor mote, ‘actividad figurante del capital’ o ‘astitución’.

Plantearemos también la pregunta por los modos de subjetivar la astitución, apenas señalando prácticas subjetivadoras para iniciar una exploración que el diálogo permitirá continuar.

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22jun/112

La gestión compatibiliza infra y macropolítica

Cuando no hay metaestructura que homogeneíce los elementos sociales, la representación no puede ligarlos. Luego, el Estado ya puede ligarse con la sociedad representándola. En su desgarro más candente: la política estatal no puede gobernar la infrapolítica representándola. El Estado posnacional argentino salda la inoperancia de la representación con gestión.

El Estado de tiempos postindustriales tiene un problema que también tiene la infrapolítica (que es el nombre de la subjetivación de tiempos postindustriales). El problema que ambos comparten es el problema de la gestión material de la vida. El Estado no tiene asegurada su estabilidad política ni su financiación económica; los excluídos no tienen asegurado el trabajo, el sustento.

La política de tiempos nacionales, la política de tiempos de capital productivo, a veces industrial, a veces agrario (o ambas cosas, como en el caso argentino) era una política en que no estaban en duda los modos de producción misma de riqueza. Estos años, en cambio, son tiempos en que no es seguro que haya capitales, no es seguro que haya naturaleza, no es seguro que haya trabajo. Así, si la gran divisioria de aguas políticas de tiempos industriales pasaba por el asunto de la propiedad de los medios de producción, hoy lo que está en cuestión es la viabilidad misma de la producción y del trabajo.

Incluso podríamos decir que mientras la política clásica debía preocuparse por cómo representar adecuadamente la vida, la política contemporánea en general (tanto la política como lo político) debe ocuparse de la 'presentación' misma de la vida, de tramitar todo lo necesario para que se produzca y reproduzca. Así las cosas, las diferencias entre las concepciones políticas no se dan en función de la representación (hétero-representación, auto-representación, representación parlamentaria, soviética, monárquica, corporativa, etc.), sino más bien en función de la gestión: hétero-gestión, autogestión, gestión empresarial, gestión estatal, gestión mercantil, gestión de organizaciones de la sociedad civil, etc.

En este punto ya la cuestión no es representar adecuadamente los problemas de los sectores definidos según sus lugares en la producción sino asegurar la producción, asegurar que exista y que perviva. En tiempos industriales, la producción podía darse por supuesta; era un hecho dado, y la política discutía la distribución (de la propiedad de los medios de producción, del excedente, del ingreso, de la tierra, del poder). En los tiempos contemporáneos, en cambio, es la producción misma la que está en cuestión, sea porque los capitales se fugan y escurren como agua, sea porque se extingue el trabajo fabril rutinario, sea porque los capitales se apropian el agua, sea porque el cambio climático hace dudar hasta de los ciclos naturales y las cosechas, o incluso porque los movimientos campesinos y originarios plantean la cuestión de la soberanía alimentaria. La cuestión de la soberanía alimentaria es bien contemporánea, clava su interrogación en el corazón de la encrucijada actual: ya no tanto de quién es la tierra (los pools de siembra se conforman con arrendarla) o sus frutos, sino qué produce y cómo. En un escenario más urbano y de un modo distinto, también las empresas recuperadas muestran que la encrucijada actual no está en la lucha por la distribución del excedente económico sino en la lucha por asegurar que haya economía. Es una necesidad de asegurar que haya economía que tienen tanto el Estado como los sectores excluidos.

Si me permiten esta incómoda manera de decirlo, el quid de nuestros tiempos no es ya la apropiación del excedente económico sino la producción del necesario económico; no es ya el reparto del fruto del trabajo, sino el trabajo. No ya el nivel segundo y trascendente de la distribución económica o la constitución política, sino el nivel primero e inmanente de la actividad económica y la relación social. Para el nivel segundo, se requería representación. Para el nivel primero, gestión.

Así las cosas, la penetración del Estado en la sociedad no se da por medio de la representación sino que se da por medio de la gestión, en correlación con el hecho de que el funcionamiento mismo de la economía no consiste en un fetichismo de la mercancía que hace que el resultado del proceso productivo tome el lugar de éste o que la mercancía oculte el proceso de producción o las relaciones sociales de producción representándolo, sino el puro ‘hay o no hay’, el puro ‘ya’ (o nunca). Se plantea, ya desde la misma economía contemporánea, algo así como un principio de inmanencia absoluta que es en sí mismo gestión (implementación de procedimientos, estandarizados o improvisados, consensuados o impuestos, que consigan los resultados que cuentan, que importan), a diferencia del fetichismo de la mercancía que es en sí mismo representación.

Aun si esta correlación que intuyo para los tiempos actuales (entre inmanencia económica y gestión política) no es tan sólida como la verificada entre representación política y fetichismo de la mercancía, vale por lo menos el señalamiento de que las condiciones económicas contemporáneas no son compatibles con la representación política clásica. Vale el señalamiento de que las relaciones sociales de tiempos nacionales e industriales eran penetrables por la representación, configurables representacionalmente, mientras que las contemporáneas, no. Después, si mi hipótesis de una correlación entre inmanencia pura de la economía y política gestionaria no prospera, podremos ver a qué se debe esta contemporaneidad entre una y otra, pero quedaría aun en pie la incompatibilidad entre una economía inmanente como la posindustrial y una política representativo como la nacional.

También queda para otra ocasión diferenciar entre tipos de gestión. Se me ocurren por lo menos cuatro: la mercantil, la política, la no gubernamental y la infrapolítica, y dilucidar si hay un principio común de funcionamiento entre los diferentes tipos de gestión. Por lo pronto, desde el punto de vista nosotros, habrá que diferenciar entre gestión y autogestión:

“F. Ingrassia plantea una tesis con futuro: se cierra el antagonismo en términos políticos y se reescribe en términos de gestión. Los problemas son problemas de gestión, tanto el problema del estado técnico administrativo como el problema de las asambleas. Lo más importante que están haciendo las asambleas, en general, es ir generando mecanismos de autogestión de diversos aspectos de la vida social. Pero entonces tendremos que pensar en dos modelos de cohesión, heterogestión y autogestión.”[1]

Se abre aquí todo un campo de exploración para los nosotros del que poco puedo decir ahora –salvo señalar que el espacio que exploran los movimientos campesinos y las empresas recuperadas. Sí puedo decir que se trata de un aspecto más de la pérdida de centralidad del Estado, o, en otras palabras, de su pérdida de trascendencia. Como ya no representa y gobierna, sino que gestiona y resuelve, se haya en la inmanencia de lo que gestiona. Ya no está, como un todo, por encima de las partes sino que co-gestiona lo social junto a otros elementos sociales, como empresas, medios, ong’s, sindicatos, etc. Y también junto a organizaciones micropolíticas; les leo el siguiente pasaje que menciona dos organizaciones de la cuenca Matanza-Riachuelo que plantean una agenda de cuestiones relacionadas con las redes de aguas y la contaminación:

“Tanto en el caso de las Madres de las Torres de Wilde, como en el del Foro Hídrico, 1- Se trata de colectivos que plantean una posición confrontativa con el Estado. A diferencia de las organizaciones colectivas de los ’90, por ejemplo los piqueteros, estas son más demandantes con respecto al Estado, para que controle espacios de proximidad, que establezca nuevas regulaciones, que controle las actividades industriales, las fuentes de contaminación, etc. 2- Se forman colectivos multisectoriales; es decir, hay participación de vecinos, de técnicos, de grupos de clase media, de profesionales, de militantes políticos, pero se asume que en el espacio colectivo la representación política no puede predominar sobre la articulación. 3- Ganan peso las controversias sociotécnicas, porque hay un reclutamiento de especialistas, pero también hay un proceso de aprendizaje colectivo respecto del cual los vecinos, las comunidades, dejan de ser legos y se convierten en expertos. Van armando una contraexperticia.”[2]

Peatón 3: Experticia y contraexperticia suenan como otra forma de decir que el antagonismo pasa por la divisoria entre autogestión y heterogestión.

Posdata: crisis civilizatoria, Estado y autogestión.

Después de todo, hay un punto en que el Estado sí resulta necesario para las cuestiones de la vida ‘subestatal’ o infrapolítica, que es la transición hacia otro modelo civilizatorio. Sea por riesgos visibles como el de la central nuclear de Fukushima de Japón, sea por depredaciones más imperceptibles como la del suelo, la del subsuelo, la del aire, la del agua, las de los ocho millones de canguros que Nike deberá matar en 2011 para ponernos zapatillas a los peatones del mundo. Sea porque las ciudades no dan abasto para recibir los desplazados, por los cultivos agrarios que requieren cada vez menos mano de obra y van a la ciudad donde se deberían ofrecer los servicios que se consideran mínimos para la vida urbana, sea porque la energía es cada vez más insuficiente o más onerosa de producir y consumir, el modelo civilizatorio, lo que consideramos civilización, confort, progreso, prosperidad, los modos de asegurarlo (incluyendo alimentación, transporte, energía, iluminación, salud y tal vez incluso higiene vestimenta y demás) debe ser abandonado.

Les leo un extracto (un poco largo, comprenderán ustedes) de una propuesta del Movimiento Nacional Campesino Indígena que me llegó por mail en enero último con el título “Represión a los Qom, villa Soldati, trabajo rural esclavo: Todas caras de la Agricultura Industrial.” Y con el subtítulo “No será sencillo pero es urgente transformar el modelo agropecuario argentino”.

“[…] Proponemos algunos ejes de Soberanía Alimentaria:

Reconocimiento por parte de la sociedad en su conjunto: -De lo rural y de lo urbano, como formas de vidas diversas y complementarias; cuyas relaciones se definen por la solidaridad. -Del mundo rural como Espacio de vida cuya consolidación requiere de presencia de una población enraizada, con condiciones mínimas de permanencia, la más importante es el acceso y uso de la tierra, el agua y demás bienes naturales. -De que estos territorios y poblaciones diversas (pueblos indígenas, campesinas, pescadores artesanales, pastoralistas, trabajadores y asalariados rurales y otras), tienen una importancia clave y es dar al conjunto de la sociedad  la provisión de alimentos y preservación de la naturaleza y al patrimonio natural y cultural, la biodiversidad que nos pertenecen a todos-todas. -De la mujer como productora de vida, alimentos, arte, cultura, conocimientos, valores y diversidad. -Respeto a las semillas y los procesos milenarios genéticos, basta de trangénicos. -De las organizaciones y Movimientos campesinos, de pescadores artesanales, pueblos indígenas como instancias directas de participación, diagnóstico y ejecución territorial de políticas de desarrollo [aquí también podemos leer “gestión” o “contraexperticia”] y luchas por las conquistas de derechos civiles sociales y culturales.

Debemos impulsar que los gobiernos provinciales, municipales y nacional realicen: -Leyes de apoyo y estimulo que custodien y promuevan estos modelos de producción y provisión de alimentos, a las comunidades y los bienes naturales. -Leyes de suspensión de desalojos y garantizar el acceso al agua. Apoyo y Estímulo: -Al desenvolvimiento de formas de economías de proximidades que garanticen a las poblaciones urbanas alimentos sanos de las poblaciones rurales de acuerdo a la diversidad cultural (pueblos indígenas, campesinas, pescadores artesanales, pastoralistas, trabajadores y asalariados rurales) […] -Al acceso de estas poblaciones del campo y de las pequeñas ciudades a los bienes y servicios, priorizando los que esos grupos y poblaciones consideren necesarios para el ejercicio de su ciudadanía. Que además participen en la gestión y administración de los mismos. Con énfasis especial en acceder a los bienes y servicios que garantizan los derechos básicos fundamentales, como la educación, salud, comunicación y recreación. -Ampliación de ofertas de asentamientos en el campo y a pequeñas ciudades, especialmente a los jóvenes, para reducir los impactos negativos del éxodo rural que van a los lugares más distantes, creando en el campo las condiciones necesarias para el pleno ejercicio de los derechos en las comunidades rurales. -A las organizaciones y movimientos diversos, respetando su autonomía o filiación cualesquiera ellas sean, convocándolas a participar del diseño, programas y ejecución de los mismos sin discriminación.

“El rol del Estado en este programa es importante, en la medida que transfiera los subsidios que se otorgan al agronegocio hacia la agricultura familiar y campesina, además de abastecer a los programas sociales con producción campesina y desarrollar mecanismos de acceso directo de las poblaciones urbanas pobres a los productos campesinos a bajo costo.

“Fortalecer la vida campesina y sus organizaciones creará las condiciones para derrotar a la mesa de enlace y las transnacionales y lograr la vuelta al campo de miles de familias argentinas que se encuentran excluidas en las ciudades.

¡Somos Tierra para alimentar a los pueblos![3]

Para tamaña transición, tamaña coordinación es, claramente, necesario un Estado y sin duda no es compatible con el kirchnerismo una transición que, desde el punto de económico capitalista, es decrecimiento. A ojos vistas, deberemos empezar de manera infrapolítica la transición a otro modelo civilizatorio de manera grupuscular, mínima, casi infrasocial, ya que no contaremos con el beneplácito de los Estados ni del gran capital, pero tampoco de los habitantes urbanos acostumbrados al aire acondicionado, a la locomoción petrolífera, a la luz eléctrica y demás. La subjetividad consumidora no querrá mudarse a otra civilización…

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[1] Lewkowicz, I., Sucesos Argentinos, Paidós, Buenos Aires, 2002, cit.

[2] G. Merlinsky en la mesa redonda “Procesos de aprendizaje colectivo, ¿democracia de las ecologías urbanas?”, en el libro del colectivo GPA - Gris Público Americano, Paraformal. Ecologías Urbanas, CCEBA/AECID: Buenos Aires, 2010, pp. 206-7; disponible en es.scribd.com/doc/55493420/Paraformal-Ecologias-Urbanas; subrayados míos; el epígrafe de este libro es una frase de B. Latour: "Si la verdad científica no se impone ya, no es porque el buen pueblo se ha vuelto irracional, sino porque se encuentra adelantado en situación de co-averiguación."

[3] Negritas en el original; subrayados míos.

15jun/110

La segunda fluidez. Pensarla con Estado.

superestructura de astituciones

superestructura en migajas

Tesis: vivimos una segunda fluidez. Se dice –desde fines de los ‘90– que la subjetividad ya no es lo que era. De una sociedad instituida por el Estado habíamos pasado a una arrasada por el mercado. De la égida del Estado a la del mercado. Entonces entrábamos, según Lewkowicz, en la era de la fluidez y, según Bauman, en la modernidad líquida. Según Bauman, quedábamos hiperindividualizados. Según Nacho, el mercado radicalizado nos dejaba en la humanidad superflua. Bien, pero el mercado ya tampoco es lo que era. A principios de los ’10

4abr/110

El sujeto social promedio de tiempos fluidos: ni sujetado ni subjetivación

Tal vez en la fluidez no haya actores sociales. En situaciones sólidas, los llamados normalmente sujetos sociales no eran sino actores, en el sentido de que tenían libreto que cumplir en el drama social. Se convertían en sujeto cuando lograban la autonomía, cuando lograban darse su propio libreto, en lugar de seguir el libreto preimpuesto; o sea, cuando lograban pensar qué hacer en vez de saber qué hacer. Ahora da la sensación de que el, llamémoslo así, sujeto social promedio no es ni sujeto sujetado (actor) ni sujeto propiamente dicho (subjetivación) sino que el sujeto social promedio se acomoda a una situación, opera en ella, no pensándola ni sabiéndola, sino haciendo lo que en esa situación da para hacer. Y se representa que hace, no algo que sabe que hace sino una serie de representaciones que las dice porque, en la fluidez, en la era de la información, en la era de la opinión compulsiva, se puede decir cualquier cosa. Tal vez solo hay una exigencia estética, o una exigencia puramente opinadora, o puramente imaginera que da el criterio en el cual una representación es adecuada a una práctica.

Ya no es un criterio de verdad, ya no es un criterio ni lógico ni empírico, sino un criterio estético o informacional o imaginal. A tal punto, que incluso habría que ver si es que existe semejante criterio. probablemente sea un criterio puramente mercantil: ni estético ni lógico, ni publicitario únicamente, sino cualquiera de esas cosas o de sus combinaciones, en cualquier momento, siempre y cuando ‘venda’ bien, circule bien. De alguna manera, la representación de lo que se hace es una opinión de lo que se hace: ni un saber ni un pensamiento. Una imagen y no una representación de lo que se hace.

La idea se resumiría así: se hace lo que se puede pero se dice de lo que se hace lo que se quiere (incluso, “hago lo que quiero”), total, nadie (ni el sujeto mismo) se molesta en contrastar opiniones y acciones (y si alguien llegara a molestarse en hacerlo, esa contrastación tendría estatuto de opinión, de imagen, no de representación adecuada). Por otra parte, el querer se asume libre, causa última no causada, no sometido a ningún condicionamiento, un poco como la razón o la conciencia modernas (digo: uno dice de lo que hace “hago lo que quiero” y a la vez supone que “quiero lo que quiero”).

Faltaría comprender cómo opera sobre lo que se hace lo que se opina sobre lo que se hace. También, aunque quizá es lo mismo, cómo hace un sujeto social promedio para hacer lo que da; seguramente, por automatismo mercantil y bienestar en la cultura.

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12dic/100

Posdatas a Entre institución y destitución: la astitución

Comentarios posteriores a la exposición en la XXVI Jornada de la Asociación Argentina de Psicoterapia y Psicoanálisis de Grupo (AAPPG) Psicoanálisis vincular. Entre lo singular y lo múltiple. Buenos Aires, 16/10/2010. Grupo 4: “Instituciones: desafíos, límites y aportes.”

Resignificación y recombinación. Comentó Lila Grandal luego de oírme: “La combinación de elementos es interesante porque así trabaja el sueño. O sea, el proceso primario se caracteriza por eliminar los articuladores y dejar como elementos sueltos. Allí el proceso secundario hace una puesta en sentido a partir de los diques morales. Entonces acá está el tema de la ética.”

Solamente diría que acá el problema es que no se produce sentido: la imagen es más significante que significado. En lo que F. Berardi llama semiocapitalismo, los signos son más digitales que lingüísticos, y cuando son lingüísticos, funcionan más como estímulos o señales que exigen respuesta que como signos que exigen decodificación. Muy cercanamente, Lazzarato habla, siguiendo a Deleuze y Guatari, de “semióticos asignificantes” (*). Mientras que el proceso secundario (re)significa elementos sueltos, el capital los recombina. Recombinación no es simbolización, sino casi lo contrario.

Pero agradezco el símil de Lila porque permite esclarecernos qué es la astitución. Pues la astitución tampoco es una completa ausencia de sentido. En lo que el psicoanálisis llama proceso secundario se establece una liga entre los elementos sueltos del proceso primario. Esa liga produce, o es en sí misma, sentido. En el capitalismo contemporáneo, en cambio, la recombinación conecta los elementos pero no establece ligas. Si las estableciera, estaría poniendo “diques” a sus veloces flujos, atentando contra la maximización de la ganancia. Astituye conexiones, pero no instituye ligaduras. En términos de Berardi, el sentido y la velocidad son antagónicos. A la vez, sin embargo, los flujos del capital contemporáneo requieren de algunos cauces. La astitución es este complejo espacio donde se mueve lo social contemporáneo: ni ligaduras estables ni soltura total, ni diques morales ni desparramo completo, ni “proceso secundario” ni “proceso primario” puro. Este complejo espacio que se abre entre “ni” y “ni” es el que necesitamos pensar más cualitativamente, más desde su positividad –y aquí pensar significa tanto conceptualizar como describir.

Homogeneidad y uniformidad. Luego de la exposición, Ricardo Gaspari me dijo que entendía la astitución como forma de homogeneización de la subjetividad. Entendió eso cuando yo grafiqué la noción de astitución como una pared hecha de ladrillos sin argamasa. Yo quería poner el acento sobre la falta de argamasa y no sobre la uniformidad entre los ladrillos. La astitución es la producción de los elementos a recombinar lo suficientemente consistentes como para recombinar y lo suficientemente sueltos como para recombinar con otros una y otra vez. Sin embargo, la forma como lo entendió Ricardo me puede venir bien para distinguir entre homogeneización y uniformación. Siguiendo con el ejemplo de la pared de ladrillos sin argamasa, los ladrillos perfectamente pueden recombinarse si uno es de barro, otro de cerámica, otro de plástico, otro de otro material, o si uno es colorado, otro barnizado, otro amarillo, otro azul o naranja. El asunto es que todos den con cierto estándar que los haga compatibles entre sí para entrar en el protocolo que la recombinación exija. Así que si entendemos la astitución como proceso de producción de subjetividad recombinable, podemos entenderla como proceso de producción de subjetividad homogénea pero no en el sentido de uniforme, no en el sentido de todos los egos iguales sino en el sentido de todos los elementos (en este caso todos los sujetos) compatibles.

¿Instituciones astituidas? Nos va quedando más o menos claro qué es la astitución de subjetividad o la subjetividad astituida. Faltaría irnos aclarando qué es una institución (no queda otra que seguir llamándola así por el momento) astituida; o qué es la astitución de instituciones. Creo que algunos modos de astitución de una institución, modos que tienen las instituciones para hacerse recombinables son el proyecto, el convenio, el intercambio, el subsidio, la página de Facebook, etc.: todas esas formas, en fin, de crear pequeños destacamentos capaces de externarse de la institución y encarar tareas junto con otras instituciones o grupos fuera de sus cuatro paredes. Un ejemplo. El Equipo Terapéutico para adolescentes y sus padres de la Facultad de psicología de la UBA trabaja con chicos con problemas escolares en las aulas de los colegios de esos chicos, y hace las supervisiones que el equipo necesita en un bar. Un equipo así no es una sección o un área de un organigrama tradicional de una institución sólida sino un elemento producido como disponible –disponible para la recombinación que se requiera. El InCap (Instituto Nacional de Capacitación Política), que depende del Min. del Interior, da (es decir, vende) sus cursos de capacitación a cualquier organización que se los solicite donde esta lo solicite; no se limita a capacitar a funcionarios del Estado dentro de las oficinas del Estado. La autarquía del financiamiento de los organismos gubernamentales y no-gubernamentales parece ser la clave de sus habituales “externaciones” y reconfiguraciones.

Las instituciones o asociaciones astituidas (habría que hacer más relevamiento para poder pensarlas) parecen tener forma reticular y no piramidal; exhiben más la configuración variable de la red que la configuración sólida y estable del organigrama. Una pregunta importante es qué estrategia orienta la recombinación de las asociaciones astituidas. Sabemos que el sujeto recombinable se recombina según las necesidades de aprovechamiento de oportunidades, es decir de obtención de ganancia (sea esta económica, de prestigio, fama, diversión o visibilidad). En cambio, no tenemos tan claro según qué estrategia intentan recombinarse las instituciones.

¿Contra-astitución? Graciela Ventrici intervino sugiriendo para contrarrestar los efectos disolventes de la astitución no debemos buscar restaurar la institución sino pensar una ‘contra-astitución’, y que los relatos que oímos en la reunión mostraban formas de contra-astitución. Aquí, agrego, se trata justamente, no de diseñar planes ‘contra-astituyentes’ sino de pensar las prácticas de cohesión efectivas de colectivos, como las testimoniadas en esos relatos, que operan en las condiciones actuales sin cristalizar como instituciones pero produciendo temporalidades, espacialidades, criterios de existencia y producción, etc. que no refieren a la imagen mercantil sino al lazo colectivo.

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(*) Lazzarato, Mauricio, “Capitalismo y producción de subjetividad”, conferencia pronunciada en la Facultad de Psicología de la UBA, 24/11/2010.

10dic/102

Entre institución y destitución: la astitución

Pensar la subjetividad después de su licuación

(1)

La subjetividad contemporánea es un enigma. Venimos acostumbrados a pensar el sujeto como instituido. ¿Podremos pensar una cultura que produce sujeto sin instituirlo? Lewkowicz nos hizo pensar la desconfiguración de la sociedad sólida. ¿Podremos pensar la reconfiguración fluida de lo social?

Esa dúctil aglutinación, esa formación de elementos recombinables, es la astitución. La astitución es la condición de la recombinación capitalista.

Pregunta por las funciones sociales extraeconómicas

Comparto brevemente una elaboración teórica que parte de un trabajo intenso con Ignacio Lewkowicz y un trabajo intenso en lo que pasó después de que murió Ignacio. Ignacio Lewkowicz decía que el mercado destituía las relaciones sociales, desconfiguraba las relaciones sociales y nos dejaba sumidos en la más angustiante superfluidad a los seres humanos en el sentido de que pasábamos a ser innecesarios o, digamos, aleatoriamente necesarios. El diagnóstico era que esto ocurría porque el Estado, como gran organizador social, se había retirado, desplazado por el mercado. Pero el mercado no había tomado el lugar del Estado. El mercado no funcionaba como el Estado, articulando institucionalmente lo social, sino destituyendo instituciones para poder los capitales fluir velozmente y maximizar la ganancia. En otros términos, pongo una fábrica o la cierro o paso los capitales del sector fabril al sector rural, al inmobiliario, al extranjero, etc., según necesidad, y si en el camino queda un pueblo fantasma o un 50% de desempleados u hospitales sin radiólogos, no importa. En 2001, esta imagen tan catastrófica (que, para ser justos, no era tan lisa en el relato lewkowicziano) parecía confirmarse. Se había retirado el Estado, habían caído gobiernos y en 2001-2 realmente parecía que había dejado de existir la sociedad. Y ahora parece que volvió el Estado, que volvió a haber sociedad, y toda una preocupación humanitaria (humanitaria: no humanista), no sólo en el Estado argentino sino en muchos otros.

Ahora bien, ¿se puede hablar de una restauración de lo social institucional y de lo estatal, como diría un kirchnerista? Es muy difícil y estratégico pensar qué hace el Estado hoy, su funcionamiento, pero de eso me ocupo en otros espacios. Retirado el Estado, al menos en su forma nacional (o sea, retirado como concierto de instituciones que producía y reproducía la articulación de lo social), uno se pregunta: ¿Dejó de haber relaciones sociales? Eso parecía en 2001, en 2002, pero hoy uno constata que sigue habiendo relaciones sociales y hay instituciones. Sin embargo, a esa constatación le siguen otras: las relaciones se dan más como contactos que como ligaduras, las instituciones no tienen el vigor cohesivo de tiempos sólidos, y así por el estilo. Brevemente: no es la ideología la que produce subjetividad hoy, no es –para decirlo en términos marxistas–una superestructura ideológica-jurídica-política la que produce subjetividad. En vez de hablar de superestructura, hoy deberíamos hablar de híperestructura, una institución que produce subjetividad donde haga falta. En vez de haber, por ejemplo, un manicomio, hay chaleco químico personalizado y locos sueltos, digamos. En vez de haber cuarteles de policía, hay 911: uno marca ese número y el policía, digamos, sale de abajo de las baldosas. En vez de haber sociedades de fomento, hay ong’s. O sea: No hay un bloque que es la azotea del edificio como era la superestructura sino “instituciones” ad hoc, de localización aleatoria, digamos instituciones a-territoriales, si vale el oxímoron, que se territorializan ad hoc.

La égida de la imagen

¿Cómo se logra todo esto si se hace sin ideología? Porque la ideología althusseriana, o el discurso foucaultiano son articulados, sistemáticos, exhaustivos, etc.: no son rasgos que la verborrea contemporánea exhiba mucho. ¿Cómo se logra que haya cosas parecidas a una sociedad, a unas relaciones o a unas instituciones sin haber “orden del discurso” (2)? Se logra con imágenes. Hay miles de cosas para decir de la imagen. Aquí enfatizo tres puntitos: uno es su profusión, otro es su velocidad de rotación. El tercero es que la imagen no se adecua al objeto; al contrario, la imagen le dice al objeto cómo ser. La ideología moderna intentaba, con todo ese discurso del saber, organizar un objeto y adecuarse a ese objeto. Hoy, los objetos –seres humanos o cosas– debemos ser como nuestras imágenes. Agustín Valle (3): Uno ve pasar imágenes de la naturaleza en un protector de pantalla y después, cuando va a la naturaleza, halla que no es tan linda como en el protector de pantalla. La imagen resulta mejor que el modelo que la inspiró. Así, la forma predominante de dominación social ya no se da por fijación ni por creación de una conciencia custodiada, ya no consiste en “vigilar y castigar” sino en invitar al deseo de ser como la imagen. O sea, a photoshopearse. Las imágenes son realistas pero no son reales: mienten siendo realistas. (Más en “4 ideas sobre la imagen”).

Señalo ahora la velocidad de rotación de la imagen, para prevenirnos de la tendencia a decir “yo me identifico con esa imagen”. Uno podía identificarse en tiempos de ideología porque la ideología era estable, era vitalicia. Uno podía tener toda la vida la misma patria, identificarse con el mismo dios, etc., –y si bien uno podía cambiar de religión, la creencia en cada una duraba bastante tiempo y el dios que uno había abandonado seguía ahí, tal vez ahora ajeno, pero aun eterno–. En cambio hoy, uno no conserva mucho tiempo la misma imagen porque quedaría demodé, dejaría de tener visibilidad y por lo tanto existencia. Entonces, como uno no se identifica con la imagen, uno aspira a la imagen. Pero atención: no siempre a la misma. Uno aspira sucesiva y/o simultáneamente a varias imágenes: uno puede comer sushi, puede inmediatamente irse a un recital de música celta e inmediatamente irse a bailar tango y salir para ir a alentar a Boca. Suponiendo que cada una de esas aspiraciones sea una identificación, no llegan a cristalizar en una identidad orgánica. Hay algo así como archipiélagos identitarios recombinantes: una multiplicidad de aspiraciones que no instituye identidad. Esto lo sintetiza muy bien Kevin Johansen en su macarrónica “Logo”:

“Manteca, chuleta, buseca... 'Ya tein Logo'!
“Carlito, Robinho, Dieguito... 'Ya tein Logo'!
“Mengano, Fulano, Caetano... 'Ya tein Logo'!
“Todo tiene Logo, até logo, saravaravá!

“[…]
“Saraza, bobaza, bobagem...
“Su tio, mi hermana, tu abuela...
“Si no tiene Logo, falta poco, saravaravá...

“[…]
Generation Logo...'Ya tein', ya tein Logo
“Veneration Logo... 'Axé', Axé Logo
“Todo tiene Logo...'Ya sé', hasta el pogo.”

El capital recombinante

Hasta aquí, la égida de la imagen como modo de constitución de subjetividad precaria. Ahora señalemos su correlación con el régimen capitalista de hoy, al que Franco Berardi llama capital recombinante.(4) Este capital es lo único que tiene una unidad en la sociedad global de hoy. Fragmenta todo lo que encuentra a su paso para meterlo en una línea de producción que culmina en la realización de la mercancía. Por caso, hay una cantidad de minerales muy raros que componen los circuitos electrónicos que vienen de muy distintos lugares del mundo. Para poder producir productos de tanta “biodiversidad”, el capital tiene que “desoberanizar” los recursos naturales, del mismo modo que debe imponer flexibilización laboral para rotar a los trabajadores entre distintos tipos de tareas. Es decir, suelta o fragmenta los elementos sociales para acomodarlos según las necesidades del proceso productivo, y por eso –como laburantes– somos más changarines que trabajadores estables, nos la pasamos haciendo distintas changas. Franco Berardi califica esta libertad como esclavismo celular: te celularizo, te fragmento y te contrato el tiempo que te necesito; no me hago cargo de tu reproducción fuera del tiempo por el que te contraté.

En esto consiste el capitalismo recombinante: ‘liberar’ elementos sociales, naturales, ideológicos, culturales o del tipo que sean para combinarlos y recombinarlos según las necesidades, siempre cambiantes, de la maximización de ganancia. Ahora bien, ¿cómo logra el capital que los elementos dejados a la intemperie y abandonados a la desolación se formen y funcionen? Recurre a la astitución.

La astitución

Al capital recombinante le resulta demasiado inflexible instituir sujeto con una educación que dura, pongamos, desde los cinco hasta los veinticuatro años, que ya está formado y que le sirve para un solo trabajo hasta que se jubila. Necesita que pueda cambiar muchas veces: reinventarse o desaparecer, reza el management contemporáneo. Aparece la capacitación permanente, que es breve, puntual, de aplicación inmediata, con salida laboral, etc. El capital recombinante no instituye un sujeto, lo astituye. Primero “astitución” surgió como un neologismo para decir: ni institución sólida, ni destitución completa. Ahora la cuestión es convertirlo en concepto, pensar cualitativamente esta singular producción de subjetividad, no decir “es un poquito institución y un poquito de destitución” ni “es un intermedio entre ambas”. En algún momento, de pasada, Bauman habla de “identidad infradeterminada”(5), en algún momento Ignacio Lewkowicz habla de “tenues artificios identificatorios”(6): indicios cuantitativos (poco determinado, tenuemente identificado) de que no podemos pensar cualitativamente la subjetividad fluida.

Aquí entra a tallar la égida de la imagen. Es la imagen la que hace que un elemento no se disperse del todo ni se cristalice sólidamente sino que solamente se aglutine ad hoc el tiempo necesario para funcionar como lo que el capital necesita, y que se pueda recombinar, o reaglutinar, según otras necesidades (de producción, de consumo, de opinión, procreación o lo que fuere) en otros momentos. Esta dúctil aglutinación, esta formación de elementos recombinables, es la astitución. Con términos de Badiou, la definiría así: el Estado-nación producía elementos y articulación entre los elementos, era cuenta y cuenta de la cuenta. La égida de la imagen produce solamente los elementos, y los junta, pero no los articula. Como si formara paredes de ladrillos sin cemento: cuando en otro momento debo armar una sala de otra manera, desarmo las paredes y vuelvo a armarlas porque los elementos están sueltos. En las oficinas de Clarín es así, aunque no con ladrillos sino con telas (vuelta a vuelta, llega el oficinista a su trabajo y encuentra que su puesto está en otro lado), en las villas miserias también, aunque con chapas.

Así, pues, la astitución es la condición de la recombinación capitalista.

¿Y por fuera cómo andamos?

Cuando envié el abstract a los organizadores de esta Jornada, propuse este trabajo para el eje sobre la era digital, pero viene muy bien exponer en este Grupo, pues los relatos de todos ustedes permiten pensar que queda algo por fuera de la imagen y de la astitución?(7) Cotidianamente, uno va saltando de aglutinaciones en aglutinaciones y entre aglutinación y aglutinación hay un vacío, hay una soledad, hay una inexistencia. Los trabajos que presentaron hoy dan cuenta de cómo trabajar la desolación de un modo que no sea convertirse en carne de recombinación. Pues la égida de la imagen deja a cada uno, o bien ante la ominosa amenaza de exclusión (sea la laboral que relataba la gente de la APDH, la del sobrepeso que describía Alicia, la de la soledad que mencionaban los acompañantes terapéuticos, o la del recurrente ‘desalojamiento’ que relataba el Equipo Terapéutico para adolescentes y sus padres, etc.), o bien ante la rutilante promesa de goce pleno e inmediato. Es decir, la imagen desmultiplica las trayectorias posibles con esta disyuntiva de hierro que se cierne sobre los egos: o quedarte fuera de la Matrix o aferrarte a las imágenes a las que hay que aspirar. En cambio, en los relatos que contaron los equipos acá presentes, se mostraron formas de sostenerse en un nosotros, formas de pertenecer y existir aunque no esté yo aspirando a la imagen, un nosotros al que referirme incluso cuando ese nosotros no está al lado mío. Mostraron una multiplicidad de actividades configurantes de los nosotros que rebasan la disyuntiva binaria entre la actividad “figurante” del semiocapital y la actividad desfigurante (que también es del semiocapital).

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pablohupert@yahoo.com.ar

www.pablohupert.com.ar

(1) Ponencia a la XXVI Jornada de la Asociación Argentina de Psicoterapia y Psicoanálisis de Grupo (AAPPG) Psicoanálisis vincular. Entre lo singular y lo múltiple. Buenos Aires, 16/10/2010. Grupo 4: “Instituciones: desafíos, límites y aportes.” Publicada en El Psicoanalítico n° 4, enero de 2011.

(2) La noción es de Foucault. V. el libro homónimo, varias ediciones.

(3) Valle, Agustín, Sólo las cosas, Ensayos en Libro, Buenos Aires, 2009.

(4) Berardi, Franco (Bifo), Generación post-alfa. Patologías e imaginarios en el semiocapitalismo, Tinta Limón, Buenos Aires, 2007.

(5) En Vida Líquida, Paidós, Buenos Aires, 2006.

(6) En Pensar sin Estado, Paidós, Buenos Aires, 2004.

(7) En el Grupo 4 participaron los siguientes equipos con los siguientes trabajos: Equipo de Salud Mental de la APDH, “Transformaciones subjetivas a partir del trabajo grupal con personas que buscan trabajo”; Equipo de Clínica Urbana, “Clínica urbana: devenir artesano-artista en una ética analítica (Escapándole a la clínica huraña)”; Equipo Terapéutico para adolescentes y sus padres. Fac. Psicología UBA, “Instituciones: desafíos, límites y aportes” y Alicia González Cruzado y Marina Laura Tesone, “’Ir descubriendo-se’. Experiencia corporal en el tratamiento grupal de disturbios alimentarios”