Pregunta por la subjetivación tras el shock de virtualización
Reúno algunos hechos heterogéneos para llegar a plantear una pregunta por la subjetivación en estos tiempos.
Existe la telefobia: gente, sobre todo jóvenes y niños, que tienen miedo a hablar por teléfono.[1] Existe también, digamos así, la ‘carafobia’: gente, sobre todo jóvenes y niños, que teme hablar cara a cara con alguien. Ambas cosas, cara a cara y teléfono las esquivamos cada vez más, aunque no les temamos, pues llevan más tiempo que un mensaje de texto o porque son más difíciles que el mensajito (por ejemplo, obligan a preguntar al otro “¿cómo estás?”, y a escuchar la respuesta).
Otro hecho. Contaba una maestra de primer grado que les chiques llegan al aula los lunes y no pueden contar qué hicieron el fin de semana (una habilidad lingüística que solía estar ya desarrollada). Esto habla, no solamente de chiques que se la pasan todo el tiempo con el celular, sino también de padres que se la pasan todo el tiempo con el celular, de que no hay una conversación en la casa o en la mesa familiar, no hay un contar cómo estuvo el día de cada quién. Tampoco hay un preguntar al chique “a qué jugaste en la casa de tu amiguita” o una pregunta que lo invite a ejercitar la narración. Una profe de secundario me contaba que, según su sondeo informal, solamente una de cada tres familias practica la comensalidad. Parece que las familias de hoy no se caracterizan mayoritariamente por compartir la mesa y la charla que en general la acompaña.
Otro hecho. La misma profe de secundario, Celina, me cuenta que tiene pibes que no pueden contarle una lectura de algún relato de ficción. Parece más o menos lo mismo que pasa con los chicos de primer grado, pero no nos apresuremos, pues sí pueden contarla de manera memorística. No pueden contarla a partir de las sensaciones o los sentidos que les fue generando la lectura, como hacíamos los de la generación alfabética: hilar esos mojones con palabras. No necesitábamos un recuerdo literal del relato, sino, llamémoslo así, un recuerdo literario, algunos hitos, algunas escansiones del cuento escrito o de la anécdota escuchada, para relatárselos a otros.
Otro hecho que mueve a la pregunta que propongo hacernos es bastante conocido, la agresividad que se da de manera virtual, en grupos de WhatsApp o en redes sociales. Parece que no tener al otro en frente, cara a cara, de cuerpo presente, hace más fácil insultarlo o ningunearlo. Pero también hay algo más de largo plazo, más de fondo, que no depende de la ocasión puntual del intercambio virtual, que es que, como la generalidad de las relaciones con otres se dan de manera virtual, no hay una internalización del otro como cuerpo sensible, como cuerpo tan sensible como el mío, como prójimo. Parece que es difícil construir simbólicamente un prójimo si el otro no es próximo y si me relaciono con él o ella a distancia. Y luego, cuando se da la cercanía, temo o evito el “encararle”. Celina cuenta que muches estudiantes no le hablan y que, cuando ella les habla, ellos no la miran. Esto no es solamente dificultad para el trato “analógico” sino obstáculo a la relación misma y a la posibilidad de conversación, pues ellas dependen de un reconocimiento básico (nos miramos cuando nos hablamos o incluso cuando solamente nos topamos con el otre).
Otro hecho. Hay múltiples conversaciones con las inteligencias artificiales que inundan la red. Ya no necesito tratar con una persona para satisfacer la necesidad de conversación, con la ventaja de que, al hacerlo con una IA, recibo halagos, sugerencias de temas, consejos para mis malestares… en fin, obtengo escucha y sensación de compañía sin las asperezas que supone el tratar con otros.
Otro hecho que invita a la pregunta que propongo hacernos es que tantas cosas -y cada vez más- se puedan hacer por WhatsApp o por una app. Puedo pedir comida sin levantar el teléfono y hablar con alguien. Puedo pedir un turno médico sin levantar el teléfono y hablar con alguien. Si soy director de un colegio o jefe de una oficina, puedo enviar un documento o una resolución sin necesidad de decirles en la cara a mis subordinades qué tienen que hacer. Si soy padre, también puedo darles indicaciones a mis hijos por WhatsApp sin moverme hasta la pieza de ellos y sin necesidad de esperar que regresen de la casa de sus amigos o de la escuela. Todo esto es la condición gracias a la cual se desarrollan una telefobia o una ‘carafobia’, lo que desarrolla, como dice un psicólogo y docente uruguayo llamado Balaguer, una incompetencia analógica,[2] es decir, la atrofia de las facultades necesarias para el trato fuera de lo virtual. Esto, a su vez, por supuesto, redunda en una mayor necesidad y mayor uso de los medios virtuales como las apps y los mensajes de texto, realimentando la evitación del relacionamiento -o su simple inexistencia.
Otro hecho heterogéneo que lleva a la pregunta que propongo hacernos: existe la vagina con “cyber skin”, algo así como un consolador para hombres que compite mejor que la mano en la masturbación.[3] Esto hace menos necesaria la seducción de una mujer de carne y hueso, e incluso el trato con una prostituta. Un usuario de este tipo de masturbador me contó que desde que la estaba usando no había encarado mujeres, que no había sentido necesidad de hacerlo. Las mujeres también tienen un adminículo con efectos similares, pues se trata de consoladores que succionan el clítoris -algo que los tradicionales vibradores no hacían.
Otro hecho aun es la proliferación de cursos, capacitaciones y posgrados virtuales, así como asambleas gremiales vía zoom, que también nos hacen perder los rasgos de una subjetividad cuyo cuerpo, cuya cara, cuya voz puede rozarse con otros cuerpos, caras y voces, desarrollarse más o menos bien con esos roces.
Otro hecho conocido que invita a la pregunta. Los algoritmos de las redes sociales me exponen a lo que me gusta y me evitan lo que no me gusta, de modo que no desarrollo el conocimiento de la cantidad de temas, gustos, opiniones, pensamientos diferentes a los míos que existen, mucho menos el de su contenido, y mucho menos desarrollo la habilidad para dialogar con el diferente (y el diferente, tampoco). Además de ese hecho, que dificulta el diálogo democrático sobre los asuntos comunes, se da otro hecho que apunta la profe Celina: las interacciones no solo son con los afines, sino que además son cortas, interrumpidas. Eso, dice, acorta el pensamiento que une puede desarrollar -y, agrego, también el que puede decodificar.
En suma, hoy se hace posible esquivar al otro -en su corporalidad, su aspereza, su mirada- tanto para las relaciones horizontales como para las relaciones intergeneracionales. Una conocida vio en el colectivo a una madre que amamantaba a su bebé, pero entre el bebé y el pecho ponía el celular con un video. Es decir que el bebé, en vez de mirar a los ojos de la madre, miraba una pantalla. Es decir que la madre, en lugar de darle mirada, le daba un video.
Hace 12 años escribí con Franco Ingrassia un texto, que es parte de mi libro Esto no es un vínculo, llamado «Contactos sin vínculo«. ¿Será que hoy habría que escribir un texto llamado «Contactos sin contacto»?
En el libro Tecnoceno, Flavia Costa dice que la pandemia fue un shock de virtualización, mientras que, en sus trabajos, Ignacio Lewkowicz decía que los 90 fueron un shock o un proceso de desligazón y de pérdida del reconocimiento por parte del Estado. Podríamos decir que la virtualización desliga o que aísla, como el shock neoliberal. Pero hace algo más, al parecer, por todos estos hechos que acabo de enumerar. Además de desligar, además de retacear o anular la mirada de un otro primordial, lo que hace es des-sensibilizar, en el sentido de quitarles a los sujetos y sujetas el entrenamiento en rozar con otros cuerpos. Y cuando digo rozar con otros cuerpos, no me refiero solamente al roce físico que puede haber en cualquier transporte público, sino a la posibilidad subjetiva de tramitar las diferencias que surgen entre les otres, y seguir, a pesar de ellas, la relación, sin necesidad de cancelar al otro o sufrir un ataque de ansiedad o de pánico.
La pregunta que propongo entonces hacernos es: ¿Cuál es el movimiento subjetivo hoy que propicia una subjetivación?
Tras los 90, tras eso que llamó catástrofe y que caracterizaba como un agotamiento general de las instituciones que habían mediado y producido la vida social, Ignacio encontró y propuso que lo que propiciaba una subjetivación era juntarnos, vernos, configurar algo y configurarnos en esa actividad configurante. En esas condiciones, en esa época, todavía la virtualización era mínima, no teníamos más que correos electrónicos y unos pocos celulares, sin siquiera mensajes de SMS, y el roce con otros cuerpos y otras caras era una facultad que aún poseíamos, si bien, por supuesto, el hacer nosotros, el hacer común, requería de un gran y profundo aprendizaje de estar colectivamente en el mundo.
Hoy, tras la pandemia, con la IA, estas condiciones que podemos caracterizar -al menos con los elementos disponibles- como un debilitamiento de la sensibilidad relacional, ¿será que lo que propicia una subjetivación es un movimiento de desarrollo de la sensibilidad necesaria para la conversación, para el cuidado, para el vivir juntes? Pues esa sensibilidad es necesaria para desarrollar colectivos autogestivos que tomen como tarea los asuntos comunes y discutan y reflexionen sobre esa tarea. En otras palabras, es una sensibilidad necesaria para la democracia radical. Sin embargo, quizás hoy no se plantee desarrollar una democracia radical y ya sea toda una subjetivación desarrollar una sensibilidad del roce con otres.
Investiguemos esta cuestión.
Cuando propongo que quizás lo que mueva una subjetivación es desarrollar la sensibilidad para el roce cuerpo a cuerpo, cara a cara, voz a voz, no estoy proponiendo evitar lo virtual. Estoy preguntándome si es posible que haya una sensibilidad convivencial en la que se pueda ir y venir entre lo virtual y lo analógico. (Por otra parte, muchos pibes y muchos adultos y muchos movimientos colectivos parecen ya estar haciéndolo.)
Es importante no ponernos tecnofóbicos, es importante no añorar tiempos pasados y mucho más no romantizarlos. Como decía Deleuze, no se trata de temer ni de esperar sino de forjar nuevas armas, y probablemente en la virtualidad haya recursos o armas que deberemos aprender a usar para reunirnos con nuestras potencias, o usos que les deberemos inventar para potenciar el vivir juntos. No podemos añorar el pasado ni rechazar románticamente las actuales condiciones pues, aunque el título de esta nota diga “tras el shock de virtualización”, la virtualización no cesó, y sigue su curso, y es irreversible, y cada día más.
En fin, hago esta pregunta porque me pregunto si las conceptualizaciones y propuestas conceptuales y estratégicas que venimos haciendo para la segunda fluidez tienen alguna eficacia en las actuales condiciones. La trama consecuente, el común, la autorización ignorante, los más-allás de la astitución,[4] los movimientos colectivos sin identidad, quizás incluso la expresión, las -en breve- diferentes formas de hacer nosotros en la segunda fluidez, quizás no sean operativas en las actuales condiciones, o quizás se reconfiguren. Deberemos investigar qué se está haciendo, explorar nuestros haceres, pensar todo eso. Tal mi invitación.
[1] “Este miedo se vincula a una aversión hacia las interacciones que no permiten espacio para la corrección o la reflexión antes de responder, algo que no ocurre con los mensajes de texto, donde es posible corregir o editar una respuesta antes de enviarla” (https://www.infobae.com/tecno/2025/02/25/que-es-la-telefobia-y-por-que-se-convirtio-en-el-miedo-irracional-de-la-generacion-z/). Cabe acotar que otra cosa que permite el mensaje, sea de texto o de audio, es desistir de su envío, que el otre no se entere de que une pensó en “encararlo”.
[2] https://www.bbc.com/mundo/noticias-48284329
[3] La descripción de Mercado Libre dice: “Increíble masturbador de mano con vagina en Cyber Skin, super real, orificio vaginal con labios vaginales. Cyber skin es un nuevo y original material que se siente como la piel humana, es tan real que no podrás notar la diferencia entre ellos. Su aspecto es impresionantemente similar a la piel humana y gracias a su constitución química es muy manejable, flexible, suave y blando.” https://www.mercadolibre.com.ar/masturbador-masculino-cyber-skin-vagina-super-real-en-lata/up/MLAU231733607, consultado el 26/04/26.
[4] Ver Esto no es una institución, cap. 4 y 5, Red Editorial, 2022. Disponible en versión ampliada en https://www.pablohupert.com.ar/wp-content/uploads/2019/10/Astituciones_y_sus_mas-allas_oct-2019.docx